Un buque encallado en Turquía revela la violencia de la guerra de drones entre Rusia y Ucrania en el mar Negro

Una inmensa mole de acero a la deriva sorprendió a los primeros bañistas que, el domingo, acudieron a la playa de Alacali, en la costa norte de la provincia de Estambul. El Omskiy-107, con su puente de mando ennegrecido por el fuego y con un boquete del tamaño de una ventana, amaneció al oeste del horizonte, pasó frente a la playa y sus pasmados bañistas en dirección este y volvió a virar, vagando a merced de las corrientes, como los galeones errantes de las leyendas de mar. “Era como un buque fantasma, no llevaba tripulación, estaba totalmente abandonado e iba sin gobierno”, relata Coskun, uno de los socorristas de la playa. Sobre las dos de la tarde, empujado por las olas, el carguero enfiló la costa en perpendicular y embarrancó en sus aguas arenosas. “La gente estaba atónita, mirando y sacando fotos del barco; incluso un socorrista tuvo que avisar a un bañista porque casi se lo lleva por delante”, relata otro de los testigos del extraño acontecimiento, que pide no ser citado por su nombre.

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 El conflicto pone en peligro el comercio marítimo y eleva el precio de cereales y otras materias primas  

Una inmensa mole de acero a la deriva sorprendió a los primeros bañistas que, el domingo, acudieron a la playa de Alacali, en la costa norte de la provincia de Estambul. El Omskiy-107, con su puente de mando ennegrecido por el fuego y con un boquete del tamaño de una ventana, amaneció al oeste del horizonte, pasó frente a la playa y sus pasmados bañistas en dirección este y volvió a virar, vagando a merced de las corrientes, como los galeones errantes de las leyendas de mar. “Era como un buque fantasma, no llevaba tripulación, estaba totalmente abandonado e iba sin gobierno”, relata Coskun, uno de los socorristas de la playa. Sobre las dos de la tarde, empujado por las olas, el carguero enfiló la costa en perpendicular y embarrancó en sus aguas arenosas. “La gente estaba atónita, mirando y sacando fotos del barco; incluso un socorrista tuvo que avisar a un bañista porque casi se lo lleva por delante”, relata otro de los testigos del extraño acontecimiento, que pide no ser citado por su nombre.

Más allá de la anécdota, el incidente pone de relieve el peligro para la navegación que entraña la guerra de drones emprendida por Ucrania y Rusia en el mar Negro, cuyas fuerzas militares han atacado a unos trescientos buques comerciales en los últimos dos meses, provocando una caída en el tráfico marítimo y un incremento notable en los precios de las materias primas.

El Omskiy-107 es un buque de bandera rusa y algo más de cien metros de eslora, construido en 1981 y, como otros de su clase (la Omskiy), hecho para navegar entre puertos marítimos y fluviales. El rastro dejado en el Sistema de Identificación Automática (AIS) indica que, a inicios de julio, partió de Rostov del Don y, tras hacer escala en el puerto industrial de Aliaga, cerca de la ciudad turca de Esmirna, cruzó de nuevo el estrecho del Bósforo, recaló en el puerto de Gerze (en el norte de Turquía) y enfiló hacia Rusia, tras lo cual apagó el transpondedor que indica su posición.

Medios ucranianos afirman que, en los primeros días de agosto, recibió el impacto de un dron en aguas cercanas al puerto ruso de Novorossiysk, lo que provocó un incendio en la nave que motivó que el capitán y el resto de la tripulación abandonaran el barco (de hecho, es visible que falta uno de los botes salvavidas) y lo dejaran a su suerte. Después de vagar a la deriva cuatro semanas por el mar Negro –con el peligro para la navegación que ello supone–, el Omskiy-107 encalló en Alacali.

Este lunes, por ser día de labor, había menos visitantes en la playa, pero seguían preguntándose por esa mole de acero. Dos bañistas, ignorando la bandera roja colocada frente al buque, se aventuraron hasta el barco para constatar que había comenzado a soltar combustible.

El día anterior, según el relato de los testigos recogido por este diario, efectivos de la Gendarmería y la Guardia Costera, incluidos buceadores especializados, habían inspeccionado el buque e informado a las autoridades, que aún deben decidir qué hacer. Según comentaron dos personas diferentes que trabajan en la zona, las fuerzas de seguridad les han asegurado que Rusia ha pedido a Turquía que no toque el barco, y que ellos se harán cargo de él, un extremo que el Ministerio de Transportes turco, consultado por EL PAÍS, no ha confirmado ni desmentido.

Ofensiva contra los cargueros

El mismo domingo, pero 500 kilómetros más al este, otro buque, en este caso el petrolero Golden Sapling, de bandera hongkonesa, encalló en la costa de la provincia turca de Samsun tras varios días a la deriva. La agencia turca DHA informó de que el buque sufrió un ataque de dron la pasada semana cuando navegaba 90 millas náuticas al norte de Turquía en dirección a un puerto ruso. Sus 21 tripulantes fueron rescatados por otro petrolero, el griego Maran Pythia, y llevados a Novorossiysk.

El pasado 6 de julio, las Fuerzas Armadas de Ucrania lanzaron la “Operación MoLoChKa”, una ofensiva de drones dirigida primero a cortar todas las comunicaciones marítimas con la Crimea ocupada por Rusia y a acabar con la llamada flota fantasma –barcos con pabellones de conveniencia o bandera falsa que ocultan su rastro– que utiliza Moscú para transportar petróleo burlando las sanciones internacionales, pero progresivamente se ha ido ampliando a numerosos buques no sancionados que comercian con puertos rusos. A 22 de agosto, las Fuerzas Armadas de Ucrania confirmaron haber atacado 242 buques en los mares Negro y de Azov, además de puertos y terminales de carga de hidrocarburos y cereales.

Rusia, además de incrementar sus ataques con misiles balísticos sobre ciudades ucranias, ha reaccionado con ataques a buques comerciales. Según datos del Ministerio de Transporte de Ucrania, Moscú atacó 52 buques civiles, la mayoría mercantes, en julio y durante la primera mitad de agosto.

“Las operaciones de carga de cereal en [los puertos ucranios de] Odessa y Chornomorsk han tenido que ser detenidas durante algunos días, y luego las han retomado mediante buques más pequeños o que asumen un gran riesgo”, explica a EL PAÍS Yörük Isik, director de la consultora Bosphorus Observer. Sin embargo, apunta que “el daño a las exportaciones rusas es mucho mayor”, ya que los ataques ucranios han logrado detener el tráfico marítimo a través del estrecho de Kerch, han puesto prácticamente fin a la carga de cereal robado en la Crimea ocupada y han hecho que muchas navieras propietarias de buques cisterna se lo piensen dos veces antes de cargar petróleo en puertos rusos.

De hecho, los datos de BIMCO, una de las principales patronales de armadores, indican que las exportaciones de crudo desde Novorossiysk cayeron un 62 % en julio, incluidas las de la terminal del Consorcio del Oleoducto del Caspio, que transporta crudo kazajo, exento de las sanciones occidentales. Si bien Kiev se ha comprometido a no atacar más esa terminal tras la mediación del Gobierno estadounidense a petición de Kazajistán.

Subidas de precios

La nueva guerra ha tenido efectos devastadores en el tráfico marítimo en el mar Negro —el precio de los seguros se ha doblado y el trasiego se ha reducido— y, con ello, en el comercio regional y mundial. Los precios del trigo han subido un 6 % en un mes y un 30 % en un año por los ataques en dos de los grandes productores mundiales, como son Ucrania y Rusia, y también el carbón ha visto notables incrementos debido a que su exportación desde puertos rusos casi se ha detenido.

Ya en julio, el secretario general de la Organización Marítima Internacional, Arsenio Domínguez, condenó los ataques a buques mercantes, algo que prohíbe la legislación internacional y que “pone en peligro a los marineros, amenaza la seguridad de la navegación e interrumpe las cadenas globales de suministros”.

El sábado, el Ministerio de Exteriores turco convocó al embajador de Ucrania en Ankara para transmitirle una protesta oficial después de que varios ataques ucranios hayan alcanzado buques turcos. Los datos de la Cámara de Comercio Marítimo de Turquía apuntan a que 22 buques ligados a empresas turcas han sido atacados en los dos últimos meses, provocando la muerte de al menos un marinero turco e hiriendo a varios.

“Es un problema grave que ya no afecta solo a la seguridad del mar Negro, sino a la seguridad alimentaria mundial”, explicó el ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, durante una rueda de prensa este lunes, y lamentó que la guerra ha pasado de una fase de “desgaste” a una de “aniquilación del adversario”. Turquía ha intentado mantenerse neutral en el conflicto –aunque incrementando el comercio con Rusia y vendiendo a Ucrania material clave para su industria de defensa– y trata de mediar entre ambos países, afirmó Fidan, si bien anteriores ofertas para una tregua en el mar que comparten los tres países han sido rechazadas por Moscú.

Con todo, Isik cree que los ataques continuarán: “Es una necesidad que nace de las realidades sobre el terreno. Ucrania necesita con urgencia defenderse de los ataques aéreos rusos y tiene que hacer el máximo daño posible a Rusia, deteniendo sus vías de ingresar divisas que engordan la economía de guerra de Moscú. Así que Kiev no se puede permitir el lujo de pensar en los precios mundiales del petróleo”.

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