Cuando el avión comenzó a descender a un ritmo infernal y sin explicación alguna, Shota Musaieb, uno de los pasajeros israelíes en el vuelo de Dubái a Tel Aviv, tuvo como primer reflejo empezar a grabar todo con el teléfono móvil. “No pensé que fuese un atentado. Empecé a grabar todo. Mi miedo era que, si todo acabase de una manera distinta a la que lo ha hecho, que no hubiese pruebas y que el mundo no supiese lo que pasó. Muy poco después, entendí que sí era un atentado y corrí hacia la parte delantera del avión”, recuerda este miércoles nada más aterrizar en el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv, muchas horas, susto y tensión después de lo previsto y desde Arabia Saudí, adonde fue desviado el aparato.
Un piloto que iba a bordo evitó que la aeronave se estrellase: “Entró y enderezó la trayectoria”, relata un viajero del avión procedente de Dubái
Cuando el avión comenzó a descender a un ritmo infernal y sin explicación alguna, Shota Musaieb, uno de los pasajeros israelíes en el vuelo de Dubái a Tel Aviv, tuvo como primer reflejo empezar a grabar todo con el teléfono móvil. “No pensé que fuese un atentado. Empecé a grabar todo. Mi miedo era que, si todo acabase de una manera distinta a la que lo ha hecho, que no hubiese pruebas y que el mundo no supiese lo que pasó. Muy poco después, entendí que sí era un atentado y corrí hacia la parte delantera del avión”, recuerda este miércoles nada más aterrizar en el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv, muchas horas, susto y tensión después de lo previsto y desde Arabia Saudí, adonde fue desviado el aparato.
En medio de gritos de pánico y de rezos en hebreo, Musaieb llegó a la cabina y se encontró con el piloto “ya en el suelo”, reducido por otros tres israelíes. “Junto a otro pasajero, le até las manos con lo que había a mano, la cuerda de unos auriculares. Luego nos trajeron unas esposas de plástico y se las pusimos. El terrorista no gritaba. Estaba en silencio mientras le atábamos las manos”, asegura.
En la cabina estaba el otro piloto, de nacionalidad india y gravemente herido, rememora Musaieb, dentista de profesión. “Empecé a ayudarlo, vi que había perdido mucha sangre. Tenía cuchilladas en la cara. Y en la mano, hasta el punto de que un poco más y estaba cortada en dos”. Cuenta que hablaron en inglés con él y les contó que tiene 39 años, dos hijos y vive en Dubái. “Insultó al piloto y se pasó todo el vuelo [hasta el aterrizaje de emergencia en Arabia Saudí] rezando. Realmente pensé que lo perdíamos, porque se le iba a veces el conocimiento y tenía el pulso muy bajo. Por eso aterrizamos en Arabia Saudí”, asegura, de profesión médico dentista.
El pasajero cuenta que un piloto israelí, de nombre Yaniv, evitó que el aparato se estrellase. “Entró enseguida y enderezó la trayectoria”. Solo al llegar al aeropuerto de Tabuk, en el noroeste de Arabia Saudí, entendió lo cerca que habían estado de la muerte, al ver la aleta trasera del avión parcialmente rota, como muestra una foto que circula en los medios israelíes. “Perdimos mucha altura en medio minuto. Solo ahora entendemos lo que hemos vivido. Y que cinco o seis segundos más tarde habríamos perdido la posibilidad de controlar el avión”, resume.
Aquí, frente a la Terminal 1 del aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv, muchos repiten dos palabras: nes y givorei Israel. La primera es milagro, en hebreo. La segunda, héroes de Israel, por los hombres (en torno a cinco, según los distintos relatos) que tuvieron el reflejo de correr hacia la cabina y reducir al piloto cuando el avión bajó repentinamente hasta 4.000 metros en un solo minuto.
Otros aprovechan la situación para sacar tajada. Israel celebra unas decisivas elecciones en un mes y un grupo de jóvenes simpatizantes de Noam, un partido de ultraderecha islamófobo y homófobo, celebra el regreso de los viajeros con bailes y unos conocidos versos sobre cómo el pueblo judío solo puede confiar en Dios.
Algunos pasajeros del vuelo se paran a hablar con los periodistas que han acudido al aeropuerto y la sensación es que verbalizar lo sucedido les ayuda a asimilarlo. Otros, con cara cansada, se disculpan: solo quieren llegar a casa tras la odisea.

Adi Ido es de las primeras: está feliz, sin un rasguño, acompañada de su familia y agradecida a quienes se enfrentaron al piloto. Recuerda el momento en el que todo lo que hacía era “repetir sin parar” las palabras Shemá Israel (escucha, Israel; el nombre de la oración más importante del judaísmo). “Sentimos unos movimientos muy radicales hasta que de repente llegó uno que parecía como una caída al vacío, de verdad. Entendimos que algo muy malo iba a pasar, pero pensamos que era una avería. Miré hacia arriba y no había electricidad en el avión. Entendimos que algo malo estaba pasando, que el avión estaba fuera de control… Era como una película de terror”, relata. Solo más tarde, añade, uno de los hombres se dirigió a la multitud y les dijo: “Hay un terrorista, pero no os preocupéis: está neutralizado”.
Lital Shahar, de casi 40 años, es todo risas de alivio. “Si hay que hacer un anuncio de El Al [la aerolínea de bandera israelí, que tiene los controles más estrictos de seguridad], que me llamen. Solo volaré con El Al”, dice con tono cómico pero fondo serio. Shahar asegura que, después de lo vivido este miércoles, no se atreve a volver a un país árabe de vacaciones ni a volar con aerolíneas que no sean de su país, sea la ruta que sea y pese a ser generalmente más caro. “Me estresa demasiado la idea. No hay seguridad […] Solo aquí, en Israel, estamos seguros”.
Shahar también tiene palabras de agradecimiento para Arabia Saudí, donde aterrizaron de emergencia y con quien Israel carece de relaciones diplomáticas. “Sí, era un lugar desconocido, pero enseguida nos hemos sentido seguros porque han sido maravillosos y generosos. Nos ha sorprendido mucho. Había muchos soldados, policías, doctores, enfermeros y todos hablaban inglés. Han sido muy agradables con nosotros y no han parado de decirnos: ‘Estáis en un lugar seguro, todo está bien, estamos con vosotros”.
Sus rostros denotan la alegría tras tanta tensión acumulada. Y contrastan con los mensajes que lanzaban en vídeos grabados con los móviles, durante el vuelo o ya durante la espera, en Arabia Saudí. Como el de Almog Itelie, que esperaba llegar a casa para cambiarse de ropa porque la que tenía estaba llena de sangre. Itelie hablaba de un “loco con un cuchillo que apuñaló a uno de los pilotos”. “Saltamos para intervenir y ayudamos al piloto. Ahora todo está bien. Como podéis ver, estamos aterrizando en Arabia Saudí. Podéis ver que estoy bien”.
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