¿Se está cumpliendo el propósito sionista histórico de edificar un Gran Israel como potencia hegemónica, militar y territorial en Oriente Próximo? Atención a las batallas. Y a la historia.
Netanyahu ha convertido en doctrina consolidada de agresión violenta lo que un día fue misión defensiva
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado
Netanyahu ha convertido en doctrina consolidada de agresión violenta lo que un día fue misión defensiva


¿Se está cumpliendo el propósito sionista histórico de edificar un Gran Israel como potencia hegemónica, militar y territorial en Oriente Próximo? Atención a las batallas. Y a la historia.
La última versión de este plan, aunque más tacticista que de largo plazo, es el discurso de Benjamín Netanyahu en la ONU (27/9/2024), casi un año después del ataque terrorista de Hamás del 7/10/2023. En él, en dos mapas titulados The Blessing y The Curse,o sea, “La bendición” y “La maldición”, Bibi repartía la región. Entre la lista de benditos del corredor Egipto-India, incluía, claro, a Israel, pero también a Sudán y a Arabia Saudí. En el “arco del terrorismo” maldito metía a Irak, Irán, Yemen, Líbano y Siria.
La función del mapa era concretar el principal objetivo: “Cambiar el equilibrio de la región para los próximos años”, un “nuevo orden” a cristalizar gracias a que pueden “alcanzar y golpear cualquier punto de Oriente Próximo”. Lo que un día fue misión defensiva se convertía así en doctrina consolidada de agresión violenta.
No lo fue en el pensamiento del padre fundador del sionismo, Theodor Herzl, que postulaba la vía diplomática. Autor de El Estado judío (1896), lo delimitó como “la zona que abarca desde la ribera de Egipto [el Nilo] hasta el Éufrates [la mitad occidental de Irak] e incluye partes de Siria y de Líbano”.
No parecía agresivo: “Que se nos dé la soberanía sobre un pedazo de la superficie terrestre que satisfaga nuestras justas necesidades como pueblo. A todo lo demás ya proveeremos nosotros mismos”, aunque su vis expansiva se prefiguraba en el ancho mapa que ideó para aquel Estado soñado.
Varias corrientes de la ideología la endurecieron, en parte incentivadas por la escasa o nula amistad de los vecinos árabes. Una estrategia para Israel en los años ochenta, que ha sido el plan más completo del Gran Israel, lo escribió un periodista ultra, Oded Yinon. Se publicó en 1982 en la Revista para el judaísmo y el sionismo, y propició la inmediata invasión de Líbano.
Yinon propugnó sin cautelas la expansión de fronteras; usar la coartada de seguridad para ocupar zonas de países limítrofes; castigar toda resistencia con bombardeos y el exterminio de las ciudades. Y la fractura y división de los Estados vecinos, balcanizando la región. Un hito relevante sería años más tarde la partición política de Irak en tres, tras la invasión de 2003.
Su receta era de dureza extrema: “No poder tomar medidas hacia [o sea, contra] la población árabe en los nuevos territorios” es “el mayor error estratégico cometido por Israel la mañana siguiente de la guerra de los Seis Días”, de 1967. Y claro, postuló recuperar el Sinaí, o “la disolución del poder militar” de Egipto, Siria, Irak y la península arábiga, troceando sus estructuras en múltiples mini-Estados irrelevantes. Divide y vencerás.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Añadir usuarioContinuar leyendo aquí
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
Flecha
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
Feed MRSS-S Noticias
