EN LA JUGADA  | Un mundial diferente, con Francia como máximo favorito

Hugo Castillo Aragón El Mundial de 2026 ya no es una promesa lejana, es una realidad. Será el torneo más grande de la historia, el más ambicioso en números y… Hugo Castillo Aragón El Mundial de 2026 ya no es una promesa lejana, es una realidad. Será el torneo más grande de la historia, el más ambicioso en números y…  


Hay algo que si preocupa y es que los futbolistas llegan cada vez más exprimidos, víctimas de temporadas interminables, calendarios saturados y competiciones que no dan tregua. El Mundial de 2026 no premiará al equipo más brillante, sino al física y mentalmente sostenible.»


Hugo Castillo Aragón

El Mundial de 2026 ya no es una promesa lejana, es una realidad. Será el torneo más grande de la historia, el más ambicioso en números y el más complejo en ejecución.

Será sin duda el Mundial de Donald Trump porque ha tomado el deporte como suyo y hasta se atrevió a decir que es el verdadero fútbol, no el americano. Lo veremos omnipresente y seguramente criticado por hacer y decir.

Tres países anfitriones, 48 selecciones, estadios repartidos en miles de kilómetros y un calendario que pone a prueba no solo a los futbolistas, sino a la lógica misma del fútbol moderno. La Copa del Mundo entra en territorio desconocido como cuando en el Mundial de España 82 se aprobó jugar con 24 selecciones.

En 2026 el riesgo es la dispersión. Viajes interminables, cambios de horario y una narrativa fragmentada amenazan con diluir esa mística que convierte a la Copa del Mundo en algo más que un torneo. Son tres bastos territorios totalmente distindos en donde la pelota rodará.

Ya se disputó un Mundial en Estados Unidos y fue sin duda uno de los más exitosos con aquella inolvidable final entre Brasil e Italia que nos ofreció la imperdible imagen del fallo en la tanda definitiva de penaltis de Roberto Baggio y el título para los brasileños que ahora confían su destino a un entrenador italiano que salió por la puerta de atrás de Real Madrid.

Hay algo que si preocupa y es que los futbolistas llegan cada vez más exprimidos, víctimas de temporadas interminables, calendarios saturados y competiciones que no dan tregua. El Mundial de 2026 no premiará al equipo más brillante, sino al física y mentalmente sostenible.

En medio de ese escenario se menciona un nombre que hoy parece adelantarse a todos: Francia. No por moda ni por romanticismo, sino por una realidad contundente. Los galos llegan a este ciclo como el equipo mejor preparado para sobrevivir a un Mundial largo, exigente y despiadado y con la presencia del mejor jugador del mundo en la actualidad, Kylian Mbappé.

Tiene profundidad de plantilla, juventud mezclada con experiencia, potencia física y una naturalidad competitiva que se ha convertido en su sello.

Mientras otras selecciones dependen de generaciones doradas o de sistemas frágiles, Francia produce talento en serie. Puede perder piezas clave y seguir compitiendo al máximo nivel. Puede adaptarse a distintos contextos de partido y no se descompone ante la adversidad. En torneos cortos, esa capacidad de regenerarse es oro puro.

Francia entiende el fútbol actual como pocos: intensidad, transiciones rápidas, control emocional y una lectura monumental del juego. No necesita dominar siempre; sabe cuándo esperar, cuándo golpear y cuándo administrar ventajas. En un Mundial tan largo, esa inteligencia competitiva puede marcar la diferencia.

Eso no significa que el camino esté despejado. Brasil, Inglaterra, España, Portugal y probablemente Argentina, tienen argumentos para pelear por el trono. Pero todas arrastran interrogantes como la renovación, presión histórica, dependencia de figuras o falta de regularidad. Francia, en cambio, parece cómoda en el caos, un rasgo decisivo para un torneo que promete ser caótico por definición.

El Mundial de 2026 será un gran experimento. Un desafío logístico, deportivo y emocional. Puede redefinir el futuro de la Copa del Mundo o evidenciar los límites de su expansión. En ese contexto incierto, Francia no solo aparece como favorita, aparece como el modelo a seguir, el equipo mejor adaptado al fútbol que viene.

Quizá por eso asusta porque no depende del milagro. Depende de una estructura sólida, de talento bien gestionado y de una convicción silenciosa.

En un Mundial que exigirá sobrevivir más que brillar, Francia parece haber entendido el juego antes que nadie y para los nostálgicos, el Mundial ya no es lo mismo, cambió para convertirse en más show que juego. hugocastillo68@gmail.com


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