El apoyo militar de Rusia y Argelia blinda a los regímenes antioccidentales del Sahel

Madrugada del 30 de agosto. Militares de Níger lanzan un ataque contra una base militar ubicada en el aeropuerto, el palacio presidencial y la televisión nacional. Un intento de golpe de Estado está en curso. Sin embargo, mercenarios rusos de Africa Corps, estacionados en Niamey pero bajo el mando de Moscú, responden con contundencia y se ponen del lado de las fuerzas leales al presidente Abdourahamane Tiani, neutralizando en unas horas la asonada militar. Posteriormente, cuatro cazas argelinos se posan sobre el aeropuerto acompañados de un destacamento de unos 60 soldados. Rusia y Argelia, ambas potencias militares, la primera global y la segunda regional, se han convertido en los principales protectores no solo de Níger, sino de los tres regímenes castrenses del Sahel, caracterizados por unas políticas y un discurso claramente antioccidental.

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 Unos 2.500 mercenarios y soldados bajo el mando de Moscú operan en Níger, Malí y Burkina Faso mientras Argel se implica en la defensa de las juntas castrenses  

Madrugada del 30 de agosto. Militares de Níger lanzan un ataque contra una base militar ubicada en el aeropuerto, el palacio presidencial y la televisión nacional. Un intento de golpe de Estado está en curso. Sin embargo, mercenarios rusos de Africa Corps, estacionados en Niamey pero bajo el mando de Moscú, responden con contundencia y se ponen del lado de las fuerzas leales al presidente Abdourahamane Tiani, neutralizando en unas horas la asonada militar. Posteriormente, cuatro cazas argelinos se posan sobre el aeropuerto acompañados de un destacamento de unos 60 soldados. Rusia y Argelia, ambas potencias militares, la primera global y la segunda regional, se han convertido en los principales protectores no solo de Níger, sino de los tres regímenes castrenses del Sahel, caracterizados por unas políticas y un discurso claramente antioccidental.

Las motivaciones son diferentes. Desde la invasión de Crimea en 2014 y como respuesta a las sanciones occidentales, Rusia ha redoblado sus esfuerzos por abrir mercados y obtener recursos en África por la vía de la cooperación militar. Al mismo tiempo, apoyada en intensas campañas de propaganda y desinformación, refuerza su imagen de potencia militar mundial y socava los intereses occidentales en la región. Argelia, por su parte, necesita contrarrestar el ascenso geopolítico y económico de su gran rival regional, Marruecos, más envalentonado que nunca gracias al apoyo de EEUU e Israel, y, en paralelo, ansía poner freno a la amenaza yihadista de ISIS y Al Qaeda que tanta inestabilidad genera al sur de su frontera.

Los primeros mercenarios rusos llegados al Sahel aterrizaron en Malí a finales de 2021, lo que aceleró la ruptura entre la junta militar maliense y Francia, quien había sido hasta ese momento el principal aliado del país. “Lo paradójico es que Africa Corps no ha conseguido mejorar las cosas sobre el terreno en la lucha contra los yihadistas, pero su propaganda funciona. La intervención de Moscú en el Sahel es low cost en cuanto a medios materiales y humanos pero genera un enorme entusiasmo, lo que Europa nunca consiguió”, asegura Jesús Pérez Triana, coordinador del grupo de investigación Osint Sahel.

Por todo ello, Rusia se ha convertido en la referencia en materia de defensa en el Sahel. En Malí tiene desplegados a unos 2.000 mercenarios, muchos de los cuales participan activamente en la lucha contra el yihadismo y los rebeldes tuaregs en el norte. En Níger hay entre 200 y 300 contratistas desde abril de 2024 y su centro operativo es precisamente la base 101 atacada por los golpistas el pasado fin de semana. Aunque su labor principal es la formación y el entrenamiento con drones, en la práctica se han convertido en el salvavidas del régimen. Finalmente, en Burkina Faso se estima que hay un centenar de militares rusos, en principio destinados a formación pero también muy pendientes de proteger la seguridad personal del capitán Ibrahim Traoré, presidente del país.

“Rusia tiene el control sobre estos tres países, los chantajea. Sus tropas están sobre todo en las capitales para defender a los regímenes y a cambio obtienen un acceso privilegiado a sus recursos, como el oro, del que Malí es un gran productor, o el uranio y las tierras raras de Níger”, asegura Pilar Rangel, experta en terrorismo internacional y profesora de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Málaga. “Hay militares que empiezan a estar hartos porque ven que no hay muchos avances en la lucha contra el yihadismo y, durante el intento de golpe de Níger, por primera vez los rusos atacaron a soldados descontentos”, añade.

Si bien la intervención de Argelia en la crisis de Níger del pasado fin de semana llegó algo tarde porque los cuatro cazas aterrizaron en Niamey cuando la situación estaba prácticamente controlada, el gesto es elocuente. “Es algo inédito”, añade Pérez Triana, “mandaron lo mejor que tienen en cuanto a aeronaves, los Sujoi 30MKA. Además, mientras el golpe estaba en curso, el Gobierno argelino hizo público un comunicado de claro apoyo a la junta militar mientras otros se mostraban mucho más prudentes”. A juicio de este investigador, “Argelia no puede seguir desvinculada de la respuesta a la violencia yihadista porque la debilidad de los estados del Sahel puede generar desestabilización en su propio país”.

En los últimos meses, la situación geopolítica de la región ha dado un giro de 180 grados. Argelia ha pasado de una práctica ruptura de relaciones con estos tres países, a los que definía como juntas golpistas al servicio de Rusia, a convertirse en su protector militar. Tras el restablecimiento de los vínculos y el cambio de tono con Malí, Burkina Faso y Níger, llegó la hora de poner en práctica este giro diplomático. El pasado 9 de agosto, Argel donó a Niamey cuatro helicópteros, pero la prueba de fuego llegó con el golpe de estado del pasado 29 de agosto, cuando Argelia envió cuatro cazas para ponerse del lado de la junta militar, la primera intervención militar fuera de su territorio en medio siglo.

Para Rangel, la intervención argelina está muy centrada en su rivalidad con Marruecos. “Rabat ha propuesto a los regímenes del Sahel una salida al Atlántico a través del puerto de Dajla (la antigua Villacisneros, en el Sahara Occidental) y Argelia se ha visto obligada a reaccionar para blindar uno de sus proyectos estrella, el gaseoducto transahariano. Además, es sabido que Argelia tiene a Rusia detrás”. Esta iniciativa, que necesita una inversión cercana a los 11.200 millones de euros, pretende conectar Nigeria con Argelia a través de Níger y prevé suministrar unos 30.000 millones de metros cúbicos de gas cada año a Europa, un negocio estratégico para el régimen argelino. Las obras comenzaron a mediados de este año.

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