“Salí aterrorizado de mi reunión con los representantes de AfD”. Son palabras de Jean-Philip Tanguy, peso pesado de Reagrupamiento Nacional, el partido de la extrema derecha francesa, este martes en la televisión BFMTV. Tanguy fue preguntado por la valoración que hacía del triunfo electoral de AfD en el Estado federado de Sajonia-Anhalt, donde el 44% votó por ellos el domingo pasado: “Estoy consternado: que tanta gente haya apoyado a un partido que relativiza el nazismo y que incluso ha dicho que podías ser de las SS y buena persona. Y sus propuestas de lo que llaman remigración, incluso expulsar a alemanes de origen extranjero… Decidimos rápidamente romper cualquier relación con ellos”.
Partidos, instituciones y ONG advierten que el partido de extrema derecha busca subvertir el orden constitucional con medidas xenófobas y ultranacionalistas
“Salí aterrorizado de mi reunión con los representantes de AfD”. Son palabras de Jean-Philip Tanguy, peso pesado de Reagrupamiento Nacional, el partido de la extrema derecha francesa, este martes en la televisión BFMTV. Tanguy fue preguntado por la valoración que hacía del triunfo electoral de AfD en el Estado federado de Sajonia-Anhalt, donde el 44% votó por ellos el domingo pasado: “Estoy consternado: que tanta gente haya apoyado a un partido que relativiza el nazismo y que incluso ha dicho que podías ser de las SS y buena persona. Y sus propuestas de lo que llaman remigración, incluso expulsar a alemanes de origen extranjero… Decidimos rápidamente romper cualquier relación con ellos”.
¿Qué tiene Alternativa para Alemania (AfD) que pone en alerta no solo al sistema alemán sino a sus teóricos socios europeos? “Su problema es que insisten en que no piensan cambiar y aceptar el sistema”, explicó el domingo en EL PAÍS Axel Salheiser, director de estudios del Instituto para la Democracia y la Sociedad Civil de Jena (IDZ). “No son de la misma familia que Giorgia Meloni o Marine Le Pen, porque estas han excluido a los sectores más radicales de sus partidos y han aceptado las reglas básicas de la democracia. AfD no quiere hacer esto”.
La Iglesia Evangélica de Alemania Central (EKMD), una institución religiosa y apartidista, publicó en agosto un estudio en el que precisaba punto por punto por qué AfD “quiere romper la democracia y el orden constitucional”. A la misma conclusión llegó el año pasado la Oficina para la Protección de la Constitución, los servicios secretos internos alemanes (BfV), que elaboraron un informe que calificaba a Alternativa para Alemania de “fuerza extremista de derechas”. El documento debía servir para recibir la autorización del poder ejecutivo para monitorizar al partido.
Un tribunal declaró improcedente el pasado febrero la petición de los servicios secretos porque estos, según los jueces, se basaban en declaraciones de miembros de AfD que probaban las ideas subversivas de estos, pero no acciones ni una estrategia como organización para derrocar la democracia. El tribunal sentenció que el BfV no podía espiar a AfD.
Un informe publicado en junio por un grupo de juristas de la organización GFF pedía la ilegalización de la formación a partir de 1.500 pruebas recogidas durante un año y que, a su juicio, justifican la ilegalización de AfD. Este trabajo recogía, sobre todo, manifestaciones públicas de sus representantes. Incidía en la voluntad de perseguir a sus oponentes, pero lo centraba en mensajes en redes sociales y discursos en los que miembros del partido pedían el encarcelamiento de la excanciller Angela Merkel por acoger a refugiados o al anterior Gobierno de Olaf Scholz por —supuestamente— pactar beneficios multimillonarios para farmacéuticas.
La Fundación Hans Böckler, vinculada al sindicato DGB, explica en un análisis de este agosto que AfD es “una fuerza de derechas populista porque juega a enfrentar la idea de un pueblo contra élites políticas, medios y justicia”. Nada que en países como España no sea frecuente en uno y otro lado de la trinchera política. En Alemania, sin embargo, es algo nuevo. El peso de la historia, recordaba el domingo la vicepresidenta Sudha David-Wilp, hacía de Alemania un país diferente: “Por responsabilidad histórica es un pilar de estabilidad en Europa, pero el auge de AfD demuestra que el margen político de sus líderes se reduce”.
“Cama, pan y jabón”
El estudio de la Iglesia evangélica, en cambio, se centra en los programas electorales y propuestas legislativas de la extrema derecha que vulnerarían la ley. Y el resultado es demoledor: en materias de extranjería y educación es donde las medidas son más radicales.
El programa de gobierno de AfD en Sajonia-Anhalt propone suspender toda ayuda pública a cualquier solicitante de asilo y refugiado que se demuestre que puede trabajar y no lo hace. Los alumnos de familias en proceso de asilo y refugiados estudiarán en aulas apartadas del resto del colegio porque la escuela ya no asumirá labores de integración. “No puede ser que nuestros hijos sufran las consecuencias de una inmigración masiva”, reza el programa electoral.
Los colegios con hijos de familias extranjeras deberán, además, contratar seguridad privada para vigilar a estos, según propone AfD en Sajonia-Anhalt. La razón, esgrimen, es que “el índice de violencia escolar es mayor cuando hay población migrante”.
AfD quiere, además, suspender en ese Estado federado los proyectos de acogida de extranjeros, pero si por ley se obligara a su Gobierno a aceptarlos, estos serían concentrados en edificios concretos y en zonas “alejadas de la población local, para evitar potenciales conflictos”. La extrema derecha materializaría así un lema tristemente célebre de 2024 que llevó al Bundestag en una propuesta para suspender las ayudas económicas a solicitantes de asilo: “Solo cama, pan y jabón para los solicitantes de asilo”.

“Patriotismo auténtico”
El partido que lidera Weidel también quiere limitar drásticamente la posibilidad de que una persona tenga la doble nacionalidad y eliminar el derecho de una persona nacida en Alemania de padres extranjeros que opte a la nacionalidad alemana. AfD exige aplicar exámenes más duros para probar que “quien tenga la ciudadanía alemana abraza su nueva cultura y olvida la anterior”.
El programa de AfD en Sajonia-Anhalt va más allá: en caso de gobernar, introducirá mecanismos para evaluar que cualquier contrato o acuerdo público sea con entidades que no defienden un “antialemanismo” y que suscriben “un patriotismo auténtico”. La Iglesia evangélica da por hecho que cualquier medida en este sentido será declarada inconstitucional.
La Fundación Robert Bosch también da por seguro que será suspendida por la justicia la reforma que quiere aplicar AfD en el estudio de Historia en los escuelas de Sajonia-Anhalt. La propuesta de su candidato regional, Ulrich Siegmund, es reducir el temario sobre la época nazi para poner en valor otros momentos de la historia que refuercen “un sentimiento positivo de ser alemán”.
La política climática de AfD es otro ámbito en el que la batalla legal está asegurada. La formación exige suspender todos los acuerdos de descarbonización firmados por Alemania con la UE y con Naciones Unidas. El partido considera que el cambio climático es un proceso natural y que luchar contra él solo perjudica a la economía. En Sajonia-Anhalt, Alternativa para Alemania promete suspender cualquier licencia nueva para instalar energías renovables y revocar las obligaciones en la construcción de edificios con eficiencia energética.
Neonazismo
Sobre la relación de Alemania con la UE, sus posiciones son ambiguas pero euroescépticas. La salida del espacio Schengen —que posibilita el libre movimiento de ciudadanos por territorio europeo— es una demanda clara por parte de AfD, pero la salida de Alemania de la UE ha sido matizada en los dos últimos años. “La UE debe morir para que la verdadera Europa viva”, proclamó en un mitin en 2023 Björn Höcke, uno de los dirigentes más radicales del partido. Sus palabras eran un guiño a una famosa frase del Partido Nacionalsocialista tras la derrota alemana en la batalla de Stalingrado, en la II Guerra Mundial: “Murieron para que Alemania viva”.

AfD también tiene parte de sus raíces en el neonazismo. Siegmund, el candidato en Sajonia-Anhalt, participó como adolescente en campus de verano de una organización ultra ahora prohibida en la que los alumnos estudiaban la separación de etnias, se engalanaban con esvásticas y desfilaban con uniforme.
La Fundación Amadeu Antonio, que trabaja por los derechos de los migrantes en Alemania, lleva el recuento de organizaciones violentas, procesadas por terrorismo, en las que han participado militantes de AfD. Esta institución ha identificado 13 de estos casos desde 2016 (tres años después de la fundación del partido). El último, en 2024, fue la detención de los miembros del grupo Separatistas Sajones, una organización ultra que proponía actos violentos contra extranjeros. Tres de los arrestados eran militantes de AfD.
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