Sin resultados claros tras un año de los aranceles anunciados por Donald Trump

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Sin resultados claros tras un año de los aranceles anunciados por Donald Trump

Aunque varios países abren sus mercados, las empresas enfrentan menores márgenes y un entorno comercial impredecible.

Los aranceles del año pasado redujeron los márgenes de beneficio de muchas empresas, entre ellas los fabricantes de automóviles General Motors y Ford. (Hemeroteca PL/AFP).


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Un año después de que el presidente Donald Trump anunciara en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca los aranceles estadounidenses más altos en casi un siglo, el número de empleos en las fábricas ha disminuido y la inflación ha aumentado.

Pero el déficit comercial crónico, que el presidente declaró aquella tarde de abril como una emergencia nacional que destruiría empleos, ha disminuido durante 10 meses consecutivos. Más de 20 socios comerciales cedieron ante las amenazas arancelarias del presidente —en algunos casos tras resistirse durante años— y acordaron abrir sus mercados a los productos estadounidenses. Algunos líderes extranjeros también prometieron generosas inversiones en nuevas fábricas que algún día podrían dar empleo a los trabajadores manuales que apoyan al presidente.

Enfoque improvisado

Este panorama ambiguo surgió tras un año de políticas irregulares. La costumbre de Trump de amenazar con aranceles por asuntos de diversa índole, y su tendencia a suavizar u olvidar sus amenazas más belicosas, le valieron el apodo despectivo de “TACO”, por “Trump siempre se acobarda”. En febrero, la Corte Suprema declaró inconstitucionales la mayoría de sus aranceles de emergencia, obligándolo a empezar de cero y a reembolsar más de US$150 mil millones.

Es probable que se produzcan cambios en el acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá del 2020, que se someterá a revisión este año y que podría no obtener la aprobación necesaria del Congreso hasta el 2027. Asimismo, la relación comercial de Estados Unidos con China sigue siendo incierta, y está previsto que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, se reúnan en Pekín en mayo.

Mientras Estados Unidos abandona su tradicional apoyo a los acuerdos comerciales multilaterales, otras naciones están elaborando sus propios planes. El 1 de mayo entrará en vigor provisionalmente un nuevo acuerdo comercial entre la Unión Europea y el bloque latinoamericano Mercosur.

La UE también ha concluido las negociaciones con India sobre un pacto comercial que podría entrar en vigor el próximo año. Dieciséis países pequeños y medianos, entre ellos Singapur, Noruega, Chile y Nueva Zelanda, iniciaron en otoño conversaciones sobre inversiones y comercio con el objetivo de reforzar el sistema basado en normas que Estados Unidos ahora rechaza.

Los aranceles del año pasado redujeron los márgenes de beneficio de muchas empresas, entre ellas los fabricantes de automóviles General Motors y Ford, los gigantes industriales Caterpillar y Raytheon, y minoristas como Macy’s y Williams Sonoma.

 “Trump socavó sus propios objetivos y promesas de impulsar la manufactura. … Es difícil imaginar cómo se podría empeorar aún más el uso de los aranceles”, dijo Lori Wallach, directora de la iniciativa Rethink Trade del American Economic Liberties Project, quien apoya el objetivo del presidente de impulsar la manufactura nacional.

A la expectativa

Al anunciar los aranceles de emergencia hace un año, Trump prometió que “los empleos y las fábricas volverán con fuerza a nuestro país”. Eso aún no ha sucedido, aunque los funcionarios del gobierno insisten en que es solo cuestión de tiempo.

Las fábricas dan empleo a 12.6 millones de trabajadores, 93 mil menos que el “Día de la Liberación”. La producción manufacturera ha aumentado alrededor de 1% durante ese período, aunque sigue estando por debajo de los niveles alcanzados bajo la presidencia de Joe Biden, según datos de la Reserva Federal.

La inflación también ha aumentado ligeramente, aunque no tanto como esperaban algunos economistas. Los precios subieron un 3.1% el año pasado, según el indicador de inflación preferido de la Reserva Federal, frente al 2.5% de abril de 2025.

“Estas cosas llevan tiempo”, dijo Nick Iacovella, portavoz de la Coalición por una América Próspera, que apoya los aranceles. “Es injusto que la gente diga: ‘Oh, no hemos tenido un gran aumento en la producción manufacturera desde que Trump asumió el cargo’”.

Una fórmula simplista

 Al principio, la administración afirmó que se impondrían nuevos aranceles tras una revisión exhaustiva de las prácticas comerciales específicas de cada país. Sin embargo, los críticos pronto descubrieron que los nuevos gravámenes, que llegaban hasta el 50%, en realidad eran el resultado de una fórmula simplista: dividir el déficit comercial de un país con Estados Unidos entre sus exportaciones a ese país y luego reducir esa cifra a la mitad.

El presidente apuntó a decenas de países, sin apenas distinguir entre socios comerciales importantes e insignificantes, y también impuso aranceles por irritación personal con gobiernos extranjeros como los de Brasil, Canadá y Suiza, en lugar de para salvaguardar los intereses nacionales.

El presidente utilizó los aranceles principalmente con dos propósitos: aumentar los ingresos del gobierno y como arma de negociación.

Las amenazas también contribuyeron a persuadir a otros gobiernos para que alcanzaran acuerdos comerciales con EE. UU.

 Aunque varios países abren sus mercados, las empresas enfrentan menores márgenes y un entorno comercial impredecible.  

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Sin resultados claros tras un año de los aranceles anunciados por Donald Trump

Aunque varios países abren sus mercados, las empresas enfrentan menores márgenes y un entorno comercial impredecible.

Los aranceles del año pasado redujeron los márgenes de beneficio de muchas empresas, entre ellas los fabricantes de automóviles General Motors y Ford. (Hemeroteca PL/AFP).

Un año después de que el presidente Donald Trump anunciara en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca los aranceles estadounidenses más altos en casi un siglo, el número de empleos en las fábricas ha disminuido y la inflación ha aumentado.

Pero el déficit comercial crónico, que el presidente declaró aquella tarde de abril como una emergencia nacional que destruiría empleos, ha disminuido durante 10 meses consecutivos. Más de 20 socios comerciales cedieron ante las amenazas arancelarias del presidente —en algunos casos tras resistirse durante años— y acordaron abrir sus mercados a los productos estadounidenses. Algunos líderes extranjeros también prometieron generosas inversiones en nuevas fábricas que algún día podrían dar empleo a los trabajadores manuales que apoyan al presidente.

Enfoque improvisado

Este panorama ambiguo surgió tras un año de políticas irregulares. La costumbre de Trump de amenazar con aranceles por asuntos de diversa índole, y su tendencia a suavizar u olvidar sus amenazas más belicosas, le valieron el apodo despectivo de «TACO», por «Trump siempre se acobarda». En febrero, la Corte Suprema declaró inconstitucionales la mayoría de sus aranceles de emergencia, obligándolo a empezar de cero y a reembolsar más de US$150 mil millones.

Es probable que se produzcan cambios en el acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá del 2020, que se someterá a revisión este año y que podría no obtener la aprobación necesaria del Congreso hasta el 2027. Asimismo, la relación comercial de Estados Unidos con China sigue siendo incierta, y está previsto que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, se reúnan en Pekín en mayo.

Mientras Estados Unidos abandona su tradicional apoyo a los acuerdos comerciales multilaterales, otras naciones están elaborando sus propios planes. El 1 de mayo entrará en vigor provisionalmente un nuevo acuerdo comercial entre la Unión Europea y el bloque latinoamericano Mercosur.

La UE también ha concluido las negociaciones con India sobre un pacto comercial que podría entrar en vigor el próximo año. Dieciséis países pequeños y medianos, entre ellos Singapur, Noruega, Chile y Nueva Zelanda, iniciaron en otoño conversaciones sobre inversiones y comercio con el objetivo de reforzar el sistema basado en normas que Estados Unidos ahora rechaza.

Los aranceles del año pasado redujeron los márgenes de beneficio de muchas empresas, entre ellas los fabricantes de automóviles General Motors y Ford, los gigantes industriales Caterpillar y Raytheon, y minoristas como Macy’s y Williams Sonoma.

 “Trump socavó sus propios objetivos y promesas de impulsar la manufactura. … Es difícil imaginar cómo se podría empeorar aún más el uso de los aranceles”, dijo Lori Wallach, directora de la iniciativa Rethink Trade del American Economic Liberties Project, quien apoya el objetivo del presidente de impulsar la manufactura nacional.

A la expectativa

Al anunciar los aranceles de emergencia hace un año, Trump prometió que «los empleos y las fábricas volverán con fuerza a nuestro país». Eso aún no ha sucedido, aunque los funcionarios del gobierno insisten en que es solo cuestión de tiempo.

Las fábricas dan empleo a 12.6 millones de trabajadores, 93 mil menos que el «Día de la Liberación». La producción manufacturera ha aumentado alrededor de 1% durante ese período, aunque sigue estando por debajo de los niveles alcanzados bajo la presidencia de Joe Biden, según datos de la Reserva Federal.

La inflación también ha aumentado ligeramente, aunque no tanto como esperaban algunos economistas. Los precios subieron un 3.1% el año pasado, según el indicador de inflación preferido de la Reserva Federal, frente al 2.5% de abril de 2025.

“Estas cosas llevan tiempo”, dijo Nick Iacovella, portavoz de la Coalición por una América Próspera, que apoya los aranceles. “Es injusto que la gente diga: ‘Oh, no hemos tenido un gran aumento en la producción manufacturera desde que Trump asumió el cargo’”.

Una fórmula simplista

 Al principio, la administración afirmó que se impondrían nuevos aranceles tras una revisión exhaustiva de las prácticas comerciales específicas de cada país. Sin embargo, los críticos pronto descubrieron que los nuevos gravámenes, que llegaban hasta el 50%, en realidad eran el resultado de una fórmula simplista: dividir el déficit comercial de un país con Estados Unidos entre sus exportaciones a ese país y luego reducir esa cifra a la mitad.

El presidente apuntó a decenas de países, sin apenas distinguir entre socios comerciales importantes e insignificantes, y también impuso aranceles por irritación personal con gobiernos extranjeros como los de Brasil, Canadá y Suiza, en lugar de para salvaguardar los intereses nacionales.

El presidente utilizó los aranceles principalmente con dos propósitos: aumentar los ingresos del gobierno y como arma de negociación.

Las amenazas también contribuyeron a persuadir a otros gobiernos para que alcanzaran acuerdos comerciales con EE. UU.

ESCRITO POR:

 Prensa Libre | Economía

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