Irán mantiene su ofensiva para extender el caos en la economía global

Irán ha puesto en jaque a los mercados energéticos al encender el ventilador del caos, al tiempo que sigue respondiendo a las arremetidas de Israel y Estados Unidos a pesar de su palmaria inferioridad militar. Casi dos semanas después del inicio de la ofensiva militar de EE UU e Israel, el 28 de febrero, varios ataques atribuidos a Irán han alcanzado ya seis barcos en el golfo Pérsico; este mismo jueves, dos en el puerto iraquí de Basora y un buque portacontenedores en aguas de Emiratos Árabes Unidos. Esos tres barcos se suman a los tres cargueros atacados el miércoles. Esta escalada ha sucedido el mismo día en que se ha divulgado el primer mensaje del nuevo líder supremo iraní desde su designación el pasado domingo. Mojtaba Jameneí ha llamado a vengar a los “mártires” (las víctimas de la guerra) y asegurado que el cierre del estrecho de Ormuz debe continuar “como una herramienta para presionar al enemigo”.

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 El bloqueo del estrecho de Ormuz impacta en los mercados mientras Israel y Estados Unidos siguen lejos de los objetivos estratégicos que se habían marcado  

Irán ha puesto en jaque a los mercados energéticos al encender el ventilador del caos, al tiempo que sigue respondiendo a las arremetidas de Israel y Estados Unidos a pesar de su palmaria inferioridad militar. Parece alejarse así la posibilidad de un final próximo del conflicto, algo que el presidente estadounidense, Donald Trump, sugirió el miércoles al asegurar, en declaraciones al portal Axios, que la guerra podría terminar “pronto” porque no quedaba “casi nada que bombardear”.

Casi dos semanas después del inicio de la ofensiva militar de EE UU e Israel, el 28 de febrero, varios ataques atribuidos a Irán han alcanzado ya seis barcos en el Golfo Pérsico, tres de ellos este jueves: dos en el puerto iraquí de Basora y el tercero un buque portacontenedores en aguas de Emiratos Árabes Unidos. Esos tres barcos se suman a los tres cargueros atacados el miércoles. En el primer mensaje del nuevo líder supremo iraní, leído en la televisión estatal del país, Mojtaba Jameneí ha asegurado que el cierre del estrecho de Ormuz debe continuar “como una herramienta para presionar al enemigo”.

Esa estrategia de globalizar el caos y acompañar la guerra convencional con otra híbrida y comercial —interrumpiendo el tráfico por la vía por la que transita el 20% del petróleo mundial— está teniendo éxito de momento. Los nuevos ataques contra barcos han elevado de nuevo el coste del barril de crudo por encima de la barrera psicológica de los 100 dólares. Los primeros bombardeos habían forzado a Trump, la víspera, a liberar 172 millones de barriles de reservas de ese hidrocarburo, el mismo día que una treintena de países que forman parte de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) acordaron poner en los mercados unos 400 millones de barriles.

Por otro lado, el régimen iraní ha respondido a los bombardeos “a gran escala” anunciados por Israel —se han reportado explosiones en Teherán, Isfahán (centro), Saqqez (Kurdistán iraní) y otras localidades— con nuevos ataques en territorio israelí y contra países vecinos de Oriente Próximo. Teherán se ha coordinado además con su aliado libanés, el partido-milicia chií Hezbolá, para lanzar un ataque inédito con 200 proyectiles, según los medios israelíes, contra el norte de Israel.

Varios drones han alcanzado también un edificio y el aeropuerto internacional de Kuwait, un edificio en Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, así como tanques de combustible cerca de la capital de Baréin y Arabia Saudí. En las últimas 24 horas, la región autónoma del Kurdistán iraquí ha sido golpeada a su vez por 40 drones y misiles, según Rudaw, la principal televisión regional. Uno de esos proyectiles ha impactado en una base militar italiana en Erbil, en esa región iraquí, según ha informado el ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, que se ha mostrado convencido de que el ataque fue “deliberado”.

Unas 2.000 personas han muerto ya en esta guerra, según datos oficiales de los distintos países implicados. De ellas, más de 1.200 (muchas civiles) en Irán, seguido por Líbano, con más de 600 muertos en ataques israelíes. La Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) ha denunciado que, tras 13 días de conflicto, hay en Irán más de 3,2 millones de personas desplazadas internamente, un hecho que alimenta el temor de países vecinos como Turquía a una oleada masiva de refugiados.

La inestabilidad regional, el drama humano y la alteración de los mercados de la energía, así como la resistencia militar que está presentando el régimen iraní, desmienten la declaración de haber “ganado la guerra” que hizo Trump el miércoles en una especie de mitin de precampaña que dio en Kentucky, con los ojos puestos en las cruciales elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos que se celebrarán en noviembre.

“Aquellos que presionaron por esta guerra, en Jerusalén y Washington, están dándose cuenta de que se han metido en un lío importante”, recalca en un mensaje difundido en X Michael Young, analista del centro de estudios Middle East Carnegie Center.

Si los hechos en el terreno desmienten el triunfalismo de Trump, también lo hacen los servicios de inteligencia estadounidense, que creen que el régimen iraní no está cerca de tambalearse. A su juicio, ni el bombardeo que mató al líder supremo, Ali Jameneí, en el primer día de la guerra, ni las muertes de numerosos jerarcas del régimen ni los blancos militares alcanzados han empujado al abismo a la República Islámica.

Así lo indican una “multitud” de informes de inteligencia estadounidenses, citados este jueves por Reuters, que aseguran que la República islámica no corre el riesgo de colapsar y que “mantiene el control” sobre esa población a la que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha llamado a levantarse contra su sistema político.

Además de ese propósito de derrocar al régimen, que Donald Trump solo ha compartido a veces con Israel, Washington definió tres grandes objetivos para su campaña militar, pero lo hizo sin vaticinar, por ejemplo, que Teherán libraría una guerra económica cerrando el estrecho de Ormuz si el país era bombardeado, según ha publicado este jueves el diario The New York Times, que cita a asesores de Trump.

El primero de esos objetivos era desmantelar completamente el programa nuclear iraní que, por otra parte, el presidente de Estados Unidos había declarado ya “aniquilado” tras los 12 días de bombardeos de junio de 2025. Ello con la idea de impedir a Teherán desarrollar armas nucleares, un propósito que Teherán siempre ha negado.

El segundo objetivo era acabar con la capacidad misilística iraní; y el tercero, enterrar definitivamente la red de alianzas de la República Islámica con milicias regionales de Oriente Próximo —especialmente, Hezbolá en Líbano y los hutíes en Yemen—.

Ninguno de esos objetivos se ha alcanzado del todo por el momento.

Sobre el primero, Israel ha atacado este jueves las instalaciones nucleares de Taleqan, en el complejo de Parchin, a unos 30 kilómetros al sureste de Teherán, y puede que, al final de la guerra, esa y otras instalaciones nucleares queden muy dañadas. Sin embargo, 460 kilógramos de uranio altamente enriquecido (al 60%) que podrían servir para fabricar armas atómicas siguen en manos de Irán y, lo que es más importante, cientos de científicos iraníes dominan ya esa tecnología.

Daria Dolzikova, investigadora principal del programa de Política Nuclear y Proliferación del centro de estudios británico RUSI, señalaba en un informe el pasado verano: “La eliminación física de la infraestructura del programa nuclear, e incluso el asesinato de científicos iraníes, no será suficiente para destruir el conocimiento latente que existe en el país”.

Esta guerra podría, además, convencer a los líderes iraníes —si la República Islámica sobrevive— de que la única forma de restablecer la disuasión y evitar nuevos ataques de Israel y Estados Unidos es dotarse de armas atómicas.

Respecto a los misiles, los analistas creen que Estados Unidos y, sobre todo, Israel han degradado notablemente esa capacidad militar, pero no han acabado con ella. Irán sigue lanzando esos proyectiles, aunque en menor número, y también cientos de drones, como demuestran los ataques de esta noche.

Menos se ha alcanzado aún el propósito de enterrar definitivamente el llamado Eje de la Resistencia, la red de alianzas regionales de Irán. Esta nueva contienda parece haber incluso reactivado esa colaboración, antes en horas bajas. Los medios israelíes han informado de que Irán y Hezbolá han disparado durante la noche del miércoles 200 cohetes contra el norte de Israel, en una inédita operación conjunta. En una nueva manifestación de que el incendio regional provocado por esta guerra no hace sino extenderse, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, ha amenazado este jueves con la toma por la fuerza de territorio libanés si Hezbolá continúa atacando el norte de Israel.

En ese contexto, la República Islámica cuenta con una ventaja: sus objetivos son relativamente más modestos que los de Trump. Al régimen islámico “le basta con sobrevivir” para proclamar una victoria, apunta desde Qatar Luciano Zaccara, profesor de la Georgetown University en ese emirato. Trump e Israel, sin embargo, necesitan alcanzar los difíciles objetivos citados para salir triunfantes de esta guerra.

Ahora mismo, apuntaba también en X el exanalista para Irán de la inteligencia militar israelí Danny Citrinowizc, Israel y Estados Unidos solo tienen malas opciones ante sí: o acaban con la guerra y dejan tras ella “un régimen más radicalizado” en Irán, o apuestan por una “escalada” del conflicto que provocará a su vez una respuesta iraní aún más dura. Y eso sin la garantía de acabar con la República Islámica.

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