Rusia espió con drones instalaciones nucleares de la OTAN, según un informe de seguridad

Muchos de los episodios de apariencia extraña registrados en los últimos dos años en diversas ciudades europeas, con drones misteriosos que sobrevolaban instalaciones aeroportuarias e interrumpían el tráfico de aviones, tienen ahora una aparente explicación. Rusia ha lanzado una campaña prolongada, que lleva en marcha al menos año y medio, en la que ha usado esos artefactos de bajo coste para, entre otras cosas, espiar instalaciones nucleares de la OTAN, según un informe revelado este jueves por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, en sus siglas en inglés), un centro de análisis de Londres fundamental en la producción de análisis militares.

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 La campaña se llevó a cabo durante año y medio. Muchos de los aparatos fueron lanzados desde barcos de la ‘flota fantasma’ de petroleros de Moscú  

Muchos de los episodios de apariencia extraña registrados en los últimos dos años en diversas ciudades europeas, con drones misteriosos que sobrevolaban instalaciones aeroportuarias e interrumpían el tráfico de aviones, tienen ahora una aparente explicación. Rusia ha lanzado una campaña prolongada, que lleva en marcha al menos año y medio, en la que ha usado esos artefactos de bajo coste para, entre otras cosas, espiar instalaciones nucleares de la OTAN, según un informe revelado este jueves por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, en sus siglas en inglés), un centro de análisis de Londres fundamental en la producción de análisis militares.

Gran parte de los drones, según la investigación, habrían despegado desde barcos que forman parte de la llamada ‘flota fantasma’, los petroleros y buques de transporte que utiliza Moscú para evadir las sanciones económicas impuestas por la comunidad internacional, exportar petróleo y otras materias primas y seguir así financiando su guerra contra Ucrania.

Esas embarcaciones, según el IISS, estaban cerca de la zona donde fueron avistados los drones, y el informe sugiere que fueron utilizadas como plataformas de lanzamiento, bases para la recuperación de los artefactos y centros desde donde dirigir las tareas de comunicación de la información aparentemente recabada.

Al menos 13 países fueron objetivo de estas tareas de espionaje. El informe ha logrado registrar al menos 144 incidentes entre agosto de 2024 y febrero de 2026. Las instalaciones nucleares del Reino Unido, Francia, Bélgica y Holanda eran materia de preferencia en la campaña rusa.

Falta de “respuesta colectiva”

Toda esta labor de espionaje pilló con el pie cambiado a los países afectados y a la propia OTAN, que fueron incapaces de responder adecuadamente como habrían hecho ante un ataque aéreo convencional.

Explotó de esta manera la debilidad en las defensas antiaéreas de Europa, así como las trabas legales o las reglas de enfrentamiento que constriñen a los Gobiernos cuando la supuesta invasión se produce en territorio civil, con lo que no se “produjo una respuesta conjunta aliada” y quedaron reveladas las carencias en la respuesta ante la amenaza de estos artefactos de tan bajo coste.

Entre las instalaciones en las que los gobiernos detectaron la presencia de drones se encuentran la base aérea de Lakenheath de la RAF, en Suffolk, que estaba siendo acondicionada para albergar misiles nucleares estadounidenses que fueron finalmente instalados en julio de 2025, o la base de submarinos nucleares en Île Longue, en la Bretaña francesa en diciembre de ese mismo año.

En febrero de 2026, el ejército sueco confirmó que un dron que se había atascado y fue interceptado cerca del portaviones nuclear francés Charles de Gaulle tenía origen ruso y había sido lanzado desde el buque espía Zhigulevsk.

En noviembre y diciembre de 2025 hubo incursiones de drones, justo a la vez que se habían detectado embarcaciones de la ‘flota fantasma’ en el mar del Norte, sobre la base aérea belga de Brogel y sobre la de Volkel, en los Países Bajos. Ambas instalaciones acogían misiles nucleares estadounidenses.

En septiembre de ese año, el avistamiento de drones en Dinamarca forzó el cierre del aeropuerto de Copenhague y de otros aeródromos del país. Cerca de la costa danesa navegaban entonces al menos cuatro buques con cargamento ruso.

Otros aeropuertos forzados a cerrar temporalmente por la presencia de drones fueron los de Bruselas, Munich, Oslo o Vilna.

Alemania registró el mayor número de incidentes de este tipo (48), con seis casos de “posible espionaje con drones” en la base aerea de Ramstein. Bélgica tuvo 25 casos; Dinamarca, 16; Países Bajos, 9; Francia, 8; el Reino Unido y Noruega, 7 cada uno.

Objetivos militares y civiles

A través de fuentes abiertas, informes de prensa y datos de Armed Conflict Location and Event Data (Datos de Eventos y Localización de Conflictos Armados, ACLED en sus siglas en inglés), una organización independiente que rastrea conflictos por todo el mundo, el informe del IISS concluye que un 48% de los avistamientos de drones se produjeron en instalaciones militares; un 18% en aeropuertos civiles, muchos de ellos obligados a suspender sus operaciones; y un 26% sobre infraestructuras clave como puertos, centrales energéticas o zonas industriales.

Durante todo este tiempo, los gobiernos afectados han optado por dar una repuesta nacional discreta a estos incidentes, y se han mostrado reticentes a señalar directamente a Moscú, asegura el informe del IISS. “Pero todos los gobiernos con los que hemos hablado nos han asegurado que darían la bienvenida a la publicación de este informe”, ha asegurado Charlie Edwards, el investigador del IISS responsable del texto, en un encuentro con periodistas.

Más allá de las instalaciones nucleares, la investigación sugiere que Rusia perseguiría con esta campaña obtener un mapa de la logística militar y de la cadena de suministros de los países aliados, así como llevar a cabo “una campaña de desgaste económico y de guerra psicológica”, según Edwards.

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