Recién nombrado enviado de Venezuela en Washington, Félix Plascencia, aterriza en el escenario diplomático más delicado para el chavismo en los últimos años. Excanciller, exviceministro y uno de los pocos cuadros técnicos del régimen de Nicolás Maduro, el diplomático de carrera asume la tarea de recomponer —o al menos administrar— una relación bilateral rota desde 2019 y hoy condicionada por una inédita tutela extranjera sobre el poder venezolano.
El primer representante diplomático venezolano en Estados Unidos en seis años es una figura muy cercana a los hermanos Rodríguez
Recién nombrado enviado de Venezuela en Washington, Félix Plascencia, aterriza en el escenario diplomático más delicado para el chavismo en los últimos años. Excanciller, exviceministro y uno de los pocos cuadros técnicos del régimen de Nicolás Maduro, el diplomático de carrera asume la tarea de recomponer —o al menos administrar— una relación bilateral rota desde 2019 y hoy condicionada por una inédita tutela extranjera sobre el poder venezolano.
Embajador saliente en el Reino Unido, Plascencia es un dirigente que alcanzó los altos mandos del poder político venezolano más por sus destrezas y conocimientos que por su fervor ideológico. Se trata de un diplomático de carrera que obtuvo sus credenciales en 1991, apoyándose en mecanismos institucionales que el chavismo fue vaciando tras su llegada al poder: un concurso público de oposición que ponderaba la preparación profesional.
Plasencia, graduado como licenciado en Estudios Internacionales en la Universidad Central de Venezuela ese mismo año, es cercano en lo personal y en lo político a la actual presidenta encargada, Delcy Rodríguez, alrededor de quien gravitan los pocos rostros de la tecnocracia oficialista. Ambos fueron compañeros de trabajo cuando se desempeñaban como funcionarios en la embajada venezolana en el Reino Unido, en la segunda mitad de los años noventa, durante el gobierno de Rafael Caldera, el último de la democracia. Plascencia posee además una maestría en Estudios Europeos por la Universidad de Lovaina, en Bélgica, y un posgrado en Estudios Diplomáticos por el New College de la Universidad de Oxford.

Presente en Washington, a partir de ahora, en calidad de “representante diplomático”, Félix Plascencia llega a Estados Unidos para cumplir una misión compleja: restablecer el canal de diálogo de la revolución bolivariana con la nación norteamericana, roto desde 2019, y canalizar los intereses —pero también las diferencias y exigencias— que hoy mantienen ambas naciones, particularmente tras la intervención militar que produjo el arresto de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en Caracas, hace apenas un mes.
Luego de ese episodio, el gobierno chavista enfrenta una lista de deberes impuestos que están siendo tutelados, contra su voluntad, por un gobierno extranjero. El papel de Plascencia consistirá en “trabajar por la vía diplomática” —como ha afirmado Delcy Rodríguez— aquello que no se dirimirá jamás con las armas.
Hijo de inmigrantes canarios, Félix Plascencia nació en Maracay, la quinta ciudad del país, en 1972. Llegó al alto gobierno de la mano de los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez. Uno de los primeros cargos que ejerció dentro de la revolución bolivariana fue el de secretario de Relaciones Internacionales de la Alcaldía de Caracas, en 2012. Para entonces, Jorge Rodríguez era el alcalde de la ciudad y su hermana Delcy, la directora de su despacho.
En 2014, ya con Nicolás Maduro en el poder y consolidado el ingreso de los hermanos Rodríguez en la cotidianidad del Palacio de Miraflores, Plascencia fue nombrado director de Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores. A partir de ahí, su carrera ascendió por distintos peldaños de la estructura de poder del gobierno revolucionario. En 2016 se desempeñó como viceministro para Asia, Medio Oriente y Oceanía. En 2018 fue nombrado viceministro para Asuntos Multilaterales.

Plascencia fue uno de los diplomáticos que recibió y atendió a la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, durante su primera visita al país en 2019. Ese mismo año, la oficina que ella dirigía publicó un informe que enjuició con dureza al gobierno de Maduro en materia de derechos humanos y gestión de la crisis social venezolana.
El 20 de enero del 2020, Felix Plascencia presenció el encuentro que sostuvieron el entonces ministro de Transporte español, José Luis Abalos, con la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez ―sancionada por la Unión Europea acusada de socavar la democracia en su país―, dentro de un avión en el aeropuerto de Barajas. Esta reunión, que se celebró con muy bajo perfil, se filtró a la prensa y desencadenó una larga polémica en España.
Nombrado embajador de Venezuela ante la República Popular China en 2019, Plascencia fue canciller del gobierno de Maduro en 2022; embajador en Colombia entre 2022 y 2023, y embajador en el Reino Unido en 2024. También asumió durante un tiempo la cartera de Turismo y Comercio Exterior. Fue secretario general de la Alianza para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el bloque subregional creado por el chavismo e integrado por Cuba, Nicaragua, Bolivia y varias islas del Caribe, como Haití y San Vicente. Plascencia formó parte del elenco político chavista que adelantó las sesiones de diálogo con la oposición venezolana, bajo la intermediación y los oficios del gobierno de Noruega, en 2019 y nuevamente en 2024.
En la política local es apreciado como un diplomático moderado, un perfil idóneo para atender entredichos políticos específicos o crisis diplomáticas de alta complejidad. Que sea moderado, sin embargo, no significa que no sea un revolucionario. Ha acompañado todas las decisiones de Maduro en este periodo, ha depurado las oficinas bajo su responsabilidad exigiendo compromiso ideológico, ha defendido al régimen chavista frente a las acusaciones internacionales y ha asumido responsabilidades que entrañan un elevado nivel de lealtad política.
Su moderación tiene más que ver con las formas que con el fondo. Posee la técnica diplomática y las suficientes horas internacionales de vuelo para encarar con modales aquello que otros funcionarios del régimen venezolano ejecutarían sin florituras y con golpes sobre la mesa.
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