El primer ministro británico, Andy Burnham, ha demostrado en su estreno parlamentario que no va a renunciar al optimismo del que ha hecho gala desde que llegó al cargo, hace seis semanas y tras unas primarias sin rival en el laborismo. Este martes, Burnham, quinto jefe de gobierno en cuatro años, ha prometido “hacer política de manera diferente”, priorizando “la resolución de problemas por encima de la anotación de puntos personales”. Pero concretamente, todas las incógnitas están por despejar ya que el responsable no ha anunciado medidas concretas más allá de su deseo de descentralizar la política británica y aumentar el control público de los servicios esenciales para los ciudadanos.
Con un tono optimista pero sin medidas concretas, el primer ministro prevé más poder para las regiones y un mayor control público de los servicios clave
El primer ministro británico, Andy Burnham, ha demostrado en su estreno parlamentario que no va a renunciar al optimismo del que ha hecho gala desde que llegó al cargo, hace seis semanas y tras unas primarias sin rival en el laborismo. Este martes, Burnham, quinto jefe de gobierno en cuatro años, ha prometido “hacer política de manera diferente”, priorizando “la resolución de problemas por encima de la anotación de puntos personales”. Pero concretamente, todas las incógnitas están por despejar ya que el responsable no ha anunciado medidas concretas más allá de su deseo de descentralizar la política británica y aumentar el control público de los servicios esenciales para los ciudadanos.
Tras un aterrizaje en el cargo relativamente suave, favorecido por el receso estival que Westminster había comenzado ya cuando fue nombrado por el rey, Burnham ha hecho frente por primera vez al tradicionalmente correoso debate parlamentario. El calendario fijado para la sucesión de Keir Starmer tras su dimisión en junio, forzada por presiones internas, brindó a Burnham un periodo de gracia. El primer ministro lo aprovechó para hacer varios anuncios con el fin de paliar el impacto del alza del coste de la vida en una ciudadanía asfixiada por los precios de los bienes y servicios esenciales y una inflación que no da tregua, por razones como el conflicto en Irán.
Durante el verano, Burnham emprendió también una gira por todo el país para capitalizar la luna de miel generada tras su llegada al poder. Las encuestas, que durante meses habían puesto al laborismo por detrás de la ultraderecha de Reform UK, la formación de Nigel Farage, comenzaron a reflejar el positivo ‘efecto Burnham’.
Este martes, el primer ministro ha admitido fallos que han provocado que el país “no esté donde querríamos que estuviese” y ha insistido en que “trabajando juntos” la próxima década pueda ser “mejor que la anterior”. Burnham ha ido más allá, al condenar la gestión de los últimos 40 años, incluyendo los periodos con el laborismo en el poder. “Desde los 80, este país ha adoptado una serie de giros equivocados. El poder político fue centralizado, el poder económico resultó privatizado y hubo desindustrialización y austeridad”, ha dicho, subrayando que todos estos males se vieron coronados por el “daño” del Brexit. “El cambio comienza con la honestidad. Si no somos sinceros sobre qué fue mal, no cambiaremos las cosas”, ha declarado.
Sus nueve años como alcalde del Gran Mánchester, lejos del epicentro del poder, le han dado, según ha dicho, “un diagnóstico claro de qué ha ido mal” y cómo reconducirlo: “Necesitamos un disyuntor, tras una década de turbulencias, negatividad y políticas divisorias”.
Junto a un reforzamiento del control público de servicios e infraestructuras esenciales como la energía o el agua, el primer ministro ha dicho que el Reino Unido puede “elevar las perspectivas de toda su gente y de todos sus lugares”. La líder de la oposición, Kemi Badenoch le ha recriminado el tiempo que ha tardado en comparecer ante la Cámara de los Comunes. La dirigente conservadora, que ha experimentado también una mejora en sus niveles de aprobación en las encuestas, ha comenzado el curso político con una profunda remodelación de su equipo, con el propósito de prepararlo para un potencial adelanto electoral.
Bunrham mantiene que agotará la legislatura, por lo que, en principio, faltan tres años para las generales. Su primera gran prueba de fuego serán los presupuestos que el Gobierno presentará a final de octubre, así como concreciones en materia de defensa o migración, todavía por aclarar, así como su primer encuentro con Donald Trump, que podría tener lugar este mes. El presidente de Estados Unidos ha elogiado que el primer ministro británico pueda estar dispuesto a permitir nuevas exploraciones de petróleo y gas en el mar del Norte, pero en su intervención de este martes, Burnham ha confirmado su intención de respetar los compromisos climáticos y ha avanzado que asistirá en noviembre a la conferencia del clima en Turquía, la COP-31.
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