Singapur ofrece a las familias más de 47.000 euros por hijo en su batalla por impulsar la natalidad

El Gobierno de Singapur pagará a las familias más de 47.000 euros por cada hijo menor de edad, en el marco de un programa de ayudas recién anunciado por el primer ministro Lawrence Wong. Con él, las autoridades de la próspera isla buscan elevar la tasa de natalidad, una de las más bajas del mundo, que amenaza a un país cada día más envejecido. La estrategia es ya conocida en el país asiático: hacer de la crianza un proceso más económico y sencillo, con la esperanza de que las parejas se animen a tener más hijos. Pero la experiencia demuestra que hay límites a lo que estas medidas pueden conseguir.

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 Pese a la generosidad de los incentivos, persisten las dudas sobre hasta qué punto cambiarán las decisiones de los jóvenes  

El Gobierno de Singapur pagará a las familias más de 47.000 euros por cada hijo menor de edad, en el marco de un programa de ayudas recién anunciado por el primer ministro Lawrence Wong. Con él, las autoridades de la próspera isla buscan elevar la tasa de natalidad, una de las más bajas del mundo, que amenaza a un país cada día más envejecido. La estrategia es ya conocida en el país asiático: hacer de la crianza un proceso más económico y sencillo, con la esperanza de que las parejas se animen a tener más hijos. Pero la experiencia demuestra que hay límites a lo que estas medidas pueden conseguir.

El jefe del Ejecutivo singapurense, de 53 años, recibió aplausos e incluso algunas expresiones de sorpresa y entusiasmo del público el domingo por la noche durante su discurso del Día Nacional, cuando presentó uno de los intentos más generosos del mundo para revertir el descenso récord de la natalidad en Singapur.

El paquete incluye cuantiosas ayudas directas a las familias por cada hijo menor hasta que este cumpla 17 años (casi 70.000 dólares de Singapur, unos 47.245 euros), entre las que se incluyen un “regalo por bebé” de 10.000 dólares de Singapur (6.750 euros) y mayores subvenciones para la atención infantil a jornada completa.

Para Jason Gan, de 28 años, que espera su primer hijo en noviembre, todo apoyo es bienvenido. “Me ha dado un respiro financiero”, afirma el joven, el primero de su grupo de amigos en convertirse en padre. El dinero, dice, podría destinarse a la compra de alimentos y a la formación del niño, y además reduciría los viajes a la vecina Malasia para adquirir productos básicos más baratos. Sin embargo, Gan está menos convencido de que las medidas vayan a persuadir a otras personas. “Es algo positivo para quienes, como yo, estamos a punto de ser padres, pero no creo que sea realmente la solución a largo plazo”, ha declarado.

Wong ha dado un paso más allá en los incentivos económicos tradicionales de Singapur para fomentar la natalidad. Ya desde junio el jefe del Ejecutivo afirmó que su Gobierno se centraría sobre todo en hacer más fácil la vida familiar. Pero no está claro si esto bastará para disipar las preocupaciones de los jóvenes singapurenses sobre las presiones cada vez mayores y las limitaciones que perciben a la hora de criar.

Presión educativa y laboral

Para Huang Ying Yi, de 24 años, la presión de la cultura educativa y laboral de Singapur hace que la maternidad y la paternidad resulten poco atractivas. “Algunos de nosotros no tenemos ningún deseo de traer un hijo al mundo solo para que siga el mismo camino que todos los demás y que se incorpore a esta carrera de ratas, convirtiéndose en un engranaje más de la máquina”, afirma.

Una encuesta de YouGov publicada pocos días antes del discurso de Wong revelaba que casi un tercio de los jóvenes singapurenses de entre 18 y 44 años afirmaban que ninguna política gubernamental les haría estar más dispuestos a tener hijos. Sin embargo, la reducción del coste de la educación preescolar y del cuidado infantil ocupó el primer puesto entre las medidas que podrían fomentar la maternidad y la paternidad.

Dado que el descenso de la natalidad amenaza con acumularse a lo largo de generaciones, las nuevas medidas podrían representar “la última oportunidad de Singapur para hacerlo bien”, afirma Eugene Tan, profesor asociado de Derecho en la Universidad de Administración de Singapur.

Wong parece decidido a ello y presentó un plan para financiar prácticamente toda la infancia y no solo los primeros años, y para ampliar también el número de días de permiso parental. La mayor ovación de la noche del domingo llegó cuando el jefe de Gobierno anunció que las familias que soliciten viviendas públicas de nueva construcción mediante el sistema de asignación recibirán un boleto adicional por cada hijo que tengan o estén esperando, lo que mejorará considerablemente sus posibilidades de conseguir estas casas, que tienen una gran demanda.

“Lo que podemos hacer es facilitar que los singapurenses que quieran tener hijos puedan formar y criar una familia, y queremos que todas las familias sepan que, si deciden tener hijos, el Gobierno estará a su lado”, afirmó Wong, ante un fondo de color rosa durante su discurso en el Instituto de Educación Técnica.

Un patrón común en Asia

Para una nación pequeña pero muy rica, cuyos nacionales representan apenas el 60% de la población (6,1 millones de personas en total), una tasa global de fecundidad que cayó el año pasado hasta un mínimo histórico de 0,87 hijos por mujer supone una preocupación existencial. En especial, por la coyuntura: ya se encamina a convertirse en una sociedad “superenvejecida”.

El domingo, el primer ministro afirmó que Singapur tendrá que seguir acogiendo inmigrantes, al tiempo que garantiza que sus ciudadanos sigan siendo mayoría. “En los próximos años, nuestra población total crecerá más lentamente, y nuestra fuerza laboral también crecerá más lentamente”, afirmó.

El actual empeño por fomentar los nacimientos está muy lejos de la campaña Dos son suficientes lanzada a principios de la década de 1970, cuando se consideraba que tener demasiados hijos suponía un lastre para el desarrollo y los recursos del país. Desde que la ciudad-Estado cambió de rumbo en su política demográfica, en 1987, las medidas han incluido miles de dólares en ayudas económicas y la ampliación de las bajas para el cuidado de menores.

Eugene Godfrey Lee, un consultor financiero sénior de 32 años, opina que las últimas medidas podrían “poner en marcha el proceso” de planificación familiar. “Como mínimo, nos hará sentir que el Gobierno nos apoya más”.

El de Singapur no es un caso único en Asia. La tasa de natalidad de China cayó el año pasado a su nivel más bajo registrado, mientras que la tasa de fecundidad de Japón también descendió hasta un nuevo mínimo. En mayo, Taiwán anunció planes para crear cuentas de inversión subvencionadas por el Gobierno para personas de entre seis y 18 años con el objetivo de frenar su vertiginoso descenso de la natalidad.

En Corea del Sur, la tasa de natalidad ha aumentado ligeramente por segundo año consecutivo —aunque solo hasta 0,8 hijos por mujer—, mientras los matrimonios muestran signos de recuperación después de una prolongada caída, respaldados por incentivos destinados a aliviar la carga económica que supone la crianza.

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