EN LA JUGADA | Cristiano Ronaldo, el héroe irrepetible

Hugo Castillo Aragón Hubo un tiempo en el que el fútbol discutía quién era el mejor. Hoy, simplemente, discute cuántos récords más puede romper Cristiano Ronaldo antes de irse. Y… Hugo Castillo Aragón Hubo un tiempo en el que el fútbol discutía quién era el mejor. Hoy, simplemente, discute cuántos récords más puede romper Cristiano Ronaldo antes de irse. Y…  


En una época en la que los futbolistas tienen cada día menos magia, Cristiano Ronaldo encaja perfectamente en la categoría de genio».


Hugo Castillo Aragón

Hubo un tiempo en el que el fútbol discutía quién era el mejor. Hoy, simplemente, discute cuántos récords más puede romper Cristiano Ronaldo antes de irse. Y esa ya es una diferencia histórica. Porque los héroes irrepetibles no se miden solo por lo que ganan, sino por lo que obligan a redefinir.

En una época en la que los futbolistas tienen cada día menos magia, Cristiano Ronaldo encaja perfectamente en la categoría de genio, sobre todo por su capacidad de reinventarse y por encarar todos los retos que se le han presentado, desde brillar con el Real Madrid que es lo máximo a lo que puede aspirar un jugador, hasta ir a la batalla de la Setie A italiana, pasando por la Liga Árabe que el mismo ha construido con sus propios goles.

Su paso por la Liga Premier inglésa con su amado Manchester United también fue de un genio y fue en donde el Real Madrid le puso el ojo para convertirse en lo que muchos creen el mejor jugador blanco de todos los tiempos.

Cristiano no ha sido un talento espontáneo ni un genio caótico, al contrario, está fabricado de voluntad. Tiene además una obsesión casi científica por mejorar, por competir, por empujar los límites del cuerpo humano en un deporte que rara vez perdona el paso del tiempo.

Mientras otros se apoyaron en la inspiración, él construyó su grandeza desde la disciplina y la repetición, desde la incomodidad diaria de no conformarse nunca por eso debe ser un caso de estudio como ejemplo para los niños que quieren destacar en el deporte.

Sus cualidades futbolísticas son conocidas, pero no por ello menos extraordinarias ya que la potencia física la convierte en ventaja técnica, el remate como lenguaje universal, el salto imposible, la lectura del área, el instinto asesino en las noches grandes. Cristiano fue extremo, fue delantero, fue nueve, fue goleador total y como lo dije anteriormente se reinventó para seguir mandando, algo que solo hacen los verdaderamente grandes.

Y ahora aparece el número que parecía reservado a la mitología: los 1000 goles. Una cifra que durante décadas perteneció al territorio de las leyendas infladas por el tiempo.

Sin embargo, con Cristiano ya no suena a exageración, sino a proyección matemática. Si el calendario y el cuerpo le respetan, 2026 podría ser el año en el que el fútbol tenga que aceptar lo impensable, que un jugador que alcanzó el millar de goles en la era moderna, con registros oficiales, bajo la lupa constante del análisis y la estadística y podrá sentarse a la par de los dos más grandes de todos los tiempos, Pelé y Maradona.

Pero incluso ese récord, monumental como es, no define del todo su legado. Cristiano deja algo más profundo al deporte mundial, una cultura de exigencia. Dejó la idea de que el talento sin trabajo es apenas una anécdota y de que la longevidad no es un milagro, sino una consecuencia.

El futuro inmediato de Cristiano ya no se mide en títulos colectivos ni en premios individuales. Se mide en influencia y en cómo su figura seguirá marcando a generaciones que no lo vieron debutar, pero sí lo vieron resistir, pero sobre todo competir. En cómo su nombre se convertirá en sinónimo de profesionalismo extremo, incluso cuando deje de jugar.

Cuando se retire, porque incluso los héroes irrepetibles se retiran, el fútbol no perderá solo a un goleador. Perderá a un estándar y a un espejo incómodo en el que muchos se mirarán y pocos querrán verse reflejados.

Cristiano Ronaldo no es solo uno de los mejores de la historia, también es el hombre que convenció al mundo de que los límites estaban mal colocados. Y eso, en cualquier deporte, es la forma más duradera de eternidad.

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