El buque ruso hundido en 2024 frente a Cartagena llevaba componentes para un rompehielos nuclear, según un informe de la Armada

“Hasta la fecha ninguna autoridad ha atribuido el hundimiento [del Ursa Major] a sabotaje o ataque deliberado”, ha concluido este lunes la ministra de Defensa, Margarita Robles, en el Congreso, donde ha informado sobre la operación de salvamento de un mercante de la flota militar rusa a unas 60 millas náuticas de la costa de Cartagena, el 23 de diciembre de 2024, que se saldó con el rescate de 14 de sus 16 tripulantes. Un reportaje de la CNN ha resucitado recientemente el interés por este naufragio al asegurar que el Ursa Major (Osa Mayor, en ruso) transportaba de piezas de reactores nucleares para submarinos con destino a Corea del Norte. Robles no ha abonado esta teoría pero sí ha revelado que, según el manifiesto de carga, el buque llevaba componentes destinados a la construcción de un rompehielos nuclear ruso”, además de contenedores vacíos, repuestos y dos grandes grúas Liebherr.

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 “Ninguna autoridad ha atribuido el hundimiento a un sabotaje o ataque deliberado”, alega Robles  

“Hasta la fecha ninguna autoridad ha atribuido el hundimiento [del Ursa Major] a sabotaje o ataque deliberado”, ha concluido este lunes la ministra de Defensa, Margarita Robles, en el Congreso, donde ha informado sobre la operación de salvamento de un mercante de la flota militar rusa a unas 60 millas náuticas de la costa de Cartagena, el 23 de diciembre de 2024, que se saldó con el rescate de 14 de sus 16 tripulantes. Un reportaje de la CNN ha resucitado recientemente el interés por este naufragio al asegurar que el Ursa Major (Osa Mayor, en ruso) transportaba de piezas de reactores nucleares para submarinos con destino a Corea del Norte. Robles no ha abonado esta teoría pero sí ha revelado que, según la carga declarada, el buque cargaba “componentes destinados a la construcción de un rompehielos nuclear ruso”, además de contenedores vacíos, repuestos y dos grandes grúas Liebherr”.

La ministra ha leído en la Comisión de Defensa un informe elaborado a raíz de las últimas noticias por el Estado Mayor de la Fuerza de Acción Marítima de la Armada que, en líneas generales, reproduce la respuesta escrita que el Gobierno remitió el pasado 23 de febrero al Grupo Popular, con algunas salvedades menores, como la hora en la que el Centro de Coordinación y Salvamento de Cartagena (CCS) recibió la señal de socorro del Ursa Major (las 13.15, según el informe; las 12.55, según la respuesta parlamentaria) y otras mayores, como la presencia en la carga de componentes para un rompehielos nuclear. Ambas versiones coinciden en que “el capitán informó de explosiones en la sala de máquinas”, que fueron ratificadas por las declaraciones de varios tripulantes a los equipos de salvamento, y que estas explosiones causaron la entrada de agua por la popa del buque y un escoramiento progresivo que acabaría provocando su hundimiento.

El informe de la Armada revela que el mercante, que había zarpado el 11 de diciembre de San Petersburgo y tenía “como destino final declarado” el puerto de Vladivostok, en el extremo oriental de Siberia, “había sido previamente identificado y monitorizado en el marco de las actividades de seguimiento de convoyes logísticos rusos en el Mediterráneo” por parte de la OTAN. Aunque operado por la compañía Oboronlogistika, trabajaba para el Ministerio de Defensa de la Federación Rusa.

Tras recibir la alerta, el CCS de Cartagena movilizó el buque de Salvamento Clara Campoamor, la embarcación de intervención rápida Draco y un helicóptero, y ordenó a un mercante que navegaba por la zona, el Oslo Carrier III, que se dirigiese al lugar para apoyar la operación de salvamento. También lo hizo el patrullero Serviola, que estaba vigilando a tres buques de la Marina rusa.

En la tarde del día 23, el helicóptero de Salvamento Marítimo realizó una inspección del mercante, “apreciando la progresión de la inundación y la gravedad de los daños estructurales. A última hora de la tarde, el buque presentaba una escora de 30 grados a estribor y la inundación alcanzaba ya la cubierta principal”, señala el informe. Un reconocimiento efectuado por el Serviola apreció un fuerte olor a combustible y que las dos grúas “tenían un fuerte grado de inclinación, lo que podría provocar su desprendimiento”. Un total de 14 tripulantes, que habían logrado abandonar el Ursa Major en balsas salvavidas, fueron recogidos por el Draco, que se encontraba en tránsito hacia Cartagena.

La situación cambió cuando, en la tarde-noche del día 23 llegó a la zona el buque de asalto anfibio Ivan Green, que era precisamente uno de los tres barcos de guerra rusos que estaba vigilando el Serviola. Se situó al costado del Ursa Major y solicitó formalmente asumir el control del rescate, explica el informe de la Armada, invocando el principio de jurisdicción del Estado de bandera del buque siniestrado previsto en la Convención del Mar de Naciones Unidas. Tal como les pidió el buque militar ruso, las embarcaciones españolas se alejaron a una distancia de dos millas del mercante siniestrado, aunque siguieron colaborando en las tareas de rescate y control de una posible contaminación marina.

“A las 23.20, la escora del Ursa Major aumentó rápidamente para acabar hundiéndose, dejando restos en la superficie que fueron investigados por el Ivan Gren”, concluye el informe. Tras el naufragio, el Clara Campoamor permaneció en la zona hasta el día siguiente para evaluar la situación, mientras que el Serviola se quedó monitorizando la actividad del Ivan Gren. A pesar de que había dos tripulantes desaparecidos, el buque de guerra ruso inició tránsito hacia Levante en la madrugada del día 24 y se alejó.

El informe no aporta ninguna hipótesis sobre la causa de las explosiones en la sala de máquinas y se limita a señalar que ninguna autoridad las ha atribuido a sabotaje o ataque. Se limita a constatar que “el pecio quedó finalmente hundido a una profundidad aproximada de 2.500 metros”. Robles ha subrayado que se trata de aguas internacionales y que, a esa profundidad, es imposible rescatarlo.

Fuentes militares indican que el pecio puede haber sido arrastrado por corrientes marinas y no encontrarse ya en el lugar donde se hundió. Este punto se encontraba, en todo caso, más cerca de las costas argelinas (30 millas náuticas) que de las españolas (60 millas). Sin poder analizar el estado del compartimento donde se produjeron las explosiones, reconocen las fuentes consultadas, resulta imposible determinar su causa. Todas las hipótesis seguirán así abiertas.

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