Cisma en el mundo MAGA, la coalición de incondicionales de Donald Trump en la derecha radical estadounidense. Las grietas que ya se venían observando en el movimiento a raíz de las distintas intervenciones militares lanzadas por Washington en los primeros 15 meses de mandato del republicano, y que se agravaron a raíz de la ofensiva en Irán a finales de febrero, se han convertido en un abismo esta semana, después de que el inquilino de la Casa Blanca amenazara con aniquilar la civilización iraní antes de pactar una tregua de dos semanas.
El presidente arremete públicamente contra varios famosos ultraconservadores que han pedido que sea inhabilitado por su gestión del conflicto bélico
Cisma en el mundo MAGA, la coalición de incondicionales de Donald Trump en la derecha radical estadounidense. Las grietas que ya se venían observando en el movimiento a raíz de las distintas intervenciones militares lanzadas por Washington en los primeros 15 meses de mandato del republicano, y que se agravaron a raíz de la ofensiva en Irán a finales de febrero, se han convertido en un abismo esta semana, después de que el inquilino de la Casa Blanca amenazara con aniquilar la civilización iraní antes de pactar una tregua de dos semanas.
Varias personalidades MAGA se lanzaron en ese momento a reclamar la incapacitación médica del presidente; es decir, que se le aplique la enmienda 25 de la Constitución para apartarlo del poder. Él ha proclamado públicamente su ruptura con ellos: “tarados” y “alborotadores”, les ha llamado. La esfera MAGA (cuyo nombre deriva del lema trumpista Make America Great Again, Hacer a América Grande de Nuevo) es una amalgama de dirigentes, opinadores y activistas de ideología ultraconservadora, pero firmemente contrarios al intervencionismo militar de Estados Unidos en el exterior y vinculados a plataformas cristianas o religiosas.

El grupo de excomulgados por Trump incluye a algunos de los grandes nombres entre los comunicadores del movimiento; gente que contribuyó en buena medida a la segunda victoria electoral del republicano en 2024: el antiguo presentador de la cadena Fox Tucker Carlson, hasta hace poco invitado asiduo en la Casa Blanca; las creadoras de pódcast de derecha Megyn Kelly y Candace Owens —esta última, antigua colaboradora de Charlie Kirk, el activista ultraconservador asesinado en septiembre pasado—; y Alex Jones, el fundador de Infowars y propalador de bulos que niegan la matanza de 26 personas en la escuela primaria Sandy Hook en 2012.
Los cuatro llevaban ya semanas arremetiendo contra el presidente por su decisión de ir a la guerra contra Irán. Unas críticas que se agravaron con la amenaza del inquilino de la Casa Blanca de perpetrar crímenes de guerra y destruir infraestructura civil en Irán. Su anuncio de arrasar con “toda una civilización”, la persa, en caso de no llegar a un acuerdo fue la gota que colmó el vaso.
“Es repulsivo, se mire por donde se mire”, declaraba Carlson el lunes, después de que Trump amenazara con perpetrar crímenes de guerra en Irán y se mostrase “nada preocupado” por ello. “Quienes estén en contacto directo con el presidente tienen que decirle: ‘No. Dimito. Haré todo cuanto esté en mi mano para parar esto, porque es una locura. Y, si recibo esa orden, no la obedeceré”, insistía el expresentador.
Owens y Jones plantearon públicamente que se aplicara a Trump la enmienda 25 y se le declarara incapaz para ocupar el cargo, lo que obligaría, según la Constitución, a que le reemplazara su vicepresidente, J.D. Vance. Una cincuentena de legisladores de la oposición demócrata se unieron a la reclamación. Vance, número dos del Gobierno, fue, según se ha ido filtrando en informaciones periodísticas, el único asesor presidencial que se declaró opuesto a atacar Irán en las reuniones previas a la ofensiva lanzada el 28 de febrero.

No es la primera pelea que se produce entre Trump y alguno de sus apoyos más prominentes. Basta recordar el intercambio de dardos, vía redes sociales, con el que el presidente de Estados Unidos y el hombre más rico del mundo, Elon Musk, dinamitaron hace un año lo que hasta entonces había sido una amistad aparentemente a prueba de balas —para acabar reconciliándose pocos meses más tarde—. El conflicto ya ha causado también alguna dimisión en las filas del Gobierno, como la del jefe de la lucha antiterrorista en la dirección nacional de inteligencia, Joe Kent.
Pero este nuevo choque sí parece el más profundo y el que más ha molestado a Trump, por la capacidad de influencia de los afectados entre sus seguidores —algunos de los episodios de los pódcast del mundo MAGA superan el millón de visitas— y por la proximidad de las elecciones legislativas de medio mandato, que se celebran el próximo noviembre. Esos comicios renovarán todo el Congreso y un tercio del Senado.
El jueves pasado, el mandatario dedicaba una larga diatriba, de 482 palabras, contra esos cuatro activistas radicales en un mensaje en su red social, Truth. En él, los acusaba de pensar “que es maravilloso que Irán, el Estado Patrocinador del Terrorismo Número Uno, tenga un arma nuclear”. Y de tener “una sola cosa en común: bajo coeficiente intelectual”. “Son gente estúpida, lo saben, sus familias lo saben y todo el mundo lo sabe”, escribió.
Las acusaciones continuaban en ese tono: sus críticos son “fracasados”, expulsados de las cadenas de televisión con las que trabajaban, “nadie se preocupa por ellos”, son “tarados” y “camorristas”, dispuestos a hacer lo que haga falta por un poco de publicidad gratuita. “Sus opiniones son todo lo contrario a las de MAGA”, aseveraba el presidente.

Y arremetía individualmente contra cada uno: Carlson “era una persona rota cuando le despidieron de Fox, y nunca ha vuelto a ser el mismo”, decía. “¡Quizás debería ver a un buen psiquiatra!”. Kelly le hizo una pregunta “asquerosa” en su día, según él, y Owens está “loca”; también aludía a su aspecto, al asegurar que la esposa del presidente francés, Brigitte Macron, “es una mujer mucho más guapa”. Alex Jones “dice algunas de las mayores tonterías”, según Trump, y “perdió toda su fortuna, como tenía que ser, por su horrendo ataque contra las familias de las víctimas de Sandy Hook”.
Los cuatro influencers no fueron los únicos dentro del mundo trumpista en criticar al mandatario. Se sumó a ellos la excongresista Marjorie Taylor-Greene, antigua aliada del presidente que rompió con él a raíz de la difusión de los archivos del pederasta Jeffrey Epstein en noviembre pasado.
“No se ha lanzado una sola bomba contra Estados Unidos. No podemos matar a una civilización entera. Esto es maldad y una locura”, ha escrito la antigua legisladora, que desde el comienzo de la ofensiva contra Irán ha criticado duramente la decisión de Trump de ir a la guerra.
La sección cuarta de la enmienda 25 de la Constitución de Estados Unidos, aprobada en 1967, establece un mecanismo por el que el vicepresidente y la mayoría de los miembros del Gabinete pueden declarar al presidente “incapacitado para ejercer las atribuciones y deberes de su cargo”. La declaración tiene que ser corroborada por los dos tercios de ambas Cámaras del Congreso, donde los republicanos tienen mayoría. Un umbral muy difícil de alcanzar.

Los criticados por Trump han restado importancia a los comentarios del presidente. “Puede que haya llegado el momento de mandar al abuelo al asilo”, deslizaba Owens en un comunicado. En un vídeo, Jones también replicaba: “Apoyé al Trump de antes, que hizo tantas cosas buenas… Pero, al final, solo me da pena”. La guerra que la Casa Blanca ha lanzado, sostenía el fundador de Infowars, es “un completo desastre”.
Fractura limitada
El alcance de la fractura, no obstante, parece limitado. Como a Trump le gusta mencionar cada vez que puede, una encuesta de la cadena CNN realizada en marzo encuentra que, entre los votantes que se identifican como MAGA, el 100% expresa su apoyo incondicional al presidente. Y, aunque la popularidad del mandatario ha descendido como consecuencia de la guerra, sigue contando con el respaldo de un tercio de los estadounidenses. Un 34% de los ciudadanos, según un sondeo de YouGov, respalda el conflicto. Entre los republicanos, ese respaldo crece al 86%, según una consulta de Quinnipiac. La aprobación a Trump ronda el 39%, de acuerdo al especialista en estadística electoral Nate Silver.
Aunque algo se está moviendo, y la política hace extraños compañeros de cama. Tras sus duras críticas a Trump esta semana, la excongresista Taylor-Greene (a la que el presidente ahora apellida en sus discursos “Traitor-Brown”, es decir, Traidora-Marrón) ha sugerido en redes sociales la posibilidad de crear una alianza entre la derecha rebelde al presidente y la izquierda más progresista.
“Necesitamos una coalición fuerte de la izquierda y la derecha populista que se una en los asuntos más importantes para las futuras generaciones de estadounidenses. Esto no será una tarea fácil, dados los años de profundas divisiones políticas entre la izquierda y la derecha en torno a asuntos que importan mucho a ambas partes. Por el bien de la generación de mis hijos, estoy dispuesta a que nos unamos, a abrir una hoja en blanco y empezar a crear algo nuevo”, ha escrito la antigua aliada de Trump.
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