La oposición se une frente a un enemigo común: Netanyahu

“Vergüenza, vergüenza, vergüenza”. La rabia resuena en boca de miles de ciudadanos con ideas muy diferentes reunidos en la plaza de los Rehenes de Tel Aviv el sábado para mostrar su rechazo a Benjamín Netanyahu. A su lado están numerosos candidatos de los cuatro partidos judíos que se oponen al primer ministro y han formado un bloque que aspira a “defender el futuro del país” en las elecciones del próximo martes y a derrocar al Gobierno más ultraderechista de la historia de Israel.

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 Un heterogéneo bloque, que representa a la mitad del país y abarca desde la derecha tradicional a la izquierda socialista, deja de lado sus diferencias para intentar echar del poder al primer ministro israelí  

“Vergüenza, vergüenza, vergüenza”. La rabia resuena en boca de miles de ciudadanos con ideas muy diferentes reunidos en la plaza de los Rehenes de Tel Aviv el sábado para mostrar su rechazo a Benjamín Netanyahu. A su lado están numerosos candidatos de los cuatro partidos judíos que se oponen al primer ministro y han formado un bloque que aspira a “defender el futuro del país” en las elecciones del próximo martes y a derrocar al Gobierno más ultraderechista de la historia de Israel.

“Si gana otra vez se acabó este país. Pedazo a pedazo se ha comido la democracia y nos ha arrastrado a todos. Somos un Estado paria”, dice, con gesto preocupado Itamar (que no da su apellido), vestido de negro y ondeando una gran bandera israelí. “¡Y yo voté por él en el pasado! Era joven y estúpido”, agrega, jocoso.

¿De qué sienten vergüenza hoy estos israelíes? Líderes políticos y ciudadanos de a pie responden con un retrato demoledor del primer ministro: la corrupción, las mentiras para salvaguardar a cualquier precio sus propios intereses políticos, las guerras innecesarias, la pérdida de calidad de vida en Israel, la protección excesiva de los ultraortodoxos. “Nos estamos asomando al abismo. Si no ganamos, será el fin de nuestro país, de la democracia israelí”, dice a este periódico Tomer Avital, candidato a diputado por la coalición Los Demócratas, que aúna al laborismo y al partido de izquierda Meretz.

El bloque anti-Netanyahu es un paraguas bajo el que se cobijan la derecha tradicional, el laborismo encarnado por el asesinado primer ministro Isaac Rabin y la izquierda más radical del partido Meretz. Representaría prácticamente a la mitad de los 7,3 millones de votantes que acudirán a las urnas para elegir un nuevo Parlamento, ya que, según los últimos sondeos, lograría unos 56 escaños sobre un total de 120.

La oposición al primer ministro la encabeza Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y líder del partido Yashar (centroderecha). La posibilidad muy real de que sea el candidato más votado el martes sorprende aún a muchos israelíes. “Creo que es un hombre que despierta confianza. La gente está harta de la arrogancia de Netanyahu. Eisenkot ha enterrado a un hijo debido a la guerra en Gaza y Netanyahu tiene un hijo viviendo en Miami. Estas cosas aquí cuentan”, afirma Meir Margalit, analista y exdirigente del partido Meretz.

Junto a Eisenkot se alinean la coalición centrista Juntos, del ex primer ministro Naftali Bennett, antiguo aliado de Netanyahu; Los Demócratas, encabezados por un general, Yair Golan, y la formación del ultraderechista Avigdor Lieberman, quien ha ocupado ministerios importantes en los gobiernos de Netanyahu, antes de convertirse en su adversario.

“A los dirigentes se les juzga por sus resultados. Y Netanyahu provocó en Israel la mayor catástrofe desde su fundación”, dijo Eisenkot, en referencia a los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, en una reciente entrevista con el diario local Times of Israel, en la que calificó al primer ministro de “antilíder”.

Para Ilana Shpaizman, del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad israelí de Bar Ilan, por encima de todo, el bloque está comprometido en “reparar el país, restablecer el sector público y volver a una forma normal de gobernar”. “La gente votará por el partido que más le convenza, pero en el fondo va a depositar su papeleta por este bloque y contra Netanyahu”, considera.

“Creo que tenemos más cosas en común que nuestro rechazo a Netanyahu. Por ejemplo, queremos que se investigue qué pasó en los ataques de Hamás de 2023, deseamos reformar la educación, defendemos la separación de poderes y el servicio militar obligatorio para los ultraortodoxos”, agrega Avital, cuya formación obtendría unos 10 escaños, lo que, según él, sería “un renacimiento de la izquierda”.

Tan interesante es lo que une como lo que separa a este bloque. Por ejemplo la relación futura con los palestinos, la ampliación de los asentamientos en Cisjordania o la posibilidad de hacer un pacto con los partidos árabes de Israel, que obtendrían un total de 14 o 15 escaños en las urnas, según los sondeos, y no forman parte de este bloque anti-Netanyahu.

“No quiero el apoyo de los partidos árabes”, ha zanjado Eisenkot. Mansur Abbas, líder de la formación islamista Ra’am, que podría lograr cinco escaños, ”es el líder árabe» que estaban “esperando”, responde Avital.

Otra pregunta planea en el ambiente en vísperas de las elecciones. ¿Habrá en este heterogéneo bloque algún candidato díscolo que ceda a los encantos de Netanyahu y cambie de bando? “No es imposible”, afirma Shpaizman. “No creo que haya un partido entero que se vaya con Netanyahu, pero tal vez sí diputados sueltos. La lista de Eisenkot es un misterio, por ejemplo, no conocemos bien a la gente que figura en ella”.

Más radical es Margalit: “Yo estoy convencido de que a estas alturas, Netanyahu ya tiene comprados a tres o cuatro diputados de los partidos de Bennett o de Lieberman que desertarán cuando llegue el momento, seducidos por la promesa de un ministerio”, asegura.

Porque al primer ministro no le salen las cuentas para llegar a los 61 escaños sobre 120 que necesita para formar un nuevo Gobierno, pese a sus alianzas con las formaciones ultranacionalistas y religiosas. Los últimos sondeos publicados le dan unos 50 diputados.

“Yo no logro entender cómo hay gente que aún puede seguir votando por él después de esta masacre del 7 de octubre de 2023″, piensa en voz alta Tal Horowitz, en la plaza de los Rehenes de Tel Aviv. “Si este Gobierno se mantiene no sé qué va a ocurrirnos. Será el fin, solo habrá muerte y odio para Israel. Ya no digo paz, que es una palabra que nos queda grande, pero necestiamos algún tipo de acuerdo con los palestinos, para que todos podamos vivir con justicia”.

“Netanyahu no va a poder ganar. Es matemáticamente imposible y por eso estamos felices”, responde, convencido, Avital, de Los Demócratas. “Mira lo que pone en mi camiseta: muy pronto todo va a ser mejor”.

Pero su optimismo choca con las dudas de los analistas. Nadie en Israel subestima ya a Netanyahu, que ha sido primer ministro durante 19 años en tres periodos diferentes. Eisenkot, por ejemplo, ha mencionado la hipótesis de que el primer ministro retrase su salida y siga gobernando en funciones de manera indefinida si ninguna formación logra formar gobierno. “Pero no permitiré que eso suceda. Convenceré para que lo sustituyan”, ha garantizado.

Para Margalit, el peor panorama es que, tras las legislativas en Israel y las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, se reactive el conflicto con Irán y Netanyahu siga gobernando. “Porque convencerá al presidente [Isaac Herzog] de que no es momento de cambiar de primer ministro cuando están cayendo misiles”, dice.

“No es descabellado que Netanyahu use la seguridad de Israel para sus intereses políticos, aunque sea algo ilegítimo e inaceptable. Cualquier ataque contra Irán ahora mismo tendría motivaciones políticas internas porque la situación en aquel país no ha cambiado”, afirma Shpaizman.

La experta tampoco descarta la remota posibilidad de que Netanyahu dimita tras las elecciones y eso haga que haya partidos que sí decidan asociarse a su partido, el Likud. “Aunque es poco probable y la realidad es que pocos están dispuestos a mezclarse hoy con una formación tan corrupta”, concluye.

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