Rumania está profundamente consternada por el incidente sin precedentes que ocurrió en la madrugada del viernes pasado, cuando un dron ruso cargado con 30 kilos de explosivos se estrelló en un bloque de 10 plantas en Galati. La ciudad se encuentra a tan solo 25 kilómetros del puerto ucranio de Reni, una de las infraestructuras clave del país vecino para exportar cereales y motivo por el que Rusia ataca casi noche tras noche. Pero, en esta ocasión, el impacto del dron traspasó los límites hasta ahora registrados en este país perteneciente a la Unión Europea. La aeronave no tripulada explotó y provocó heridas leves a una mujer y su hijo de 14 años que vivían en el último piso del bloque, ubicado en el centro neurálgico de esta localidad de unos 250.000 habitantes, a orillas del Danubio.
El impacto de un dron en Galati, que causó dos heridos, ha desatado las alarmas entre los vecinos, que temen una escalada por parte de Rusia
Rumania está profundamente consternada por el incidente sin precedentes que ocurrió en la madrugada del viernes pasado, cuando un dron ruso cargado con 30 kilos de explosivos se estrelló en un bloque de 10 plantas en Galati. La ciudad se encuentra a tan solo 25 kilómetros del puerto ucranio de Reni, una de las infraestructuras clave del país vecino para exportar cereales y motivo por el que Rusia ataca casi noche tras noche. Pero, en esta ocasión, el impacto del dron traspasó los límites hasta ahora registrados en este país perteneciente a la Unión Europea. La aeronave no tripulada explotó y provocó heridas leves a una mujer y su hijo de 14 años que vivían en el último piso del bloque, ubicado en el centro neurálgico de esta localidad de unos 250.000 habitantes, a orillas del Danubio.
Hasta el momento, han caído ya dos drones en esta urbe y hay 47 fragmentos de otros identificados en estos cuatro años, desde el inicio de la agresión militar de Rusia a Ucrania.
Despertados por el estridente sonido que emiten los mensajes de alerta enviados por las autoridades rumanas ante un posible peligro, una buena parte de la población se guio por su instinto e intentó saber lo que estaba sucediendo, aunque con el pavor dentro del cuerpo.
La madre de Magdalena Gheorghiu, una señora de 83 años que vive a 100 metros de distancia del edificio afectado, sigue horrorizada. “Salió al balcón, desde donde vio las llamas que produjo el impacto del dron, y entró en estado de pánico pensando que podría haber sucedido en su mismo bloque, pero permaneció en su domicilio todo el tiempo”, explica por teléfono a EL PAÍS su hija, que reside a aproximadamente medio kilómetro del lugar del suceso. “Tras la colisión, se desató el caos: empezaron a llegar bomberos, equipos de rescate, la policía y ambulancias que acordonaron la zona”, cuenta esta mujer de 58 años a través del teléfono, como el resto de entrevistados. Las autoridades evacuaron el edificio de manera inmediata y cerraron la avenida durante dos días.
Al escucharse el chirriante sonido del aviso, Gheorghiu presintió algo malo. “Esa noche sí que tuve miedo; no se trata de la primera vez que recibimos una alerta de este tipo, pero en esta ocasión, después de despertarme y leer el mensaje, tuve una premonición, no me pude quedar dormida como suelo hacer”, confiesa Gheorghiu, antes de subrayar que toda la gente con la que ha hablado tras el incidente está conmocionada y tiene miedo. También lamenta que apenas haya búnkeres. “Los existentes son sótanos que no están acondicionados para proteger a los ciudadanos”, lamenta. Las autoridades tampoco han informado a la población de cómo actuar ante estas situaciones.

A poca distancia del impacto también se encontraba Constantin Tacea, quien se levantó nada más escuchar el zumbido del móvil por la alerta para subir a la terraza de su casa y dirigir su mirada hacia Reni, con el propósito de enterarse de lo que estaba pasando. “De repente, hubo una detonación como nunca había oído antes y, acto seguido, apareció una luz potente”, relata a este diario el empresario, de 47 años. “En siete minutos llegaron los servicios de emergencia, el ejército y el servicio secreto”, agrega. “Suelo ir cerca del punto fronterizo; desde allí, se ven a menudo cómo los drones atacan el lado ucranio. Se escuchan de la distancia de un kilómetro. Pero esta vez ocurrió a menos de 100 metros de donde vivo”, recalca Tacea.
Este hombre cree que cualquier aviso les hará a partir de ahora mucho más vigilantes y mirar aún más al cielo para asegurarse de que no les viene encima una aeronave no tripulada. Durante la noche intentó tranquilizar a los vecinos, asegurándoles de que Rusia había dejado de lanzar drones en la parte ucrania, pero no era sencillo: “Todos estábamos sobresaltados”.
A unos dos kilómetros del punto donde se estrelló el dron, Viruca Bogdan saltó de la cama después del fragor, pese a que la alerta le interrumpió el sueño. “Estaba confusa, me acerqué a mi ventana, que da al Danubio, y no vi nada de izquierda a derecha, pero una amiga aterrada se subió al coche y se fue al hospital”, cuenta la mujer, de 61 años, a este periódico. “El dron parece haber sido guiado como un misil, no puede ser que cayera en el centro de la ciudad”, sostiene.
Todos los residentes esperan que Rumania, junto con la Unión Europea y la OTAN, tomen cartas sobre el asunto. “Deben ejercer más presión sobre Rusia y fortalecer nuestras defensas antiaéreas”, considera Bogdan. “Tenemos la sensación de que no estamos a salvo y de que algo mucho peor sucederá si no se hace algo ya”, prosigue, sin antes precisar que todos los países del bloque comunitario deben unirse mucho más: “Si no hacemos un frente común, la guerra seguirá en nuestras fronteras”.
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