Amnistía Internacional ha denunciado en un informe publicado este miércoles que Rusia ha utilizado prácticas de explotación, coacción y engaño para reclutar a personas extranjeras en sus fuerzas militares y enviarlas a combatir en la guerra contra Ucrania. La organización ha calificado estas prácticas como trata de personas, violaciones graves de derechos humanos que, en muchos casos, se ajustan a la definición del Protocolo de Palermo de la ONU ―principal tratado internacional de este tipo―. La secretaria general de Amnistía, Agnes Callamard, ha declarado: “Las fuerzas armadas rusas han reforzado sus filas con personas extranjeras en situación de vulnerabilidad económica y las han utilizado como carne de cañón en la guerra de agresión contra Ucrania”.
La organización documenta prácticas de coacción y engaño para alistar a ciudadanos vulnerables del Sur Global que envía a combatir sin entrenamiento
Amnistía Internacional ha denunciado en un informe publicado este miércoles que Rusia ha utilizado prácticas de explotación, coacción y engaño para reclutar a personas extranjeras en sus fuerzas militares y enviarlas a combatir en la guerra contra Ucrania. La organización ha calificado estas prácticas como trata de personas, violaciones graves de derechos humanos que, en muchos casos, se ajustan a la definición del Protocolo de Palermo de la ONU ―principal tratado internacional de este tipo―. La secretaria general de Amnistía, Agnes Callamard, ha declarado: “Las fuerzas armadas rusas han reforzado sus filas con personas extranjeras en situación de vulnerabilidad económica y las han utilizado como carne de cañón en la guerra de agresión contra Ucrania”.
La ONG en favor de los derechos humanos ha entrevistado a ciudadanos de Brasil, Colombia, Cuba, Egipto, Sierra Leona, Somalia, Sri Lanka y Sudáfrica capturados en campos de prisioneros de guerra ucranios entre 2024 y 2026. Los testimonios revelan como Rusia ha instrumentalizado la precariedad en la vida de estos migrantes y refugiados, ha prometido empleos civiles que nunca han existido, ha restringido la libertad de las víctimas en el territorio ruso y ha ocultado los riesgos del combate.
Según el análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el reclutamiento de extranjeros responde a la crisis de personal en el ejército ruso. Moscú ha sufrido pérdidas mensuales superiores a las 30.000 bajas militares, mientras que su tasa de reclutamiento voluntario, que cifran en 27.000, no ha podido reponer el suficiente número de tropas. El Kremlin alista a ciudadanos vulnerables del Sur Global como estrategia para suplir la falta de soldados sin coste político interno.
Aunque el presidente ruso, Vladímir Putin, ha negado públicamente que planee una movilización extraordinaria, su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski, ha alertado de que Rusia tiene previsto reclutar a 300.000 militares adicionales tras las elecciones legislativas previstas para el 20 de septiembre. Washington comparte esta evaluación.
Este patrón de coacción no se limita a extranjeros. Según denuncian organizaciones de derechos humanos rusas como Llamamiento a la conciencia y Escuela del conscripto, Moscú ha expandido estas prácticas a ciudadanos rusos. Las autoridades han incentivado a policías y reclutadores privados mediante bonificaciones de entre 10.000 y 1.000.000 rublos por cada nuevo soldado alistado (de 100 a 10.000 euros). Los objetivos suelen ser personas vulnerable: alcohólicos, enfermos, endeudados, solitarios o con antecedentes penales
Rusia ha tejido múltiples vías de reclutamiento forzoso. Las falsas promesas han sido la principal herramienta. A las víctimas se les ha ofrecido empleo en seguridad, logística, construcción y tecnologías de la información con sueldos sustanciosos y acceso rápido a la ciudadanía rusa. Un sudafricano recibió instrucciones por WhatsApp para recoger un camión en Moscú con destino a Polonia. Cuando llegó a la capital, le quitaron sus pertenencias entre pasaportes y móvil. Le dijeron que no iría a Polonia y que se convertiría en soldado.
Muchos reclutas no han recibido ningún pago. Otros cobraron cantidades parciales antes de ser capturados. Todos han descrito el acceso a la ciudadanía rusa como incentivo central, una promesa que tampoco se ha materializado, según el informe publicado este jueves.
Una vez dentro del país, Amnistía ha documentado cómo las autoridades rusas restringen de forma severa la libertad de los afectados a través de un control estricto. Un informático brasileño reclutado con la promesa de un trabajo tecnológico bien remunerado ha relatado la amenaza que ha recibido cuando ha planteado marcharse: “Si intentas escapar, o vas a la cárcel o te matamos”.
La organización ha señalado que Rusia necesita un número elevado de soldados en el frente, más allá de su preparación. Para mantener el ritmo de las ofensivas contra Ucrania, el Kremlin ha desplegado a estos reclutas con una preparación militar mínima. Dos semanas de entrenamiento antes de llegar a zonas de combate activo. Muchos carecen de experiencia militar y equipos adecuados, además de tener barreras lingüísticas para comunicarse con mandos del ejército.
Amnistía, ilegalizada en mayo de 2025 en Rusia, ha pedido a Moscú que cese inmediatamente estas prácticas y ha exigido a terceros Estados que adopten medidas para proteger a sus ciudadanos de estas redes de trata.
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