A doña Célia ya le cuesta hablar. Pero a sus 80 años ahí sigue, al pie del cañón, como desde hace medio siglo, regentando el pequeño bar y la tiendecita con camisetas y otros recuerdos en el vestíbulo del edificio que acoge la sede del Sindicato de Metalúrgicos del gran São Paulo. “Lula, donde empezó todo”, reza uno de los carteles. Aquí, en São Bernardo do Campo, una de las ciudades satélite de la megalópolis paulista —más de 21 millones de habitantes—, empezó todo, efectivamente: la leyenda del niño que llegó a limpiar botas por las calles, luego fue obrero metalúrgico y líder sindical, y al final del camino, presidente de uno de los países más desiguales del planeta.
En el sindicato de metalúrgicos donde se forjó la leyenda del actual presidente todos venden optimismo: “La gente ha despertado”
A doña Célia ya le cuesta hablar. Pero a sus 80 años ahí sigue, al pie del cañón, como desde hace medio siglo, regentando el pequeño bar y la tiendecita con camisetas y otros recuerdos en el vestíbulo del edificio que acoge la sede del Sindicato de Metalúrgicos del gran São Paulo. “Lula, donde empezó todo”, reza uno de los carteles. Aquí, en São Bernardo do Campo, una de las ciudades satélite de la megalópolis paulista —más de 21 millones de habitantes—, empezó todo, efectivamente: la leyenda del niño que llegó a limpiar botas por las calles, luego fue obrero metalúrgico y líder sindical, y al final del camino, presidente de uno de los países más desiguales del planeta.
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