
“Por fin se largan”, murmura Lothar Malitzke mientras da una calada a su cigarrillo. Equipos de la policía desinstalaban el miércoles las barreras de protección que habían colocado frente a su casa. Malitzke ha residido los 83 años de su vida en Neuhardenberg, un pueblo de 3.000 habitantes del estado de Brandeburgo, en el este de Alemania. Su vivienda se encuentra frente al castillo de Neuhardenberg, en el centro del municipio, donde el 25 y 26 de agosto se hospedaron los ministros del Gobierno alemán en unas jornadas de trabajo. Durante dos días prácticamente no había un alma en las calles del municipio. Pero cuando el cónclave político terminó, la vida volvió de repente a la normalidad y los vecinos salieron de nuevo a pasear.

En Neuhardenberg se reúne el Gobierno federal desde hace más de 20 años, un municipio donde predomina la nostalgia por la RDA y la mayoría de la población vota a la extrema derecha
“Por fin se largan”, murmura Lothar Malitzke mientras da una calada a su cigarrillo. Equipos de la policía desinstalaban el miércoles las barreras de protección que habían colocado frente a su casa. Malitzke ha residido los 83 años de su vida en Neuhardenberg, un pueblo de 3.000 habitantes del estado de Brandeburgo, en el este de Alemania. Su vivienda se encuentra frente al castillo de Neuhardenberg, en el centro del municipio, donde el 25 y 26 de agosto se hospedaron los ministros del Gobierno alemán en unas jornadas de trabajo. Durante dos días prácticamente no había un alma en las calles del municipio. Pero cuando el cónclave político terminó, la vida volvió de repente a la normalidad y los vecinos salieron de nuevo a pasear.
“Nadie quiere a esta gente aquí”, repetía Malitzke.

Las reuniones del Gobierno alemán en Neuhardenberg se suceden de forma intermitente desde hace dos décadas. La primera vez fue en 2004, por iniciativa de Gerhard Schröder. El excanciller eligió el lugar como símbolo de la lucha por la democracia: en el castillo se ideó en 1944 el atentado fallido del coronel Claus von Stauffenberg para asesinar a Adolf Hitler.
El objetivo es crear espíritu de equipo en los Gobiernos de coalición y preparar el curso político tras el verano. Imágenes del impresionante palacio barroco y de sus jardines aparecen en medios nacionales e internacionales. Neuhardenberg está por unos días en todas las pantallas. “No necesitamos esta promoción, el pueblo ya era de sobra conocido antes de que llegaran estos”, dice Malitzke: “¿Sabía usted que aquí había unas de las bases aéreas más importantes de la República Democrática Alemana (RDA)? Pues la base y sus empleos se fueron al traste, como todo, tras la reunificación”.

En el aeródromo tienen la sede unas pocas empresas, como una planta fotovoltaica. En uno de los accesos a la antigua base militar dan la bienvenida dos banderas de la extinta RDA. “En Neuhardenberg tenía su avión oficial Erick Honecker [presidente de la RDA], desde aquí viajaba él, era un orgullo para el pueblo”, dice Rocko B. (prefiere no revelar su apellido), un amante local de la historia. Ante su casa tiene el busto de Karl Marx que recuerda que durante la RDA, el pueblo fue rebautizado como Marxwalde, en honor al padre del socialismo. Neuhardenberg tiene otras calles centrales dedicadas a referentes del comunismo, desde Friedrich Engels a Ernst Thälmann.
“Esta gente vive al margen de la realidad”, dice Marco Kube, responsable de la oficina de turismo del pueblo: “En otras ocasiones dejaban que la gente se acercara al palacio, incluso para charlar algo con los vecinos, ahora esto era imposible”. “De todas formas, si Friedrich Merz [el canciller] se acercara aquí, tampoco me apetecería hablar con él, no es bienvenido en el pueblo”, añade este joven de 32 años.
La realidad que evita afrontar la coalición de Gobierno de la CDU de Merz, los socialdemócratas del SPD y los bávaros de la CSU, según Kube, es el malestar que alimenta a AfD. El partido de extrema derecha recibió un 50,6% de los votos de Neuhardenberg en las elecciones federales de 2025. En el estado vecino de Sajonia-Anhalt, donde en una semana se celebran elecciones, AfD aspira a obtener la mayoría absoluta.

La extrema derecha está cerca de llegar al poder por primera vez en la Alemania democrática. Los dos grandes partidos del sistema, la CDU y el SPD, se hunden en las encuestas, pero no solo en Sajonia-Anhalt, también en Berlín, donde hay elecciones en septiembre.
La tendencia es la misma en el conjunto del país, pero en la Alemania del este es donde el mensaje antisistema y radical de AfD cala más. “Yo no soy fan de ellos, por sus orígenes [muchos de sus dirigentes vienen del neonazismo], pero tienen cosas buenas, sobre todo que son más próximos a la gente y que velan más por los intereses nacionales”.
Un miembro del equipo de Merz valoró el miércoles que los potenciales votantes de partidos progresistas en pueblos como Neuhardenberg se han ido a grandes ciudades, y que en el municipio es entonces más fácil alimentar ideas reaccionarias. Malitzke dice que vota por Die Linke, el partido de izquierdas heredero sociológico del SED, la formación que gobernó la dictadura de la RDA, pero admite que AfD “lo hace muy bien con los jóvenes”: “Tienen una estrategia que les atrae, son próximos a ellos”.

AfD se nutre también de la nostalgia por la RDA, por un pasado idealizado en lugares como Sajonia-Anhalt o Neuhardenberg. Malitzke, por ejemplo, enumera las importantes cooperativas agrícolas que desaparecieron tras la reunificación y para las que él trabajó como ingeniero agrónomo. Pero no solo son las personas de mayor edad como él que se sienten hoy peor que en tiempos del régimen comunista. Simone Wills tiene 51 años y es maestra: “Para mí la RDA fue una época de una infancia bonita, se vivía bien, y había más ayudas para criar a los niños”. Preguntada sobre cuál es su voto, se limita a responder que es “para aquellos que pueden cambiar la situación”.
Valentina Kocher regaba el miércoles las flores de sus familiares en el cementerio de Neuhardenberg. Su edad está próxima a la jubilación, dice. Reconoce que ha votado por AfD. ¿Los motivos? “No lo sé, quizá porque es algo nuevo y transmiten ilusión. Pero acabarán siendo como el resto de partidos cuando manden”. No sabe decir si vive peor o mejor que en la RDA, pero sí se siente más insegura. “Ahora hay más criminalidad, quizá en la RDA también había, ¡pero entonces es que la escondían mejor!”.
Recuperar a Rusia
Todos los entrevistados también coinciden en criticar al Gobierno por su enfrentamiento con Rusia desde que estalló la invasión de Ucrania. “Rusia es un país amigo, no es ninguna amenaza”, afirma Wills. Algunos vecinos chapurrean el ruso con orgullo. AfD tiene a Vladímir Putin como un referente y quiere recuperar las relaciones con Rusia. En su programa electoral para Sajonia-Anhalt propone que el ruso sea la lengua extranjera de aprendizaje en las escuelas en vez del inglés.
Las comparecencias de los ministros ante los periodistas en el castillo de Neuhardenberg se celebraban frente a una enorme estrella roja y unas lápidas grabadas en ruso. Es un homenaje a los soldados del Ejército rojo fallecidos en el lugar en 1945, en su avance para tomar Berlín. Rocko B., el historiador local aficionado, asegura que todavía hoy en su jardín desentierra objetos de los combates de la Segunda Guerra Mundial. El monumento tiene una mención especial a Fedor Marchenko, un joven oficial que destacó por su heroísmo. La ironía es que Marchenko era ucranio.
Kobe explica que en Neuhardenberg todavía viven rusos de la época soviética, y confirma que no tienen vecinos de Ucrania pese a que a Alemania han llegado más de un millón de refugiados del país invadido. Este joven dice no votar a AfD pero suscribe uno de sus mantras recurrentes de campaña electoral: Ucrania recibe demasiado dinero de Berlín, dinero que debería ser gastado en mejorar la vida de los alemanes.
El mismo día que Kobe comentaba esto a EL PAÍS, Merz afirmó frente a la estrella roja del castillo que su país mantendría “por mucho tiempo un fuerte apoyo a Ucrania”. Las encuestas aseguran que las elecciones de septiembre en el este también castigarán a los partidos del Gobierno por la ruptura con los camaradas de Moscú.
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