La réplica del terremoto que ha sacudido los pilares de la política estadounidense con la abrumadora derrota del Partido Republicano en las midterms ha golpeado a la industria de la inteligencia artificial (IA). Los votantes han decidido mayoritariamente poner freno al principal símbolo del sector, los centros de datos.
El rechazo de 40 de 41 propuestas para construir estas instalaciones supone un duro golpe para el sector y anticipa un cambio en la visión del Congreso sobre la industria
La réplica del terremoto que ha sacudido los pilares de la política estadounidense con la abrumadora derrota del Partido Republicano en las midterms ha golpeado a la industria de la inteligencia artificial (IA). Los votantes han decidido mayoritariamente poner freno al principal símbolo del sector, los centros de datos.
La contundente victoria demócrata amenaza con imponer moratorias y regulaciones más estrictas sobre estas infraestructuras. Arrecian las voces que les acusan de encarecer la factura energética de las comunidades en las que se instalan, de excesivo consumo de agua en zonas de escasez, opacidad en los permisos y en ayudas fiscales, así como otras contraindicaciones que alimentan los movimientos NIMBY (acrónimo en inglés de “no en mi patio trasero”).
En las elecciones de medio mandato celebradas el pasado martes no solo se elegían a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y la renovación de un tercio de los 100 escaños del Senado. Los votantes también decidieron sobre gobernadores, alcaldes, otra multitud de cargos públicos y sobre varias normas y propuestas locales. Entre ellas, varias relacionadas con imponer limitaciones a la instalación de los centros de datos.
De las 41 votaciones relacionadas con la aprobación de estas infraestructuras llevadas a referéndum en 10 Estados, solo una salió adelante, según un informe de Ballotpedia. Fue el centro de datos de Harwood, una pequeña localidad de poco más de 1.000 habitantes en Dakota del Norte, donde los votantes descartaron volver a revisar los requisitos para proyectos industriales.
La victoria de los demócratas les permitirá controlar las dos cámaras del Congreso. El giro electoral abre un nuevo escenario para la industria de la IA y el sector tecnológico, que se enfrenta a un panorama más complicado en Washington. Por eso, las acciones del sector tecnológico se han dado un buen batacazo este jueves.
Muchas empresas del sector invirtieron mucho dinero en apoyar a candidatos republicanos. Elon Musk, por ejemplo, despilfarró 474 millones de dólares para la campaña de aspirantes conservadores en Texas.
Los residentes de California, Florida, Illinois, Kansas, Maine, Nueva Jersey, Nevada y Wisconsin expresaron un fuerte rechazo en las urnas a la instalación de centros de datos en sus territorios. Hay tres Estados especialmente afectados por el rechazo a los centros de datos, convertidos en paradigma del miedo al rápido despliegue de la IA: Ohio, Texas y Virginia.
La mitad de las propuestas tumbadas en las midterms tuvieron lugar en Ohio, donde 21 de los proyectos para construir data centers no lograron la aprobación de sus comunidades. La nueva gobernadora de Ohio, Amy Acton, es una doctora que derrotó al empresario republicano Vivek Ramaswamy.
Acton, quien recibió duros ataques personales durante la campaña electoral, defiende una moratoria de estas infraestructuras hasta que no se comprometan a cubrir la totalidad de los costes de los servicios públicos y permitan sindicarse a los trabajadores contratados para la construcción de estas gigantescas naves rellenas con enjambres de servidores informáticos.
Ohio es, junto a Virginia y Texas, uno de los grandes epicentros de esta industria, donde OpenAI ha proyectado el mayor campus de centros de datos de IA del mundo financiado por un grupo de bancos de inversión y Nvidia. Se estima que la inversión podría superar los 500.000 millones de dólares cuando esté terminada, según la cadena CNBC.
El senador demócrata electo por Ohio, Sherrod Brown, fue uno de los más claros en su mensaje contra los centros de datos durante la campaña. “Siempre estaré de su lado. No trabajo para los lobbys, no trabajo para los centros de datos, no trabajo para Wall Street, trabajo para ustedes”, dijo en su discurso de la victoria el pasado martes.
“Ante la continua controversia en torno a los centros de datos, es probable que las acciones legales y políticas continúen en los próximos años”, explica Nicol Turner Lee, investigadora del Brookings Institute. “Organizaciones de todo el país han recurrido a referendos , campañas para cargos públicos y protestas destinadas a frenar o detener el desarrollo de centros de datos”, añade Lee, que también es directora del Centro de Innovación Tecnológica (CTI).
Esta experta llama la atención sobre la opacidad de los acuerdos que algunos gobiernos locales han suscrito con las empresas de centros de datos para ocultar exenciones en impuestos locales o estatales, ayudas y otros beneficios sin el conocimiento de los contribuyentes. “El uso generalizado de acuerdos de confidencialidad entre desarrolladores de centros de datos y funcionarios locales ha avivado la oposición pública a estos centros y fomentado la sospecha de acuerdos privados que benefician a personas con información privilegiada”, añade Lee.
Coco Zang, investigador de ING Research, reflexiona sobre el efecto que la holgada victoria demócrata en las midterms tendrá sobre el auge de los centros de datos. “La industria de los centros de datos se enfrenta a una creciente oposición local. Alrededor de uno de cada siete estadounidenses está preocupado o se opone al desarrollo de centros de datos en sus barrios”, señala en un informe difundido este jueves.
UBS estima que un 30% de la capacidad adicional prevista para los centros de datos en Estados Unidos para 2028 podría estar en riesgo debido a posibles interrupciones en la construcción.
Texas se ha convertido en la nueva meca de las empresas tecnológicas y los centros de datos que huyen de California por los altos impuestos y las facilidades fiscales que encuentran en el Estado del Sol, que aspira a convertirse en el mayor mercado de centros de datos del mundo en 2030.
Musk, fundador de Tesla y SpaceX, trasladó las sedes de sus empresas a Texas, un movimiento que están siguiendo otras empresas de Silicon Valley. Pero el descontento por los centros de datos y las advertencias sobre las amenazas de la IA han alimentado la molestia de los ciudadanos. El gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, llegó a bloquear la construcción de centros de datos para tratar de frenar el avance de su rival demócrata, Gina Hinojosa, quien finalmente ha conquistado el cargo de gobernadora.
“Es probable que, en general, haya una regulación más estricta de los centros de datos. La política a nivel estatal será más importante de vigilar, ya que la acción es política y prácticamente más sencilla a este nivel. El enfoque más probable es una regulación dirigida, gran parte de la cual ya está emergiendo”, apunta Coco Zhang de ING Research. “Esto incluye impuestos relacionados con centros de datos, reducción de incentivos fiscales, estándares medioambientales y requisitos para que los promotores asuman aumentos de costes relevantes”.
Darrell West, investigador de Brookings Institution, concuerda y agrega: “Las políticas públicas reflejarán la opinión pública, y se ha producido un cambio muy significativo en la opinión pública durante el último año”. Pero la analista de ING Research considera que es fácil una legislación federal contra estas infraestructuras debido a que el presidente Donald Trump podría hacer uso de su poder de veto para bloquear estas iniciativas del Congreso.
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