El podio de los favoritos para el Mundial 2026

En la Copa del Mundo 2026 que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, participarán 48 selecciones nacionales, pero solo una de ellas podrá levantar el trofeo tras ganar… En la Copa del Mundo 2026 que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, participarán 48 selecciones nacionales, pero solo una de ellas podrá levantar el trofeo tras ganar…  


En la Copa del Mundo 2026 que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, participarán 48 selecciones nacionales, pero solo una de ellas podrá levantar el trofeo tras ganar la gran final que se disputará el 19 de julio del próximo año en el Metlife Stadium de Nueva York-Nueva Jersey.  Aquí los nombre de los favoritos.


Carlos María Salvado

MADRID – El Mundial de 2026 se acerca con el ruido de un continente entero abriéndose para recibir al fútbol. Estados Unidos, México y Canadá serán la enorme geografía donde 48 selecciones intentarán ganar un torneo que llega en una era de transiciones: ídolos que se marchan, generaciones que llegan sin pedir permiso, y potencias que reconstruyen sus cimientos para no perder el paso frente a un juego más dinámico, más coral, más imprevisible que nunca.

En este nuevo orden, hay tres selecciones que hoy, a dos años del torneo, parecen caminar con un aire distinto, como si la historia les estuviera abriendo una ventana. España, Francia e Inglaterra ocupan ese primer balcón reservado para quienes tienen no solo talento, sino también estructura, presente y una narrativa ascendente. Detrás, en un segundo plano pero todavía con brillo propio, se asoman Argentina, Portugal, Brasil y Alemania, gigantes que aún pueden reclamar su lugar en la cumbre, aunque cargan preguntas de fondo.

Y en una tercera línea, discreta pero peligrosa, aparecen Uruguay, Países Bajos, Estados Unidos y Bélgica, equipos que podrían arruinar pronósticos en una noche desafortunada para cualquier favorito.

Este es el mapa, dibujado no solo por las casas de apuestas, sino por lo que se ve en la cancha, en el presente inmediato y en la evolución de sus jugadores.

España, Francia e Inglaterra, en ese orden, aparecen como las selecciones favoritas para llevarse la copa FIFA en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.
El podio de salida

España: la resurrección del juego que enamora: La Roja salió de su propio laberinto. Tras años de dudas, el fútbol español vuelve a caminar con elegancia, frescura y sentido. Lamine Yamal juega como si llevara veinte años en la élite; Nico Williams despliega vértigo y desparpajo; Pedri y Gavi, cuando la salud se los permite, reconstruyen la vieja sinfonía del toque con un ritmo más acelerado.
España ha recuperado algo que parecía extraviado: identidad con profundidad, posesión con filo, juventud con atrevimiento. Hoy es una selección que ya no solo controla el balón, sino también el relato. Cada partido es un ejercicio de autoridad y paciencia.
Por eso las casas de apuestas la miman; por eso la crítica internacional habla de su retorno a la élite. En 2026 llegará con cicatrices recientes, pero con la sensación de que esta vez el camino es el correcto.

Francia: la fábrica inagotable: Francia vive en una dimensión diferente. Ningún país produce talento al ritmo en que lo hace el fútbol francés. Es casi injusto: mientras otras selecciones buscan renovarse bloque a bloque, Francia puede armar dos equipos titulares capaces de competir por un título mundial.
Mbappé es el faro, pero este equipo ya no depende de él. Tchouaméni, Camavinga, Saliba, Zaire-Emery, Kolo Muani… la lista parece interminable. Da la sensación de que cada vez que Francia pierde una pieza, aparece un jugador aún mejor.
Aunque su rendimiento reciente ha sido irregular, el potencial del conjunto sigue siendo asombroso. Francia es la selección más temida porque nunca juega con el techo cerca. Siempre hay una versión superior esperando emerger.

Inglaterra: la generación que ya no quiere esperar: Inglaterra suele vivir entre esperanzas aplastantes y frustraciones inevitables. Pero esta vez la historia es distinta. La camada que lleva años tocando la puerta —Bellingham, Foden, Saka, Rice, Kane— ha madurado. Ya dejaron de ser promesas: hoy son protagonistas en los mejores clubes del mundo.
Inglaterra ha aprendido a competir en torneos largos: semifinalista en 2018, finalista de la Euro 2021, cuartofinalista del Mundial 2022. Falta el golpe en la mesa, sí, pero la sensación de que puede llegar está más viva que nunca.
Es una selección que juega con ritmo, que presiona con orden y que encuentra ocasiones desde múltiples canales. Para muchos analistas, el 2026 será el momento definitivo de esta generación.

Gigantes que aún respiran hondo

El segundo grupo de favoritos –cualquiera de ellos puede competir con los tres primeros– incluye al campeón del mundo y al país que más títulos ostenta:

Argentina: la campeona que debe reinventarse:  No hay presión mayor que defender un título mundial. Y Argentina lo hará mientras atraviesa una transformación profunda. El legado táctico y emocional de Scaloni sigue ahí, intacto: un equipo solidario, trabajado, competitivo hasta el último esfuerzo.
Pero el 2026 será seguramente su primera gran cita sin un Messi en total plenitud y eso modifica todo. La Albiceleste ha demostrado que puede ganar sin depender de él, pero adaptarse a una era distinta requerirá liderazgo, paciencia y un nuevo eje simbólico, aunque Messi estará presente y puede todavía ser decisivo.
El campeón siempre vuelve con respeto automático. Argentina llega como contendiente serio, con la confianza intacta y un grupo que entiende como pocos cómo se gana un Mundial.

Portugal: un Ferrari que aún busca el conductor perfecto: Portugal tiene una de las plantillas más espectaculares del mundo. Su problema es más de engranaje que de talento. Con Cristiano Ronaldo, Bernardo Silva, Bruno Fernandes, Leão, João Félix y Diogo Costa, es un equipo diseñado para dominar, acelerar y lastimar.

El reto es equilibrar la exuberancia ofensiva con solidez defensiva, un dilema que Roberto Martínez todavía está resolviendo. Pero cuando Portugal fluye, es una selección que puede aplastar a cualquier rival en ráfagas de diez minutos.

Si encuentra coherencia táctica, será uno de los aspirantes más serios.

Brasil: eterna potencia, identidad en reconstrucción: Brasil es una paradoja: tiene a algunos de los jugadores más decisivos del planeta —Raphinha, Vinícius, Rodrygo, Martinelli—, pero vive una crisis de confianza y de rumbo, aunque Carlo Ancelotti trata de devolver a  La Seleção su identidad de  maquinaria alegre que dominaba por automatismo.

Brasil sueña con poder recuperar sus viejas glorias con Carlo Ancelotti.

Sin embargo, sigue siendo Brasil: el país que convierte talento ofensivo en patrimonio nacional y que no necesita una gran eliminatoria para llegar al Mundial como candidato.

Si Brasil logra reencontrar su estructura y su carácter, volverá a competir arriba. Las apuestas lo siguen colocando entre los ocho que pueden levantar la copa.

 Alemania: el gigante que vuelve a despertar: Alemania se perdió en sí misma durante una década, pero la aparición de Musiala y Wirtz, más la renovación de su estructura táctica, ha devuelto esperanza.

Es un equipo todavía en evolución, pero con un ADN competitivo que suele explotar en los momentos adecuados. Alemania no necesita favoritismo: necesita funcionamiento. Y si lo encuentra, puede convertir desconfianza ajena en electricidad propia.

Los que pueden dar la sorpresa

Uruguay, Países Bajos, Estados Unidos y Bélgica: los silenciosos que pueden cambiar el guion y dejar en el camino a favoritos de talla superior.

Uruguay: fuerza y velocidad: La fuerza charrúa corre. Y presiona. Y muerde. Pero también juega con una brillantez inesperada gracias al impulso de Bielsa. Con Valverde como motor, Darwin como ariete incansable y Ugarte como pulmón, es un equipo que puede desfigurar cualquier partido.

Nadie quiere cruzarse con Uruguay en una llave de cuartos.

Países Bajos: por los viejos bríos de la naranja mecánica: Orden, disciplina, mecanismos claros y una defensa que rara vez se desploma. A veces le falta un goleador de élite, pero suele moverse bien en torneos que premian la solidez. Países Bajos siempre está más cerca de la sorpresa que del fracaso.

Estados Unidos: Anfitrión, atlético y ambicioso:  Su generación joven —moldada en Europa— le da una base competitiva inédita. No está listo para pelear el título, pero sí para eliminar a uno de los favoritos en una noche inspirada y jugar de local siempre inspira.

Bélgica con nueva generación: La vieja generación se fue, pero dejó cimientos. Con Doku como figura emergente, Bélgica todavía puede proponer problemas tácticos y físicos. Es un equipo que llega sin presiones, lo cual a veces resulta un arma letal.

Un Mundial sin dueño

La Copa del Mundo de 2026 será un torneo con hegemonías claras, pero sin un campeón evidente y con una mezcla fascinante de estilos, edades y propuestas tácticas. España, Francia e Inglaterra encabezan la carrera, sí, pero detrás vienen gigantes heridos, selecciones renacidas y equipos que ya demostraron que en los Mundiales nunca se puede descartar al que llega callado.

Hasta el día de la gran final, ningún país puede dar por seguro levantar la Copa del Mundo.

Será, en definitiva, un Mundial donde el talento abunda, las distancias se acortan y la narrativa del fútbol mundial parece abrirse hacia un desenlace imprevisible. Uno de esos torneos donde no solo se juega un título: se juega el futuro del juego.

 Deportes – Crónica

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