Burnham será este lunes el séptimo primer ministro del Reino Unido en la década del Brexit

Andy Burnham (Aintree, 56 años) llegará este lunes, en torno a las 12.40 (13.40 en horario peninsular español), a la histórica calle londinense de Downing Street, en cuyo número 10 están la residencia y oficinas de trabajo del primer ministro del Reino Unido. Antes habrá acudido, en un coche oficial enviado expresamente por el Palacio de Buckingham para transportarle, a reunirse con Carlos III, quien le habrá encargado la formación de un nuevo Gobierno de Su Majestad.

Seguir leyendo

 El exalcalde de Mánchester promete “el mayor cambio político en 40 años”  

Andy Burnham (Aintree, 56 años) llegará este lunes, en torno a las 12.40 (13.40 en horario peninsular español), a la histórica calle londinense de Downing Street, en cuyo número 10 están la residencia y oficinas de trabajo del primer ministro del Reino Unido. Antes habrá acudido, en un coche oficial enviado expresamente por el Palacio de Buckingham para transportarle, a reunirse con Carlos III, quien le habrá encargado la formación de un nuevo Gobierno de Su Majestad.

El rito se repite desde hace siglos. La diferencia está en la aceleración. Burnham será el séptimo jefe de Gobierno del país en un periodo de 10 años, desde que el Brexit lo cambió todo. El Partido Laborista decidió hace poco más de dos meses darse un autogolpe y aferrarse al popular exalcalde de Mánchester para intentar remontar unas encuestas que pronostican insistentemente el hundimiento de la izquierda británica y el avance de la ultraderecha de Nigel Farage.

Su equipo ha querido ya rebajar el exceso de expectativas creadas en torno a él, y ha anticipado que sus primeras palabras como jefe de Gobierno serán para dejar claro que el Reino Unido no vive un momento de triunfalismo, sino de honestidad y reflexión, y que su compromiso se centra en “dar a los ciudadanos británicos algo de espacio para respirar”.

Keir Starmer, el político que en julio de 2024 rescató al laborismo de la oposición después de 14 años de gobiernos conservadores y obtuvo una arrolladora mayoría parlamentaria, se despedirá de los ciudadanos ante las puertas de Downing Street a las 11.15, hora y media antes de la llegada de su sucesor, con quien no se cruzará.

Starmer repite estos días que deja el país mejor de lo que lo recibió. Sus correligionarios laboristas, sin embargo, han optado por deshacerse de él con un pragmatismo cruel, convencidos de que estaban abocados a perder el Gobierno si le permitían continuar al frente. Especialmente después de la humillante derrota de las elecciones municipales de Inglaterra del 7 de mayo.

Promesas y retos de Burnham

“Vamos a poner en marcha el mayor cambio político en este país de los últimos 40 años”, prometía Burnham a los suyos el pasado viernes, cuando fue proclamado oficialmente nuevo líder del Partido Laborista. El exalcalde de Mánchester localiza todos los males del Reino Unido en las políticas neoliberales impuestas en la década de los ochenta del siglo pasado por los gobiernos de Margaret Thatcher, “cuando el poder político se centralizó más y el poder económico se privatizó”.

Y esa enmienda a la totalidad, que culpa también indirectamente a los gobiernos laboristas que han estado al mando durante esos años, como los de Tony Blair, Gordon Brown o el propio Starmer, sirve para resaltar con claridad los objetivos que, según Burnham, guiarán su mandato: la devolución de competencias a los gobiernos locales y la necesidad de poner a los ciudadanos, y sobre todo al bolsillo de estos, en el centro de todas las decisiones.

“Se trata de dar a la gente normal mayor seguridad en sus empleos, mayor seguridad en sus hogares, la posibilidad de poder comprarse una vivienda y de vivir en un barrio o en una ciudad de la que se sientan orgullosos, y donde sus hijos tengan una oportunidad de futuro”, explicaba el domingo por la mañana en la BBC Lucy Powell, número dos del partido desde octubre de 2025 y una de las aliadas de Burnham que más ha trabajado en su campaña.

Todas esas son promesas genéricas, sin embargo, que cabalgan sobre un mensaje de esperanza tan apasionante para los laboristas y muchos de sus votantes como ambiguo para el resto. Burnham no ha sido muy prolijo en la información sobre sus futuros ministros o sobre sus primeras decisiones al frente del Gobierno, y eso ha provocado varios días seguidos de especulaciones en los medios. “Estoy terminando de perfilar esas decisiones y llegaré a una conclusión pronto, para anunciar los nombramientos este lunes”, decía Burnham en su primera comparecencia como líder laborista.

Solo está claro, hasta la fecha, que James Purnell, el hombre con quien compartió su despacho de diputados en la década de los noventa, durante su educación sentimental como político laborista, será a partir de este lunes su jefe de gabinete y hombre de confianza.

El puesto más importante, después del suyo propio, es el de la persona al frente del Ministerio de Economía (chancellor, en la jerga política británica), que en la práctica se convierte en el número dos del Gobierno. Son muchos los medios que estos días dan por hecho que la elegida será la actual ministra del Interior, Shabana Mahmood. Su nombre ha pillado por sorpresa a todos los que estaban convencidos de que el puesto lo ocuparía Ed Miliband. El histórico y popular político laborista, que llegó a ser el líder de la formación casi cinco años, entre 2010 y 2015, sigue siendo ministro de Seguridad Energética y Emisiones Netas Cero, pero ha sido fundamental a la hora de convencer a Starmer para que se retirara y en favorecer la llegada de Burnham.

Mahmood ha sido popular en el ala derecha del partido con su política de mano dura con la inmigración, pero se desconoce su visión o conocimientos económicos y su posible nombramiento ha inquietado a la comunidad empresarial británica. En compensación, esa misma comunidad respira aliviada al ver cómo Miliband queda descartado. Su férrea convicción de que la lucha contra el cambio climático debe ser una prioridad innegociable choca con el pragmatismo que Burnham quiere imponer en sus decisiones.

Energía y ayuda a la dependencia

Entre las decisiones que el nuevo primer ministro anunciará en las próximas semanas está la de flexibilizar la prohibición de extracción petrolífera en los yacimientos del mar del Norte. No habrá nuevas licencias, dice su equipo, pero sí fórmulas para ampliar la producción actual.

Burnham quiere abaratar a toda costa unas facturas energéticas que llevan años ahogando a los británicos, y más allá de abrir la mano en el mar del Norte, busca soluciones para reducir de inmediato esos costos.

El exalcalde de Mánchester defiende la nacionalización de los servicios públicos, como ya hizo con la red de transportes de su ciudad. De momento, tiene intención de colocar bajo un régimen especial de administración pública a Thames Water, la compañía de aguas que suministra a más de 16 millones de ciudadanos y está hoy en situación de quiebra. Junto a esa decisión estará la de rebajar notablemente e imponer un límite de precio en autobuses urbanos.

Junto a los golpes de efecto de los primeros días, otras medidas políticas comenzarán a ponerse sobre la mesa, aunque requerirán de tiempo prolongado para su ejecución. Burnham quiere revolucionar el sector de las ayudas sociales a la dependencia y a las personas mayores, que han sufrido un serio deterioro en la última década.

Y sobre todo, quiere impulsar la construcción de miles de viviendas sociales, para resolver un grave problema que el Reino Unido comparte con muchos otros países europeos.

Los primeros días de Gobierno pueden resultar fáciles. Basta con transmitir un estilo de hacer las cosas diferente al de Starmer, a quien se criticaba su frialdad y aparente falta de decisión. Burnham, por ejemplo, ya ha anunciado que anulará el proyecto actual de imponer carnés de identidad a los ciudadanos, una medida que perseguía un mayor control de la inmigración irregular pero que ha sido históricamente muy impopular en el Reino Unido, desde que ya intentara algo similar Tony Blair.

La verdadera prueba de fuego llegará cuando termine el verano, el entusiasmo por la novedad se haya desinflado, y el nuevo Gobierno deba ofrecer resultados a una ciudadanía que cada vez es más impaciente con sus decisiones políticas.

 Feed MRSS-S Noticias

Te puede interesar