Trump trata de volver a la mesa de negociación con Irán tras dos semanas de guerra abierta

Tras 13 días consecutivos de ataques a Irán, Estados Unidos ha decidido darse un respiro para ver si hay algún resquicio para volver a negociar. El fin de la tregua a principios de julio devolvió el conflicto a su fase más caliente, con ataques ininterrumpidos de Washington y represalias de la República Islámica contra los aliados de Estados Unidos en la región. Con la situación a punto de desbordarse y un barril de petróleo que la semana pasada llegó a superar los 100 dólares, el presidente Donald Trump ha echado el freno. Su embajador ante la ONU, Mike Waltz, dijo a última hora del domingo que el propósito era dar “algo de espacio” a las negociaciones.

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Tras 13 días consecutivos de ataques a Irán, Estados Unidos ha decidido darse un respiro para ver si hay algún resquicio para volver a negociar. El fin de la tregua a principios de julio devolvió el conflicto a su fase más caliente, con ataques ininterrumpidos de Washington y represalias de la República Islámica contra los aliados de Estados Unidos en la región. Con la situación a punto de desbordarse y un barril de petróleo que la semana pasada llegó a superar los 100 dólares, el presidente Donald Trump ha echado el freno. Su embajador ante la ONU, Mike Waltz, dijo a última hora del domingo que el propósito era dar “algo de espacio” a las negociaciones.

La noche del viernes fue la primera sin bombardeos, una situación de tensa calma que se ha repetido los dos días siguientes. Pese a todo, el régimen islámico niega que haya conversaciones. Y, mucho menos, ningún tipo de alto el fuego.

La visita a Trump del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que comienza el martes, servirá para medir el grado de entendimiento entre ambos líderes que comenzaron juntos esta guerra y en la que cada vez está más claro que tienen intereses divergentes. Además, Netanyahu tiene previsto asistir al funeral del senador Lindsey Graham, fallecido el pasado 11 de julio, que fue durante décadas un gran aliado israelí en los pasillos del poder estadounidense.

La preocupación en Washington la semana pasada era evidente. En una reunión el viernes en la Casa Blanca, Trump barajó con sus asesores la posibilidad de elevar el castigo y golpear al enemigo con mucha más fuerza. En los últimos días habían muerto cuatro soldados estadounidenses, se habían incorporado al conflicto los rebeldes hutíes, aliados de Irán en Yemen, y el precio del petróleo anunciaba nuevas tensiones inflacionistas a poco más de tres meses de las elecciones de medio mandato. El republicano dijo a Axios el jueves que se estaba planteando ordenar un “ataque enorme, más grande que ninguno antes”. “Estoy cerca de tomar una decisión”, añadió. Pero, en algo que ya se ha convertido en una norma, el presidente ha vuelto a dar marcha atrás en una guerra en la que no parece haber una estrategia definida. La conclusión, al final, fue la contraria: en lugar de escalar el conflicto, se ha optado por rebajarlo. Al menos por ahora.

La relativa calma ya está teniendo efectos en los mercados. La semana pasada fue de máxima preocupación, con un barril de Brent que llegó a superar los 100 dólares y con varios analistas alertando de que podría acercarse a los 120. Ahora, las cosas se están tranquilizando: el Brent, de referencia en Europa, está en torno a los 90 dólares, y el West Texas, que marca los precios en Estados Unidos, sobre los 83.

Pero nadie garantiza que esta calma se vaya a mantener. Si en algo están de acuerdo los dos enemigos es que la pausa actual en los ataques no significa el final del conflicto. El embajador Waltz insistió en que Trump sigue barajando todas las opciones. “Lo que el presidente está haciendo es dar algo de espacio a las negociaciones”, añadió en el programa Meet the Press, del canal NBC.

Irán confirma la ausencia de nuevos ataques, pero no va más allá. “Lo que existe actualmente no se puede llamar alto el fuego”, dijo el portavoz del Ministerio de Exteriores, Ismail Bagaei, que añadió que Teherán respondería de forma “recíproca y contundente” a cualquier acción de Washington. “No tenemos actualmente ninguna negociación con Estados Unidos. Las conversaciones que mantenemos son las de Omán, centradas en establecer las medidas necesarias con el estrecho de Ormuz”, sostuvo, en unas declaraciones que recoge Efe.

El Pentágono, que se ha enfrentado a las críticas de que trataba de rebajar estas cifras, anunció el domingo un nuevo sistema de conteo. En un ejercicio de creatividad contable, el Departamento que dirige Pete Hegseth ha retirado de este listado las bajas ocurridas desde el pasado 7 de julio, el momento en el que el frágil alto el fuego entre las dos partes se rompió y volvieron los ataques por ambos bandos. Esas bajas están ahora en otra página web distinta. Pero si se juntan los dos listados, la conclusión es que el ejército estadounidense desde el inicio de la guerra el pasado 28 de febrero ha registrado 18 muertos y unos 600 heridos de diversa consideración.

En Washington no temen solo que el precio del petróleo se dispare. Fuentes del Pentágono muestran una preocupación creciente ante unos arsenales cada vez más vacíos, fruto sobre todo de la guerra de Irán, pero también del apoyo a Israel y, en el pasado, a Ucrania. Según informó el viernes NBC News, los responsables del ejército están seleccionando qué misiles y drones cargados de explosivos iraníes interceptar en un esfuerzo por preservar unas reservas de armas cada vez más menguadas. Los analistas militares estiman que, para reponer el inventario de armas, Estados Unidos necesitaría al menos cuatro años. Waltz respondió a estas preocupaciones responsabilizando en parte al anterior presidente, el demócrata Joe Biden: “Debemos dar un paso atrás y analizar la situación, ya que muchas reservas se agotaron. No solo por lo que entregamos a Ucrania durante los últimos cuatro o cinco años”.

Mientras Irán y Estados Unidos cesan las hostilidades, los rebeldes hutíes no hacen lo mismo en el mar Rojo, el otro gran foco de atención de los mercados internacionales tras el estrecho de Ormuz. La milicia yemení respaldada por Irán se atribuyó la autoría de varios ataques el sábado contra instalaciones petroleras de la compañía estatal saudí Aramco. Los hutíes ya habían bombardeado la semana pasada dos petroleros saudíes en el mar Rojo, en una muestra de que van en serio con su amenaza de bloquear el tránsito del estrecho de Bab el Mandeb, por el que pasa un 10% del crudo mundial. De cumplirse, sería un problema añadido sobre el ya existente en el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra circulaba un 20% del petróleo consumido en todo el mundo.

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