Irán despide a Ali Jameneí, su anterior líder supremo, en un funeral con aire de plebiscito que espera multitudinario

Irán ha dado comienzo este viernes a una semana de exequias por Ali Jameneí, líder supremo del país durante casi 37 años hasta su muerte, un funeral que se ha pospuesto durante cuatro meses a causa de la guerra desatada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Las autoridades iraníes calculan que hasta 20 millones de personas pueden participar en unas honras fúnebres que esperan que den un espaldarazo a su legitimidad, tanto a escala internacional como frente a la base de apoyo que conserva entre la población iraní.

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 La República Islámica blinda su capital para evitar ataques durante las ceremonias como el que mató al mandatario el 28 de febrero  

Irán ha dado comienzo este viernes a una semana de exequias por Ali Jameneí, líder supremo del país durante casi 37 años hasta su muerte, un funeral que se ha pospuesto durante cuatro meses a causa de la guerra desatada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Las autoridades iraníes calculan que hasta 20 millones de personas pueden participar en unas honras fúnebres que esperan que den un espaldarazo a su legitimidad, tanto a escala internacional como frente a la base de apoyo que conserva entre la población iraní.

Un importante líder religioso iraní, el ayatolá Mohammad Saidi, incluso ha equiparado una asistencia multitudinaria a los fastos con una especie de plebiscito al sistema político del país. Antes de la guerra con Israel y Estados Unidos, la República Islámica afrontaba sus horas más bajas a causa de la represión de las protestas antigubernamentales de enero que provocó miles de muertos. Al menos 7.000 iraníes murieron en esas manifestaciones sofocadas incluso con ametralladoras pesadas, según organizaciones de derechos humanos iraníes en el exilio.

“La gran afluencia de público a la procesión fúnebre del líder mártir [Jameneí] y los demás mártires será, en efecto, otro referéndum para la República Islámica”, ha declarado Saidi a los medios oficiales iraníes, en alusión a la consulta de 1979 en la que los iraníes respaldaron a la República Islámica con un apoyo del 98%.

Los funerales tendrán lugar en Irán e Irak. El féretro del mandatario y los de los familiares que perecieron con él en un bombardeo de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero (su hija, su nieta, su yerno y su nuera) serán honrados en varias urbes iraníes y en las ciudades santas iraquíes de Nayaf y Kerbala, antes de que el líder fallecido reciba sepultura en su localidad natal, Mashad, en Irán, también sagrada para los chiíes.

La capital iraní se ha blindado para la ceremonia, con numerosas calles del centro cerradas al tráfico y el espacio aéreo severamente restringido hasta el próximo lunes. Se quieren evitar posibles ataques israelíes o atentados de grupos como el Estado Islámico, que en 2024 mató a 95 personas cuando hizo explotar dos bombas contra la multitud que se había congregado en Kermán para recordar al comandante de la Guardia Revolucionaria, Qasem Soleimani, en el cuarto aniversario de su asesinato por parte de Estados Unidos.

Los ataúdes con los cuerpos de Jameneí y sus parientes –incluido uno minúsculo para su nieta de 14 meses, Zahra Mohamadi Golpayegani – están expuestos desde el viernes por la mañana en el inmenso complejo religioso de la Gran Mosalá de Teherán para que la población les presente sus respetos a partir del sábado. Los actos religiosos y protocolarios comenzaron ya en la noche del jueves al viernes, con la asistencia, entre otros, del general de brigada Ahmad Vahidi, jefe de la Guardia Revolucionaria, a quien no se había visto en público desde el inicio de la guerra.

A Vahidi, amenazado de muerte por Israel, se le considera el cerebro de la línea dura adoptada por Irán durante la guerra y en las negociaciones con Estados Unidos. Es uno de los escasos iraníes de quienes se da por hecho tienen contacto directo con el hijo de Jameneí y actual líder supremo, Mojtaba Jamenei, oculto también desde el primer día de la guerra y que se cree resultó herido en el bombardeo que mató a su padre. La principal incógnita que planea sobre las exequias es, de hecho, si el nuevo líder reaparecerá en público arriesgándose a que Israel lo mate, como ya hizo con su progenitor.

Invitar a delegaciones extranjeras a los funerales de un jefe de Estado es una práctica habitual, pero en el caso de Irán ese proceder diplomático esperable tiene otros matices. Se considera, por ejemplo, que uno de los motivos por los que la República Islámica ha remitido cientos de invitaciones a personalidades extranjeras es que su presencia disuada a Israel de aprovechar el momento para eliminar a altos cargos del régimen iraní, especialmente a Mojtaba Jameneí, si es que aparece en las ceremonias. Según funcionarios estadounidenses citados este viernes por The New York Times, Israel planeó asesinar el pasado abril al presidente del Parlamento iraní, Mohamed Bagher Ghalibaf, y al ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchí, cuando ambos líderes negociaban ya con Washington un acuerdo de paz.

Todo apunta también a que el régimen iraní aspira a marcar músculo internacional tras sobrevivir a una guerra de la que se ve vencedor. El jueves, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, aseguró, en una entrevista con la televisión estatal IRIB TV, que dignatarios de más de 100 países asistirán a las ceremonias, entre ellos varios jefes de Estado y de Gobierno.

Uno de ellos es Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán, el país mediador junto con Qatar del acuerdo de paz con Estados Unidos. Otro, el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián. Entre los jefes de Estado, figuran los presidentes de Irak, Nizar Amidi, y de Tayikistán, Emomalí Rahmon.

Rusia y China -las dos potencias que apoyan a Irán, aunque con muchos matices- han enviado respectivamente al vicepresidente del Consejo de Seguridad y expresidente del país, Dmitri Medvedev, y al vicepresidente del Comité Permanente del Parlamento chino, He Wei. Algunos de estos responsables ya han desfilado esta mañana ante el ataúd de Jameneí y de sus familiares.

La víspera, el féretro había sido descubierto ante una multitud de seguidores que sollozaban golpeándose la cabeza, siguiendo el ritual chií del duelo, mientras arrojaban flores a un féretro sobre el que aparecía posado un turbante negro: el símbolo de la descendencia directa del profeta Mahoma. Para muchos iraníes, Jameneí no era solo el jefe de Estado, sino también el representante en la Tierra del duodécimo imán del islam chií, que los fieles de esa rama minoritaria del Islam (en Irán es mayoritaria) creen desapareció en el siglo IX.

La despedida de Jameneí tiene, sobre todo, una lectura interna; la de ese “referéndum” al que ha aludido el ayatolá Saidi. La República Islámica considera que ese resultado simbólico es crucial. Sobre todo porque numerosos expertos consideran que el sistema político implantado en Irán hace 47 años solo puede contar ahora, en el mejor de los casos, con el apoyo de un tercio de una población de 90 millones de habitantes.

De ahí que las autoridades iraníes no hayan dejado la afluencia al funeral de Estado en manos del azar. Además de ofrecer transporte, alojamiento y manutención gratuitas a los iraníes que quieran asistir a las exequias, medios en el exilio como Iran Internacional informan este viernes de presiones a funcionarios y trabajadores de empresas vinculadas al Estado para que participen en a las ceremonias. Ese portal cita a un habitante de Teherán que asegura haber recibido un mensaje de texto para prohibirle abrir sus oficinas y ordenarle que participara en las exequias.

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