El primer ministro de Moldavia, Alexandru Munteanu, ha anunciado este viernes su dimisión, cuando han pasado menos de tres semanas desde que esta exrepública soviética iniciara las negociaciones para adherirse a la Unión Europea (UE). Munteanu, que asumió el cargo hace apenas ocho meses, ha comunicado oficialmente su renuncia después de reunirse el jueves con la presidenta moldava, la europeísta Maia Sandu. Su salida coincide con la presentación de un paquete de reformas fiscales, como el aumento del IVA sobre alimentos y servicios básicos, así como incrementos salariales para los empleados públicos, que generó un fuerte rechazo social y protestas en las calles. Y también con una crisis política provocada por un escándalo en MoldATSA —la empresa estatal responsable de gestionar el espacio aéreo del país— que ya ha desencadenado una cascada de dimisiones.
El país, una exrepública soviética que ha iniciado las negociaciones para adherirse a la Unión Europea, afronta el rechazo social tras la presentación de un paquete de reformas fiscales
El primer ministro de Moldavia, Alexandru Munteanu, ha anunciado este viernes su dimisión, cuando han pasado menos de tres semanas desde que esta exrepública soviética iniciara las negociaciones para adherirse a la Unión Europea (UE). Munteanu, que asumió el cargo hace apenas ocho meses, ha comunicado oficialmente su renuncia después de reunirse el jueves con la presidenta moldava, la europeísta Maia Sandu. Su salida coincide con la presentación de un paquete de reformas fiscales, como el aumento del IVA sobre alimentos y servicios básicos, así como incrementos salariales para los empleados públicos, que generó un fuerte rechazo social y protestas en las calles. Y también con una crisis política provocada por un escándalo en MoldATSA —la empresa estatal responsable de gestionar el espacio aéreo del país— que ya ha desencadenado una cascada de dimisiones.
“Hoy termino mi mandato como primer ministro”, ha escrito Munteanu en su cuenta de Facebook. Permanecerá al frente del Ejecutivo de forma interina hasta el nombramiento de un sucesor. En su mensaje ha explicado que había aceptado el cargo “con gran responsabilidad y con la firme convicción de que podía contribuir a que las cosas cambiaran para mejor”. “En el momento en que comprendí que ya no podía ejercer mi mandato de acuerdo con los principios y las convicciones que tengo, decidí marcharme”, ha afirmado.
Poco después del anuncio, Sandu compareció ante la prensa para desmentir las versiones que apuntaban a un enfrentamiento por la falta de autonomía del primer ministro. “Las especulaciones de que quería luchar contra los abusos y que no tenía libertad de acción son falsas. Él decidió irse”, afirmó. No obstante, aprovechó para lanzar un reproche: “Esperábamos mayor implicación, más decisiones y mayor apertura para escuchar a la gente”. La presidenta insistió en que el Ejecutivo necesita un compromiso más firme con reformas clave, especialmente en materia fiscal y salarial. Paralelamente, el canal de Telegram especializado en información política Casa de Nebuni (Casa de Locos) aseguró que ambos mantuvieron una “acalorada discusión” durante la reunión celebrada el jueves.

El desgaste político de Munteanu ya era visible. Una encuesta de la firma demoscópica IMAS, publicada en febrero y citada por Unimedia, reflejaba que casi el 40% de los encuestados otorgaba una valoración negativa al primer ministro. El mismo medio publicó además que parte de los negocios de Munteanu eran gestionados por un abogado chipriota sancionado internacionalmente por la guerra de Rusia contra Ucrania, quien también presta servicios financieros al oligarca ruso Alisher Usmánov, estrecho colaborador del Kremlin, para proteger su patrimonio de las sanciones occidentales.
La oposición aprovechó inmediatamente la dimisión para reclamar elecciones anticipadas. “El primer ministro abandonó a tiempo un barco que ya se había hundido. Tomó la decisión correcta. La sociedad espera y exige elecciones anticipadas”, declaró Igor Dodon, líder del Partido de los Socialistas en el Parlamento.
Crisis de credibilidad
Designado tras las elecciones legislativas de septiembre de 2025, en las que el Partido Acción y Solidaridad (PAS) derrotó con claridad a las fuerzas prorrusas, uno de los principales objetivos de Munteanu era avanzar en el proceso de adhesión de Moldavia, un país de 2,6 millones de habitantes, a la Unión Europea. El Gobierno mantiene como horizonte el año 2030 para culminar ese proceso. En ese contexto, Sandu también ha defendido públicamente la posibilidad de una futura reunificación con Rumania como vía para acelerar la integración europea.
Bucarest, por su parte, ya ha comenzado a abrir el debate jurídico. El Parlamento rumano aprobó el 24 de junio una iniciativa legislativa que permitiría al Gobierno negociar una eventual unión con Chisináu, una propuesta impulsada por la controvertida eurodiputada Diana Șoșoacă, conocida por sus posiciones prorrusas. De prosperar, el proceso sería comunicado a la OTAN, la Unión Europea y Estados Unidos.
Sin embargo, la dimisión del primer ministro se produce en plena crisis de credibilidad del Gobierno y de la propia presidencia a raíz de las revelaciones sobre presuntos abusos e irregularidades en MoldATSA. Esta empresa estatal quedó en el centro de la polémica después de que su director, Dumitru Vangheli, fue acusado de falsear datos sobre su formación y experiencia profesional, según apuntaba una investigación del diario Ziarul de Gardă publicada el 18 de junio.
Según esa información, Vangheli aseguró haber obtenido una licencia de piloto en una de las principales academias privadas de Canadá y haber trabajado durante dos años para Air Canada, informaciones que, según el periódico, no se correspondían con la realidad. Cuatro días después, la Agencia de Bienes Públicos lo destituyó alegando una “pérdida de confianza”.
El escándalo se amplió poco después. Una investigación de RISE Moldova, una organización formada por periodistas investigativos, reveló que Anastasia Taburceanu, prima de la presidenta Sandu, había percibido cerca de 50.000 euros en menos de un año como portavoz de MoldATSA. Según esa revelación, su salario mensual rondaba los 6.000 euros en 2026, unas ocho veces el salario medio del país y casi cuatro veces superior al de la propia presidenta. Taburceanu presentó posteriormente su dimisión y anunció que devolvería las primas y complementos salariales percibidos.
La cadena de renuncias continuó el 29 de junio, cuando el diputado del PAS Radu Marian, quien había propuesto a Vangheli para dirigir MoldATSA, abandonó la presidencia de la Comisión Parlamentaria de Economía, Presupuesto y Finanzas. Horas más tarde también dimitió Roman Cojuhari, director de la Agencia de Bienes Públicos.
Ante la magnitud de la crisis, Sandu anunció el miércoles una “limpieza general” de las instituciones del Estado. La presidenta sostuvo que las irregularidades detectadas en MoldATSA y otros casos similares son incompatibles con los valores que promueve su Gobierno y anunció una batería de medidas para reforzar los controles, entre ellas la revisión del sistema de nombramientos para altos cargos, la implicación del Servicio de Información y Seguridad y del Centro Nacional Anticorrupción en esos procesos, la reevaluación de los consejos de administración de las empresas públicas y una regulación más estricta de las remuneraciones de sus miembros.
Por ahora, la presidenta iniciará consultas con los grupos parlamentarios para proponer un nuevo primer ministro. “Necesitamos replantearnos varias decisiones, incluida la política fiscal”, afirmó. Por su parte, el líder del PAS y presidente del Parlamento, Igor Grosu, aseguró que la formación, que cuenta con mayoría absoluta, analizará en los próximos días “las medidas necesarias para el próximo periodo, incluidas las reformas clave, la política fiscal y la legislación laboral”. “Escucharemos diferentes opiniones y analizaremos con detenimiento las expectativas de la sociedad. Lo más importante es mantener sin interrupciones el proceso de adhesión a la Unión Europea”, concluyó.
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