Cheng Li-wun, líder de la oposición en Taiwán: “No queremos convertirnos en la próxima Ucrania”

Cheng Li-wun, presidenta del Kuomintamg (KMT), principal partido de la oposición en Taiwán, el jueves 21 de mayo en la sede de su partido.

A la política taiwanesa Cheng Li-wun, que es de estatura considerable, se la oye llegar taconeando con sus grandes zancadas por el pasillo de la sede del Kuomintang (KMT), el principal partido de la oposición en Taiwán. En abril, cuando estuvo de visita en Pekín, miraba desde la misma altura al presidente chino, Xi Jinping. En la foto que inmortaliza el encuentro en el Gran Salón del Pueblo no sonríen; tampoco se muestran distantes. Mantienen un gesto neutro, quizá a la espera de cómo se den los próximos años.

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 Tras reunirse en abril con Xi Jinping, la presidenta del KMT defiende en esta entrevista un acercamiento con Pekín para evitar el conflicto en el estrecho  

A la política taiwanesa Cheng Li-wun, que es de estatura considerable, se la oye llegar taconeando con sus grandes zancadas por el pasillo de la sede del Kuomintang (KMT), el principal partido de la oposición en Taiwán. En abril, cuando estuvo de visita en Pekín, miraba desde la misma altura al presidente chino, Xi Jinping. En la foto que inmortaliza el encuentro en el Gran Salón del Pueblo no sonríen; tampoco se muestran distantes. Mantienen un gesto neutro, quizá a la espera de cómo se den los próximos años.

La cita marcó un hito en las siempre turbulentas relaciones en el estrecho. Con los canales de comunicación oficiales rotos entre Pekín y Taipéi desde 2016, Cheng (Kouhu, Taiwán, 1969) ha sido la primera presidenta en ejercicio de su formación que viaja a la capital china para entrevistarse con Xi en una década. Fue un encuentro coreografiado para lanzar un mensaje conciliador. Gustó en Pekín y gustó en el ala más dura de Taiwán, que aboga por restañar los lazos. Pero muchos en la isla se preguntaron por el coste de un hipotético acercamiento en términos de libertades democráticas.

Cheng, que lidera el histórico KMT desde otoño, estrecha la mano con una sonrisa y se expresa a lo largo de esta entrevista, celebrada la semana pasada en Taipéi, con tono alto y contundente, un poco como si estuviera dando un mitin. Habla en mandarín, que traduce una intérprete, aunque a veces salta al inglés. “Hoy todo el mundo teme que estalle una guerra en el estrecho”, sostiene. “No queremos convertirnos en la próxima Ucrania”. Pero su apuesta para evitar el choque no pasa por fiarlo todo a la disuasión militar, sino por redoblar los canales de comunicación políticos y ciudadanos, una postura que le ha granjeado críticas por ser demasiado “pro Pekín”.

En la compleja madeja de intereses que pivotan sobre la isla autogobernada, uno de los puntos geopolíticos más calientes del planeta, las autoridades comunistas ven en el KMT, y en ella, una oportunidad de aproximación. El actual presidente taiwanés, Lai Ching-te, del Partido Progresista Democrático (PPD), es tachado en cambio desde Pekín como un “peligro” por sus inclinaciones secesionistas.

Desde que Lai llegó al poder en 2024, China ha lanzado numerosas rondas de maniobras militares en el estrecho. Pekín considera a Taiwán una provincia rebelde a reunificar de forma pacífica, pero sin renunciar al uso de la fuerza si fuera necesario. De modo que si hubiera elecciones mañana, con toda probabilidad el gigante asiático lo apostaría casi todo a una victoria de Cheng Li-wun.

La líder del KMT asegura que, durante su entrevista con Xi, percibió “buena voluntad” y “un afecto genuino hacia Taiwán”. Ese encuentro “ha permitido que todos comprendamos claramente que el intercambio pacífico entre las dos orillas es absolutamente viable, y que no requiere que ninguna de las partes haga sacrificios contrarios a sus intereses o voluntad”, agrega. “Si realmente queremos construir una relación duradera y pacífica entre las dos orillas, no podemos en ningún caso sacrificar la democracia de Taiwán ni su forma de vida”.

Mientras Cheng atiende las preguntas de EL PAÍS, desde un lienzo en la pared observa la escena Sun Yat-sen, fundador del KMT y primer presidente de la República de China. Es un icono compartido entre las dos orillas. A su muerte, lo sucedería al frente de la formación Chiang Kai-shek, cuyas tropas nacionalistas fueron derrotadas en la guerra civil china por los comunistas de Mao Zedong. Este fundó la República Popular China; los vencidos, bajo la batuta de Chiang, huyeron a Taiwán y establecieron una especie de Gobierno en el exilio del régimen caído, la República de China (sigue siendo su nombre oficial). Ese viejo conflicto ha llegado a nuestros días envuelto en un delicadísimo equilibrio diplomático entre China y Estados Unidos.

―¿Qué tipo de garantías le transmitió Xi Jinping? Mucha gente teme que el modelo sea el mismo que el de Hong Kong.

―Taiwán nunca será la próxima Hong Kong, porque son dos casos completamente distintos.

Cheng asegura que Xi reconoció y respetó que el pueblo taiwanés ha elegido y desarrollado un modo de vida “completamente diferente” al de China continental. “Él espera que haya un respeto y un reconocimiento mutuos”. Es decir, que Taiwán también muestre deferencia hacia los avances de China. “Ambas partes han alcanzado grandes logros, y esos logros pertenecen a la nación china en su conjunto”.

En su visión pragmática, el acercamiento comienza con intercambios culturales, deportivos, religiosos, comerciales y académicos “para acortar distancias y disolver hostilidades”, y cree que será necesario desarrollar mecanismos para garantizar que fluyan con normalidad. “Espero construir una plataforma de paz grande, muy estable y sostenible en el tiempo”. Conllevará, dice, un “esfuerzo enorme”.

―¿Supondrá renunciar a la soberanía?

―No habrá un salto inmediato a la cuestión de la soberanía, y tampoco será necesario sacrificar la democracia, el Estado de derecho y las libertades de las que disfruta hoy Taiwán. En absoluto. Necesitaremos en el futuro más creatividad y nuevas fórmulas institucionales.

Su viaje a Pekín gozó del don de la sincronicidad: al poco, aterrizó en la capital china el presidente estadounidense, Donald Trump, al que Xi aleccionó sobre Taiwán: es “el asunto más importante” en la relación con Washington, remarcó el líder chino, y, mal gestionado, podría derivar en una situación “extremadamente peligrosa” y llevarles “incluso a conflictos”.

Al término de la cumbre, Trump aseguró en una entrevista: “No busco que alguien declare la independencia y tengamos que viajar 9.500 millas [unos 15.000 kilómetros] para librar una guerra […] No quiero que alguien diga ‘vamos a ser independientes porque Estados Unidos nos apoya’. “Quiero que Taiwán se relaje y que China se relaje”. También se guardó las cartas sobre si aprobará o no un histórico paquete de ayuda militar a Taipéi valorado en 14.000 millones de dólares, que Pekín no ve con buenos ojos.

En junio, Cheng completará la triangulación con una visita a Estados Unidos en la que trasladará un mensaje: “Lo que todos temen ―un enfrentamiento entre Estados Unidos y China― es algo que puede evitarse. La opción pacífica es absolutamente viable y es la que verdaderamente sirve a los intereses nacionales de Estados Unidos“.

Asegura que la visita de Trump a China no ha variado la política de Washington: “Lo único que ha cambiado es que […] dejó claro que no enviará tropas en apoyo de la independencia de Taiwán”. Cree que la cumbre Trump-Xi ha sido “muy positiva”, y envía la señal de que ambos colosos “mantendrán una relación de paz y estabilidad”.

No descarta, sin embargo, una guerra en el estrecho. “Las relaciones entre las dos orillas están muy deterioradas, y la confrontación y la hostilidad están escalando rápidamente”, dice. Según ella, el PPD avanza cada vez más hacia la independencia, desafiando las líneas rojas de China. “Nos preocupa mucho que en los próximos años pueda producirse un conflicto militar. Por eso tengo tanta urgencia por demostrar que no debemos ir por ese camino”. Reclama además un espacio propio para la isla: “Taiwán no debería ser una ficha en el juego de las grandes potencias”.

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