Guatemala envía copia de semillas nativas a bodega en Noruega, resguardo clave para la seguridad alimentaria

Comunitario

Guatemala envía copia de semillas nativas a bodega en Noruega, resguardo clave para la seguridad alimentaria

Muestras de maíz, frijol, ayote, bledo y teocintle fueron enviadas a bodega en Noruega, conocida como el Arca de Noé de las semillas.

Más de 900 semillas de maíz, frijol, ayote, bledo y teocintle fueron enviadas a la Bóveda Global de Svalbard, donde permanecerán bajo resguardo para garantizar la seguridad alimentaria y preservar la biodiversidad. (Foto Prensa Libre: Cortesía FAO)


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Semillas de productos que forman parte de la dieta de los guatemaltecos fueron enviadas a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, para preservar la biodiversidad agrícola. Esto garantiza la seguridad alimentaria de las comunidades a largo plazo y permite tener una reserva de especies vegetales nativas frente a desastres naturales o efectos del cambio climático.

El Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícolas (ICTA) trasladó 950 muestras de maíz, frijol, ayote, bledo y teocintle, provenientes de agricultores y comunidades que buscan conservar las semillas que han sobrevivido generaciones.

La bodega es conocida como el Arca de Noé de las semillas, y almacena más de 1.3 millones de muestras provenientes de distintos lugares del mundo. De acuerdo con Delmy Castillo, curadora del banco de germoplasma del ICTA, Guatemala es el segundo país de Centroamérica que tiene una copia de seguridad de especies vegetales; el otro es Costa Rica.

Castillo indica que el instituto cuenta con un banco de germoplasma, donde se guarda una muestra de las semillas que están en los campos de los agricultores, y se colocan en cámaras frías que se mantienen entre 4 y 5 grados centígrados, con controles de humedad. Allí pueden conservarse entre 10 y 15 años, dependiendo de la especie.

Debido a que Guatemala es un país vulnerable a desastres naturales y propenso a sismos —que pueden afectar el suministro de energía que mantiene activas las cámaras—, se tomó la decisión de tener una copia de seguridad de las semillas en la bodega de Noruega, como parte de un plan de riesgo.

“Nosotros establecimos un contrato de depósitos, en donde el único propietario de las semillas es el depositante, y solo este puede reclamarlas”, comenta Castillo.

En la bóveda permanecerán durante 100 años. Sin embargo, Gabriela Tobar, gerente general del ICTA, menciona que pueden solicitarse en cualquier momento, como en caso de una guerra o un desastre natural, para garantizar la seguridad alimentaria de las siguientes generaciones del país.

Siria es un ejemplo de ello. En 2015, durante la guerra, su banco de germoplasma fue bombardeado, por lo que repatriaron las semillas que estaban en la bóveda, para luego sembrarlas y recuperar la biodiversidad vegetal de su país.

Pero un conflicto bélico no es la única razón para traer de vuelta las muestras a Guatemala. Tobar indica que la aparición de nuevas plagas, debido a la variabilidad climática, también representa un riesgo. Además, si se necesita generar variedades mejoradas de semillas, estas también pueden regresarse al país.

El trabajo de preservar la diversidad de las semillas comenzó en los años 2000, con el apoyo de los agricultores, a quienes preocupa la desaparición de algunas variedades de maíz, muchas resistentes a enfermedades, sequías e inundaciones. Además, las nuevas generaciones han relegado la práctica de la agricultura.

El equipo técnico del ICTA recolecta las mejores muestras, por el tema de integridad genética.

Técnicos del ICTA guardan las semillas en bolsas especiales antes de enviarlas a la bóveda en Noruega. (Foto Prensa Libre: Cortesía FAO)

Cinco cultivos

A la bodega de Noruega se enviaron 950 muestras de semillas guatemaltecas: 385 de maíz, 473 de frijol, 48 de ayote, 36 de bledo o amaranto, y 18 de teocintle —variedad de maíz silvestre—.

Castillo indica que tener estas semillas resguardadas representa para Guatemala soberanía alimentaria, al priorizar la producción local, sostenible y aceptada por los pueblos. Además, es un respaldo científico, porque a nivel genético estas semillas representan diversidad en los campos de los agricultores. También conocimiento, historia y la capacidad de alimentar a generaciones.

Estos cinco cultivos suelen encontrarse en los campos de los agricultores, lo que se conoce como sistema milpa, en donde la planta principal es el maíz, y alrededor crecen otras especies, como el frijol, el ayote y el bledo, entre otros.

“El banco de germoplasma no solo debe ser visto como conservación, porque si no, seríamos un museo de semillas. Hay que dar uso a este germoplasma, eso nos hace ser soberanos. Es decir, no depender de lo exterior, sino de lo nuestro para lograr producir alimentos”, agrega.

Las semillas fueron enviadas a Noruega con el apoyo del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que ven en este esfuerzo una forma de asegurar recursos para la seguridad alimentaria, la investigación científica, el desarrollo de nuevas variedades y la recuperación de especies ante crisis o desastres naturales.

“La conservación de los recursos fitogenéticos es clave para construir sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles. La participación de Guatemala en la Bóveda Global de Svalbard es un ejemplo del compromiso del país con la protección de su patrimonio genético y con los esfuerzos multilaterales para enfrentar los desafíos globales”, señala la FAO a través de un comunicado.

 Muestras de maíz, frijol, ayote, bledo y teocintle fueron enviadas a bodega en Noruega, conocida como el Arca de Noé de las semillas.  

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Guatemala envía copia de semillas nativas a bodega en Noruega, resguardo clave para la seguridad alimentaria

Muestras de maíz, frijol, ayote, bledo y teocintle fueron enviadas a bodega en Noruega, conocida como el Arca de Noé de las semillas.

Más de 900 semillas de maíz, frijol, ayote, bledo y teocintle fueron enviadas a la Bóveda Global de Svalbard, donde permanecerán bajo resguardo para garantizar la seguridad alimentaria y preservar la biodiversidad. (Foto Prensa Libre: Cortesía FAO)

Semillas de productos que forman parte de la dieta de los guatemaltecos fueron enviadas a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, para preservar la biodiversidad agrícola. Esto garantiza la seguridad alimentaria de las comunidades a largo plazo y permite tener una reserva de especies vegetales nativas frente a desastres naturales o efectos del cambio climático.

El Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícolas (ICTA) trasladó 950 muestras de maíz, frijol, ayote, bledo y teocintle, provenientes de agricultores y comunidades que buscan conservar las semillas que han sobrevivido generaciones.

La bodega es conocida como el Arca de Noé de las semillas, y almacena más de 1.3 millones de muestras provenientes de distintos lugares del mundo. De acuerdo con Delmy Castillo, curadora del banco de germoplasma del ICTA, Guatemala es el segundo país de Centroamérica que tiene una copia de seguridad de especies vegetales; el otro es Costa Rica.

Castillo indica que el instituto cuenta con un banco de germoplasma, donde se guarda una muestra de las semillas que están en los campos de los agricultores, y se colocan en cámaras frías que se mantienen entre 4 y 5 grados centígrados, con controles de humedad. Allí pueden conservarse entre 10 y 15 años, dependiendo de la especie.

Debido a que Guatemala es un país vulnerable a desastres naturales y propenso a sismos —que pueden afectar el suministro de energía que mantiene activas las cámaras—, se tomó la decisión de tener una copia de seguridad de las semillas en la bodega de Noruega, como parte de un plan de riesgo.

“Nosotros establecimos un contrato de depósitos, en donde el único propietario de las semillas es el depositante, y solo este puede reclamarlas”, comenta Castillo.

En la bóveda permanecerán durante 100 años. Sin embargo, Gabriela Tobar, gerente general del ICTA, menciona que pueden solicitarse en cualquier momento, como en caso de una guerra o un desastre natural, para garantizar la seguridad alimentaria de las siguientes generaciones del país.

Siria es un ejemplo de ello. En 2015, durante la guerra, su banco de germoplasma fue bombardeado, por lo que repatriaron las semillas que estaban en la bóveda, para luego sembrarlas y recuperar la biodiversidad vegetal de su país.

Pero un conflicto bélico no es la única razón para traer de vuelta las muestras a Guatemala. Tobar indica que la aparición de nuevas plagas, debido a la variabilidad climática, también representa un riesgo. Además, si se necesita generar variedades mejoradas de semillas, estas también pueden regresarse al país.

El trabajo de preservar la diversidad de las semillas comenzó en los años 2000, con el apoyo de los agricultores, a quienes preocupa la desaparición de algunas variedades de maíz, muchas resistentes a enfermedades, sequías e inundaciones. Además, las nuevas generaciones han relegado la práctica de la agricultura.

El equipo técnico del ICTA recolecta las mejores muestras, por el tema de integridad genética.

Técnicos del ICTA guardan las semillas en bolsas especiales antes de enviarlas a la bóveda en Noruega. (Foto Prensa Libre: Cortesía FAO)

Cinco cultivos

A la bodega de Noruega se enviaron 950 muestras de semillas guatemaltecas: 385 de maíz, 473 de frijol, 48 de ayote, 36 de bledo o amaranto, y 18 de teocintle —variedad de maíz silvestre—.

Castillo indica que tener estas semillas resguardadas representa para Guatemala soberanía alimentaria, al priorizar la producción local, sostenible y aceptada por los pueblos. Además, es un respaldo científico, porque a nivel genético estas semillas representan diversidad en los campos de los agricultores. También conocimiento, historia y la capacidad de alimentar a generaciones.

Estos cinco cultivos suelen encontrarse en los campos de los agricultores, lo que se conoce como sistema milpa, en donde la planta principal es el maíz, y alrededor crecen otras especies, como el frijol, el ayote y el bledo, entre otros.

“El banco de germoplasma no solo debe ser visto como conservación, porque si no, seríamos un museo de semillas. Hay que dar uso a este germoplasma, eso nos hace ser soberanos. Es decir, no depender de lo exterior, sino de lo nuestro para lograr producir alimentos”, agrega.

Las semillas fueron enviadas a Noruega con el apoyo del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que ven en este esfuerzo una forma de asegurar recursos para la seguridad alimentaria, la investigación científica, el desarrollo de nuevas variedades y la recuperación de especies ante crisis o desastres naturales.

“La conservación de los recursos fitogenéticos es clave para construir sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles. La participación de Guatemala en la Bóveda Global de Svalbard es un ejemplo del compromiso del país con la protección de su patrimonio genético y con los esfuerzos multilaterales para enfrentar los desafíos globales”, señala la FAO a través de un comunicado.

ESCRITO POR:

Ana Lucía Ola

Periodista de Prensa Libre especializada en temas comunitarios, con énfasis en Salud y Educación, con 17 años de experiencia. Reconocida con el Premio de Prensa Libre en categoría Reportaje, en 2019. Premio de la UPANA por Informar a la población guatemalteca sobre la realidad en nutrición y desnutrición en el país, en 2019. Diplomado El periodismo en la era digital como agente y líder de la transformación digital impartido por el Tecnológico de Monterrey.

 Prensa Libre | Guatemala

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