María Corina Machado, el desafío de volver

El regreso de María Corina Machado era una cuestión de vida o muerte política. La opositora es la dirigente mejor valorada de Venezuela, pero se precipitaba hacia la irrelevancia mientras la negociación con el chavismo avanzaba sin ella. Tenía dos salidas, y ninguna era buena. Podía esperar la luz verde de Washington y seguir la transición por televisión, o forzar un retorno que había prometido tantas veces que empezaba a poner en riesgo su credibilidad. Ha elegido, o le han permitido, lo segundo. Con su vuelta resuelve el problema de la distancia. El del tiempo, ahora mismo, lo controlan otros.

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 La líder opositora ha resuelto el problema de la distancia, pero no el del tiempo  

María Corina Machado
Análisis

Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

La líder opositora ha resuelto el problema de la distancia, pero no el del tiempo

María Corina Machado, en Barquisimeto, este domingo. José Miguel Alarcón (EFE)
María Martín

El regreso de María Corina Machado era una cuestión de vida o muerte política. La opositora es la dirigente mejor valorada de Venezuela, pero se precipitaba hacia la irrelevancia mientras la negociación con el chavismo avanzaba sin ella. Tenía dos salidas, y ninguna era buena. Podía esperar la luz verde de Washington y seguir la transición por televisión, o forzar un retorno que había prometido tantas veces que empezaba a poner en riesgo su credibilidad. Ha elegido, o le han permitido, lo segundo. Con su vuelta resuelve el problema de la distancia. El del tiempo, ahora mismo, lo controlan otros.

Ni siquiera está claro en qué términos ha vuelto. Su entorno asegura que contó con el beneplácito de Washington y que este llegó de manera súbita. En el chavismo, en cambio, sostienen que no hubo acuerdo ni planificación y que los propios estadounidenses están pidiendo explicaciones. El entorno de Trump también está dividido en este asunto.

La mejor pista es quizá la tibieza de Washington. Ni Trump ni Rubio han celebrado su regreso. El presidente se limitó a decir que espera que esté a salvo. El secretario de Estado escribió que las condiciones que permiten su regreso seguro son el resultado de las conversaciones de reconciliación apoyadas por EE UU. La paradoja es que Rubio presenta la vuelta de Machado como un logro de la mesa de la que ella ha sido excluida.

Machado ha vuelto después de al menos siete intentos y la gente se ha lanzado a recibirla. Ninguna otra figura de la oposición ni del chavismo se le acerca en las encuestas y ya demostró en el pasado su monumental capacidad de movilización. El sondeo de octubre de AtlasIntel para Bloomberg le da un 52% de intención de voto, frente al 19% de Delcy Rodríguez, aunque sigue habiendo una importante franja de la población que no se reconoce ni en ella ni en el chavismo. Pero Venezuela ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Machado vuelve a un país que sigue gobernado por el chavismo que la persiguió, pero que ahora está tutelado por EE UU, su antiguo aliado y amigo ahora del régimen. Washington asegura que trabaja por la redemocratización, pero su hoja de ruta pone primero la estabilización y la recuperación económica. Necesita estabilidad para que prosperen los negocios petroleros y mineros que ha puesto en marcha.

La presencia de Machado es una inevitable palanca de presión y su llegada inquieta al chavismo, aunque sus líderes no lo reconozcan. No es tan fácil dejar fuera de las conversaciones a una dirigente que recorre el país llenando plazas. No es igual de fácil gobernar, firmar acuerdos petroleros opacos y construir una alianza impensable con la Casa Blanca con una dirigente que recorre el país llenando plazas.

La calle es la fuerza de Machado, pero también un arma de doble filo. No hay ningún indicio de que las elecciones presidenciales vayan a ser antes de finales del año próximo o a comienzos de 2028. Su desafío será ese mismo calendario. Ella quiere una fecha lo antes posible, pero nadie parece dispuesto a dársela. Machado ha vuelto para no desaparecer, pero tiene ese enorme reto de sostener la calle de un país cansado, no romper con Washington y conservar su capital político hasta unas elecciones que todavía no tienen fecha.

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