Cuando Chipre asumió en enero la presidencia de turno de la UE, todas las miradas se fijaban en Groenlandia por las amenazas anexionistas de Donald Trump. Cuatro meses más tarde, la atención se ha desplazado mucho más al sur, donde la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán ha causado un nuevo conflicto regional de consecuencias planetarias. Especialmente para una Europa que nunca fue consultada, pero que ahora es requerida para ayudar a resolver el caos de la guerra, mientras intenta no verse arrastrada a una crisis que ya ha disparado las facturas.
Los mandatarios de la UE discutirán en una cumbre informal en Nicosia las consecuencias del nuevo conflicto desatado tras la guerra con Irán y el margen de maniobra de Europa
Cuando Chipre asumió en enero la presidencia de turno de la UE, todas las miradas se fijaban en Groenlandia por las amenazas anexionistas de Donald Trump. Cuatro meses más tarde, la atención se ha desplazado mucho más al sur, donde la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán ha provocado un nuevo conflicto regional de consecuencias planetarias. Especialmente para una Europa que nunca fue consultada pero que ahora es requerida para ayudar a resolver el caos de la guerra, mientras intenta no verse arrastrada a una crisis que ya ha disparado las facturas. Todas estas cuestiones y ecuaciones, tanto geopolíticas como económicas, estarán sobre la mesa en el encuentro informal de los líderes europeos que desde este jueves y hasta el viernes se dan cita en Nicosia, la capital europea más cercana al nuevo polvorín.
Es la primera vez que los Veintisiete —aunque en realidad serán como mucho 26, puesto que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ya ha dicho que no asistirá a la que debería haber sido su última cumbre europea tras su derrota en las elecciones del 12 de abril— se ven cara a cara desde que estalló el nuevo conflicto a finales de marzo. Y lo hacen en un país que se ha convertido en el escenario de prueba de una defensa común europea, después de que, en los primeros días de la guerra con Irán, un dron iraní impactara contra una de las bases militares británicas en territorio chipriota. Ello llevó a varios socios europeos —Francia, Grecia, Italia y España— a enviar varios cazas militares, fragatas, sistemas antimisiles y antidrones, y helicópteros a la isla mediterránea.
Por eso, aunque no es el tema central, está previsto que los jefes de Estado y de Gobierno europeos aborden la cuestión de la cláusula de seguridad mutua fijada en el artículo 42.7 del Tratado de la UE, cuyo alcance, límites o eventuales roces con el artículo 5 de la OTAN a la que pertenecen la mayoría de los socios comunitarios sigue generando muchas dudas y debates. De hecho, dicha cláusula solo ha sido invocada una vez, por Francia tras los atentados en París en noviembre de 2015. Chipre por el contrario optó por no hacer uso de la misma, aunque sí tiene interés en que se precisen más sus contornos y cómo, eventualmente, podría hacerse más operativa. Ese es el marco en el que girarán las discusiones, aún muy preliminares, señalan diversas fuentes diplomáticas.
En lo que sí buscarán más concreción los mandatarios es en las consecuencias del nuevo conflicto en Oriente Próximo. Además de escuchar de boca de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el catálogo de medidas y recomendaciones recién presentadas para afrontar la crisis energética que ha provocado la nueva guerra, los altos responsables europeos también discutirán el marco geopolítico y “la contribución de Europa a la desescalada y la paz en la región, así como a la libertad de navegación”, según ha adelantado el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
Un análisis que tendrá lugar en la máxima incertidumbre, dado que la tregua anunciada por Trump con Irán sigue siendo más que frágil, igual que la acordada entre Israel y Líbano.
Para el ex secretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen (2009-2014), la cita es una buena oportunidad para corregir lo que considera un “error estratégico” de Europa frente a Trump: haberle dicho demasiado rápido que esta no es la guerra de Europa. Según explicó en un encuentro con un grupo de periodistas en Bruselas en vísperas de la cumbre chipriota, esta constituye el momento adecuado para asumir y replicar con la diplomacia “transaccional” que usa el presidente estadounidense y ofrecerle el apoyo que ha solicitado en el Estrecho de Ormuz, siempre y cuando él se muestre dispuesto a hacer algo a cambio en materia de aranceles, garantías en la OTAN o en Ucrania.
“Ha llegado el momento de jugar duro, se acabó el halagar, tenemos que ser muy directos en nuestras conversaciones con él y actuar como él hace, usar la situación en beneficio de Europa y decirle: No puedes esperar nuestra ayuda si impones aranceles a tus aliados ni lanzar una guerra sin informarnos antes, amenazando con retirarte o reducir tu participación en la OTAN y el apoyo en Ucrania”, sostiene el hoy consultor político. En este sentido, considera Rasmussen, Chipre podría ser ideal para “corregir el rumbo” y mandar un mensaje a Washington: “Os vamos a ayudar a reabrir el Estrecho de Ormuz siempre y cuando quites los aranceles de la mesa, que sigas comprometido en Europa y ayudando a Ucrania”, propone.
De hecho, Kiev también tiene sus propias expectativas en Nicosia. Para cuando los líderes europeos se reúnan en su cena de trabajo este jueves, se debería tener ya la aprobación definitiva del préstamo de 90.000 millones de euros tras la retirada del veto húngaro. Una situación que le permitirá a los mandatarios presentar resultados ante un Zelenski que, durante la conmemoración del cuarto aniversario de la guerra en Kiev junto a muchos de sus colegas europeos en febrero, salió con las manos vacías por el bloqueo de Orbán al dinero y a las nuevas sanciones contra Rusia, ahora también en marcha.
Tal como adelantó Zelenski tras conocer el desbloqueo del proceso el miércoles, después de que los embajadores de la UE dieran su aprobación preliminar al préstamo, Ucrania también tiene más expectativas de Europa: “Hablaremos con los líderes de Europa también sobre la apertura de clústeres para Ucrania: las condiciones para ello ya se han cumplido. Asimismo, continuamos el trabajo para fortalecer las sanciones contra Rusia y para el desarrollo adicional del sistema energético europeo de tal manera que Rusia pierda la posibilidad de manipular el suministro de energía a Europa”, adelantó en X. El presidente ucranio espera un primer pago a finales de mayo o principios de junio.
El conflicto de Oriente Próximo volverá al menú de los mandatarios el viernes, con un almuerzo de trabajo al que han sido invitados los líderes regionales de Egipto, Líbano, Siria —con el que la UE quiere retomar su Acuerdo de Asociación— y Jordania, así como el secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo, Jasem Mohamed AlBudaiwi.
Previamente, los europeos habrán abordado una discusión sobre el próximo presupuesto plurianual de la UE (2028-34) que se busca acordar antes de que acabe el año para que pueda entrar en vigor a tiempo. Una discusión necesaria en vista de los múltiples puntos en disputa tanto entre los Estados como con el Parlamento Europeo, que quiere aumentarlo, pero que ha sido aplazada una y otra vez debido a las continuadas crisis, desde Ucrania a, ahora, Oriente Próximo. Los mandatarios dedicarán la mañana del viernes a esta cuestión. Siempre y cuando, claro está, no surja entre tanto una nueva crisis en este mundo cada vez más impredecible.
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