Lula, el voto del ‘a pesar de’

Brasil corre el riesgo de que la extrema derecha vuelva al poder en las elecciones de octubre. No como la primera vez, en 2018, cuando Jair Bolsonaro resultó elegido. El retorno —si no se logra impedir mediante el voto— será mucho más devastador, porque el actual Congreso ha conseguido destruir gran parte del marco de protección de derechos, con una voracidad aún mayor en el área medioambiental. La cuestión es que, para frenar a la extrema derecha, encarnada en este momento por Flávio Bolsonaro, el primogénito de Jair, solo se puede contar con el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, que se presentará a la reelección con 80 años. Y el problema es que Lula entusiasma mucho menos que en el pasado. Muchos de los que votan a Lula, en el ámbito progresista, parecen hacerlo “a pesar de”. Y quien está indeciso no tiene motivos para votar “a pesar de esto o aquello”. Quien vota quiere que su vida cambie o, al menos, quiere tener la ilusión de que su vida puede cambiar. Y eso es algo que Lula no ha logrado dar desde que terminó su segundo mandato, en 2010, con el índice de popularidad más alto de un presidente desde la redemocratización del país.

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 Pedir una vez más a los electores brasileños que voten en contra del otro candidato y no a favor del suyo es un riesgo enorme  

Brasil corre el riesgo de que la extrema derecha vuelva al poder en las elecciones de octubre. No como la primera vez, en 2018, cuando Jair Bolsonaro resultó elegido. El retorno —si no se logra impedir mediante el voto— será mucho más devastador, porque el actual Congreso ha conseguido destruir gran parte del marco de protección de derechos, con una voracidad aún mayor en el área medioambiental. La cuestión es que, para frenar a la extrema derecha, encarnada en este momento por Flávio Bolsonaro, el primogénito de Jair, solo se puede contar con el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, que se presentará a la reelección con 80 años. Y el problema es que Lula entusiasma mucho menos que en el pasado. Muchos de los que votan a Lula, en el ámbito progresista, parecen hacerlo “a pesar de”. Y quien está indeciso no tiene motivos para votar “a pesar de esto o aquello”. Quien vota quiere que su vida cambie o, al menos, quiere tener la ilusión de que su vida puede cambiar. Y eso es algo que Lula no ha logrado dar desde que terminó su segundo mandato, en 2010, con el índice de popularidad más alto de un presidente desde la redemocratización del país.

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