Son poco más de dos minutos. Pero bastan para poner al auditorio en pie, con aplausos, gritos y una emoción a flor de piel que no es habitual en los mitines de los políticos. Tanto es así que, cuando termina de hablar Alexandria Ocasio-Cortez, el candidato al que esta congresista neoyorquina ha ido a apoyar añade una frase que despierta la euforia:
La congresista demócrata invierte tiempo y dinero en apoyar a candidatos progresistas en las elecciones de medio mandato mientras sopesa una posible candidatura presidencial en 2028
Son poco más de dos minutos. Pero bastan para poner al auditorio en pie, con aplausos, gritos y una emoción a flor de piel que no es habitual en los mitines de los políticos. Tanto es así que, cuando termina de hablar Alexandria Ocasio-Cortez, el candidato al que esta congresista neoyorquina ha ido a apoyar añade una frase que despierta la euforia:
―¿Por qué no iba a querer sentarme al lado de alguien que habla así?
Quien lo decía el pasado jueves desde Portland era Troy Jackson, que aspira a convertirse en senador por el Estado de Maine, uno de los escaños más disputados en las elecciones del próximo 3 de noviembre. Se refería a Ocasio-Cortez, después de que esta enhebrara en una respuesta la guerra en Irán y la sanidad: “Me resulta alucinante que cuando queremos ampliar la atención sanitaria, la primera pregunta es que cómo vamos a pagarlo. Como si el país más rico de la historia de la humanidad fuera un indigente. Sin embargo, año tras año, el Congreso aprueba de forma casi automática miles y miles de millones de dólares adicionales para defensa. Es hora de darle la vuelta a esta ecuación y empezar a preguntarnos: ¿Cómo podemos permitirnos financiar una guerra tras otra?“.
Es evidente que estas palabras tocan un nervio sensible, no solo entre los congregados en este teatro de Portland, sobre todo demócratas convencidos, sino en una parte importante de la sociedad estadounidense.

El acto de Maine forma parte de la gira nacional que la congresista ha emprendido en la recta final de la campaña para las elecciones de medio mandato, que definirán su futuro político. Solo en las últimas semanas, ha tenido o tendrá paradas en Míchigan, Ohio, California, Las Vegas y Florida en una especie de campaña en la sombra para sí misma en distritos y Estados que no son los suyos.
La pregunta del millón de estos meses es si Ocasio-Cortez se postulará para la presidencia de Estados Unidos en 2028. Aunque ella no ha negado ni confirmado los rumores, hace un par de semanas dio la señal más clara hasta la fecha de que basará su decisión en lo que ocurra el próximo 3 de noviembre. Lo hizo con la donación de un millón de dólares [unos 893.000 euros] a la campaña del candidato demócrata al Senado por Míchigan, Abdul El-Sayed, uno de sus aliados progresistas más sólidos en esta contienda.
Ocasio-Cortez ha dejado claro que la elección de El-Sayed supondría un gran impulso no solo para los demócratas este año, sino también para el ala más progresista del partido, en un momento en el que atraviesa una crisis existencial que debe superar a tiempo para las elecciones de 2028 si pretende plantar cara con éxito al trumpismo.
AOC, como se la conoce en Estados Unidos, ve en la candidatura de El-Sayed un termómetro nacional para sus propias ambiciones: “Si Abdul puede ganar en Míchigan, cualquiera puede ganar en cualquier lugar”, afirmó.
Quien gane la carrera en Míchigan podría decidir el control del Senado durante los últimos dos años del mandato de Donald Trump, y las encuestas muestran una contienda extremadamente reñida. Es por eso, dijo Ocasio-Cortez, que decidió “dar un paso al frente y cambiar las reglas del juego”. “No quiero despertarme el 4 de noviembre deseando haber hecho más para combatir los ataques difamatorios contra Abdul”, explicó en un comunicado tras la donación. “Quiero despertarme sabiendo que lo di todo hasta el final”.

Expertos y analistas políticos apuntan a que, si en noviembre los demócratas ganan el control del Congreso, como predicen las encuestas, o se hacen con al menos una de las dos Cámaras, este sería el momento para Ocasio-Cortez de lanzarse a la carrera presidencial, impulsada por las victorias de sus compañeros en el movimiento progresista.
Los asistentes al acto de Portland, sin embargo, se mostraban divididos sobre si 2028 es el momento adecuado: algunos decían que era su mejor baza para conquistar la Casa Blanca, mientras que otros temían que la sociedad estadounidense no estuviera preparada para una presidenta mujer, socialista, joven (tiene 37 años), soltera y latina. “Tengo dos hijas pequeñas. Me gustaría demostrarles que, si ella lo hace, ellas podrán conseguir todo lo que se propongan”, decía Kristen. “Todavía hay mucha misoginia en este país”, le avisaba su amiga Louise.
Ocasio-Cortez es plenamente consciente de las especulaciones sobre su futuro político y siente la presión mientras sopesa sus opciones.
“Hay quienes sostienen que esta es una oportunidad política muy singular y que, muchas veces, en política solo tienes una oportunidad”, dijo en una entrevista con The New York Times en septiembre. “La vida no espera a que estés preparado para las cosas. A veces, simplemente, la vida hace que las cosas estén listas para ti”.
Una decisión no solo política, sino “personal”
En la conversación con el diario neoyorquino, la más exhaustiva y sincera que ha concedido sobre su futuro político, Ocasio-Cortez reconoció que la decisión que tiene ante sí es política, pero también personal. “Lo pienso en términos personales”, dijo sobre la posibilidad de postularse a la presidencia. “Tengo 36 años, estoy a punto de cumplir 37, y pienso en lo que eso significa para mi vida”.
Este verano, Ocasio-Cortez mostró a sus casi 10 millones de seguidores en Instagram, con todo tipo de detalles, el proceso para congelar sus óvulos al que se estaba sometiendo. Fue una forma de mostrar la carestía de un tratamiento por el que pasan decenas de miles de mujeres estadounidenses cada año. Pero también una señal tras la reciente separación de su pareja desde la universidad. Con esos vídeos, Ocasio-Cortez avisaba a sus potenciales votantes de que no es una mujer a la que solo le interese su trabajo, sino que también piensa en formar una familia.

La neoyorquina de raíces puertorriqueñas se convirtió en 2018 en la mujer más joven elegida al Congreso en la historia de EE UU. Representa a zonas del Bronx y de Queens con un electorado mayoritariamente demócrata y una sólida base progresista, por lo que ha ganado la reelección una y otra vez sin dificultad, y previsiblemente lo hará el próximo 3 de noviembre.
Pero en 2028 podría elegir otro camino. Tiene varias opciones: presentarse a la Casa Blanca o aspirar al escaño que ahora ocupa el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer. Por ahora, no descarta ninguna de las dos posibilidades.
Ocasio-Cortez llegó al Congreso como una figura antiestablishment. Venía de trabajar como camarera en un restaurante de Manhattan y es joven, latina y más a la izquierda que sus compañeros veteranos del Partido Demócrata en temas como la sanidad pública, los derechos de las mujeres y los migrantes o el cambio climático. Fue elegida como miembro de los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés), la formación política que en los últimos años ha irrumpido con candidatos como Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, otro de sus principales aliados.
Ocho años después, Ocasio-Cortez sigue siendo una de las voces más progresistas de su partido, pero ha moderado el discurso en algunos puntos.
En una entrevista con la cadena ABC en agosto, la congresista reconoció que algunas de las políticas e ideales que ella y su movimiento defendían en la era de la pandemia y en las presidenciales de 2020 ―como la propuesta de retirar fondos a la policía― “no es un tipo de retórica” que usaría “hoy en día”.
“La primera etapa de lo woke fue una locura”, dijo entre risas en aquella entrevista, en lo que se interpretó como un intento de redefinir su movimiento progresista para acercarlo a un público más amplio.
Su futuro político y la posible candidatura a la presidencia dependerá de si logra —o no— ese replanteamiento.
Batallas internas
El balance que tendrá que conseguir no será fácil. Para ser candidata, Ocasio-Cortez deberá contentar tanto al establishment demócrata como al ala más progresista del partido, dominada ahora por los Socialistas Democráticos.

Por un lado, la cúpula demócrata insiste —al menos por ahora, antes de las midterms— en que el futuro del partido en una era post-Trump (el presidente no puede presentarse a la reelección en 2028) debería ser un candidato moderado, que pueda apelar al votante medio estadounidense profundamente afectado por las políticas del republicano, en particular por su mala gestión de la economía.
Y, por el otro, las tensiones ya han aflorado dentro del DSA respecto a la posible candidatura de Ocasio-Cortez, pues algunos de sus miembros más a la izquierda consideran que la congresista se ha alejado demasiado de la plataforma progresista que les gustaría ver defendida por un candidato a la presidencia.
De vuelta a Portland, la estrella del acto insiste a los pocos que queden por convencer en la importancia de votar a personas que no pertenezcan a las clases dirigentes del país, como Troy Jackson o ella misma. “Nos pueden llamar comunistas u otras cosas. Pero en realidad lo que temen es que haya una camarera en la Cámara de Representantes o un leñador en el Senado”, dice Ocasio-Cortez con pasión.
¿Con estas palabras, estaría pensando también en la importancia de que alguien como ella conquiste la Casa Blanca? Habrá que esperar aún para conocer la respuesta.
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