Irán hace una exhibición de fuerza ante Estados Unidos con un funeral masivo por Ali Jameneí

Cientos de miles de personas abarrotaban este sábado las calles del centro de Teherán y la explanada de la enorme mezquita Imán Jomeiní o Gran Mosalla, donde el ataúd del ayatolá Ali Jameneí, segundo líder de la República Islámica de Irán, está expuesto al público en su capilla ardiente desde primeras horas de la mañana. Muchos iraníes de riguroso luto y entre lágrimas desfilaban entre esa multitud que participaba así en la despedida al líder de 86 años, que murió en un bombardeo de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero, el primer día de la guerra.

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 La República Islámica moviliza a cientos de miles de personas en el primer día de las exequias de su líder supremo, que murió en un bombardeo de Israel y EE UU el 28 de febrero  

Cientos de miles de personas abarrotaban este sábado las calles del centro de Teherán y la explanada de la enorme mezquita Imán Jomeiní o Gran Mosalla, donde el ataúd del ayatolá Ali Jameneí, segundo líder de la República Islámica de Irán, está expuesto al público en su capilla ardiente desde primeras horas de la mañana. Muchos iraníes de riguroso luto y entre lágrimas desfilaban entre esa multitud que participaba así en la despedida al líder de 86 años, que murió en un bombardeo de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero, el primer día de la guerra.

Los ritos funerarios islámicos recogen que los musulmanes sean enterrados antes de 24 horas tras la muerte. La guerra retrasó estas exequias más de cuatro meses, pero este funeral pospuesto será ahora multitudinario, largo y cargado de simbolismo, a la altura del mensaje que el régimen iraní quiere transmitir a sus enemigos con este adiós a su líder. Ese mensaje es que el sistema político que rige Irán desde 1979 ha salido firme de la guerra y cuenta aún con una base de apoyo entre su propia población, cuando la contienda ha quedado en suspenso por un frágil acuerdo de alto el fuego.

“Aún no puedo creer que haya muerto”, aseguraba a la agencia Efe Mehdi, un empleado de 51 años, que acudió a la Gran Mosalla junto con su hijo adolescente. “Es como si hubiera perdido a mi padre. La tristeza es inmensa”, decía este hombre. Mohamad Hosein, un jubilado de 64 años, no podía parar de llorar mientras definía a Jameneí como “la personalidad más grande del mundo”.

Todo parece significativo en unas ceremonias en las que, según confían las autoridades iraníes, podrían participar entre 10 y 20 millones de personas en cinco ciudades, todas santas para los chiíes, excepto la capital iraní, sede del poder político. Además de Teherán, los restos del líder viajarán por tierra esta semana a Qom, en Irán, y a Nayaf y Kerbala, en Irak. Las ceremonias fúnebres concluirán el 9 de julio en Mashhad, la ciudad iraní donde nació Jameneí en 1939. El mandatario será enterrado allí en el santuario del imán Reza, cuya tumba es uno de los lugares de peregrinación más importantes para los chiíes y atrae a millones de visitantes cada año.

Si el lugar elegido para la sepultura de Jameneí prácticamente lo coloca en el plano simbólico de la santidad chií, tampoco parecen casuales las fechas elegidas para este periplo fúnebre. Las ceremonias que ya han arrancado tienen lugar durante el mes lunar del calendario islámico de Muharram, asociado en el islam chií con el duelo, la traición, el martirio y también la idea de la resistencia y la venganza. La fecha para la inauguración oficial del funeral apunta a quién va dirigido ese recado. El día de hoy, el elegido para la inauguración oficial del funeral, apunta a quién va dirigido ese recado. Este 4 julio es la fiesta de la Independencia de Estados Unidos. No una más, sino la que conmemora su 250 aniversario.

La República Islámica no solo subraya así la condición de “mártir” de su líder y la legitimidad religiosa que ello supone para los chiíes, sino que también apunta a que la guerra no ha cambiado uno de los pilares de su ideología: la confrontación con Estados Unidos e Israel.

Por si ese mensaje no había quedado claro, Irán ha nombrado este sábado al almirante Ali Ozmaei como nuevo jefe de la Armada de la Guardia Revolucionaria, el poderoso ejército paralelo iraní que pretende seguir controlando el estrecho de Ormuz, convertido en el principal desafío del pulso entre Teherán y Washington. El puesto estaba vacante desde que Israel matara a su predecesor en marzo, en un bombardeo como el que acabó con Jameneí.

Las imágenes de la televisión estatal iraní han mostrado este sábado el ataúd de Jameneí cubierto con la bandera del país y coronado con su turbante negro, la prenda que indica la descendencia del profeta Mahoma. El féretro, flanqueado por los de los cuatro familiares que perecieron con él en el bombardeo —incluido un ataúd diminuto para su nieta de 14 meses—, se ha instalado al aire libre bajo una vitrina en una gran plataforma negra que se asemeja a la Kaaba, la estructura cúbica en el centro de la Gran Mezquita de La Meca, en Arabia Saudí, el lugar hacia donde todos los musulmanes del mundo miran al rezar.

“Muerte a Estados Unidos” coreaba la multitud reunida en la Gran Mosalla de Teherán, mientras, en otros puntos de la ciudad, otros partidarios de la República Islámica clamaban: “Nuestro lema es una palabra: venganza, venganza” y “Mataremos, mataremos a quien mató a nuestro imán [Jameneí]”.

“Todos aquí han venido a vengar la sangre de su líder supremo”, aseguraba a la agencia Reuters Arash Rahimi, de 40 años, entre la multitud que honraba al líder asesinado en Teherán. “Tenemos una venganza de sangre con Estados Unidos. Nuestras relaciones con Estados Unidos nunca serán buenas”, concluía este iraní.

La asistencia a las exequias no ha sido una decisión voluntaria para todos los ciudadanos que participaban en ellas, según un testimonio recogido por este diario bajo condición de anonimato. “Todos los altos cargos, como los directivos, están obligados a asistir. En el Ayuntamiento [de Teherán], la asistencia es todavía más obligatoria para los funcionarios y empleados municipales”, escribe en un mensaje una mujer que trabaja en un ministerio iraní.

Las autoridades iraníes no han dejado nada al azar para garantizar una afluencia masiva a las exequias. Han ofrecido transporte, comida y alojamiento gratuito a quienes participen en los actos fúnebres. El Gobierno iraní ha instalado en la capital al menos 16 panaderías móviles que reparten pan a la multitud. Bajo el intenso calor del verano en Teherán, numerosos aspersores rociaban este sábado de agua a las personas que abarrotaban la explanada frente a la Gran Mosalla, donde se encuentra la capilla ardiente del líder supremo y de sus familiares.

Teherán se ha blindado también estos últimos días para el funeral, con numerosas calles del centro cerradas al tráfico y el espacio aéreo severamente restringido hasta el próximo lunes para evitar posibles ataques israelíes o atentados de grupos terroristas como el Estado Islámico.

Una de las incógnitas de las exequias empieza, mientras tanto, a despejarse. Ese interrogante era el que pendía sobre la posible participación en el funeral del hijo de Ali Jameneí y nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, amenazado de muerte por Estados Unidos y que no ha aparecido en público desde el bombardeo que mató a su padre, en el que se cree que también él resultó herido. Ni el actual mandatario, ni ninguno de sus tres hermanos, han participado hasta ahora en las ceremonias públicas. Según el portal opositor en el exilio Iran International, en la lista de clérigos que dirigirán las oraciones fúnebres durante la semana de fastos no figura el nuevo líder.

El jueves, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, aseguró a la televisión estatal IRIB TV que dignatarios de más de 100 países asistirán a las ceremonias, entre ellos varios jefes de Estado y de Gobierno, ninguno de ellos occidental.

Uno de estos mandatarios es Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán, el país mediador junto con Qatar del acuerdo de paz con Estados Unidos. Otro, el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián. Entre los jefes de Estado, figuran los presidentes de Irak, Nizar Amidi, y de Tayikistán, Emomalí Rahmon.

Rusia y China —las dos potencias que apoyan a Irán, aunque con muchos matices— han enviado respectivamente al vicepresidente del Consejo de Seguridad y expresidente del país, Dmitri Medvedev, y al vicepresidente del Comité Permanente del Parlamento chino, He Wei. En las ceremonias reservadas a los mandatarios extranjeros, que presentaron el viernes sus respetos ante el ataúd del fallecido líder en un velatorio cerrado al público, ha llamado la atención la inesperada presencia de una delegación de Arabia Saudí, si bien de segundo rango, uno de los países atacados por Irán como represalia a los bombardeos de Israel y Estados Unidos.

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