
Comunitario
Bien hecho 2025: Tenis con Amor, la iniciativa de Luisa Sánchez que entregó cientos de zapatos a estudiantes de escasos recursos
Tenis con Amor nació como una ayuda escolar y se convirtió en un proyecto que transforma infancias.
La solidaridad ciudadana permitió que un proyecto local llegara hasta comunidades a más de 200 kilómetros de distancia. (Foto Prensa Libre: Annia Juárez)
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Son las 7 horas en el parque central de Antigua Guatemala. Luisa Ivón Sánchez Juárez llega apresurada a una de las bancas, con una sonrisa que no desaparece mientras habla de su iniciativa, Tenis con Amor.
“Nunca pensé que esto iba a llegar tan rápido”, reconoce la maestra de Educación Física, de 37 años, quien en abril de este año lanzó una campaña para conseguir zapatos deportivos para sus alumnos de la Escuela Oficial Rural Mixta José Ignacio Ortiz Vides, en la aldea El Hato, Antigua Guatemala, Sacatepéquez.
Lo que comenzó como un esfuerzo para calzar a 300 estudiantes se transformó en un movimiento que ya ha entregado casi 800 pares de zapatos en ocho meses.
Efecto viral
La primera campaña, en abril, superó todas las expectativas. En 15 días, Luisa recolectó cerca de 500 pares de tenis. El video que publicó en TikTok se viralizó, y personas desconocidas comenzaron a buscarla. Un hombre llegó en motocicleta hasta la puerta de la escuela con dos costales llenos de tenis. Una señora, cuyo negocio dejó de funcionar, le ofreció el inventario que le quedaba.
Después de la publicación de la primera nota en Prensa Libre, el impacto creció. “Muchas personas me dijeron: ‘Vi esto en la Prensa, ahora ya sé y quiero ayudar’”, relata Luisa. El movimiento no se detuvo.
En junio organizó una segunda jornada de recolección en el atrio de la iglesia de La Merced, en Antigua Guatemala. El templo le permitió instalar un punto de acopio desde las 8 horas cada domingo, cuando la afluencia de fieles es mayor. El gimnasio La Fábrica se convirtió en la sede permanente para recibir donaciones durante todo el año.

Más allá de la escuela
Lo que cambió desde abril es el alcance. “Ya no solamente abarcamos a los niños de la escuela”, explica la docente. Ahora, el proyecto atiende a menores fuera del sistema educativo, adolescentes de jornadas vespertinas y equipos de atletismo y futbol en comunidades de Antigua y Jocotenango.
El caso más reciente llevó a Sánchez hasta Pajapita, San Marcos, a más de 200 kilómetros de distancia. Un maestro de Educación Física vio el proyecto en redes sociales y pidió ayuda. Sus alumnos llegaban a clase con “huaraches y sandalias de plástico”, cuenta. Luisa y su equipo recolectaron 39 pares de zapatos y los enviaron junto con galletas e incaparina que otras personas donaron.
“Sorprendida”, así se define la maestra deportiva al ver cómo su iniciativa cruzó fronteras departamentales. “Yo sí soñaba con poder ayudar a más niños, pero nunca imaginé que llegara tan rápido”, cuenta.

Un equipo que crece
El proyecto ya no es solo suyo. Cuatro personas se sumaron al equipo inicial, integrado por Sánchez, su madre y una amiga. Ahora son siete. “Ellos han estado tratando de apoyarme desde el inicio”, relata. Cuando les extendió la invitación formal, le respondieron: “Eso estábamos esperando que nos dijera”.
Las donaciones llegan por WhatsApp, Facebook, Instagram y directamente a la escuela. Dos semanas antes de la entrevista, recibió una caja anónima en el gimnasio La Fábrica. La oenegé De Familia en Familia también se sumó con un donativo. La Universidad del Valle, campus sur, hizo lo mismo.
El equipo trabaja ahora en formalizar Tenis con Amor como una organización no lucrativa. “Necesitamos esa base legal”, explica la educadora. La razón es simple: muchas personas quieren donar dinero para refacciones o alimentos, pero es difícil generar confiabilidad sin una estructura formal. El proceso con las instituciones gubernamentales avanza, aunque con lentitud.

El movimiento que transforma
La visión se amplió. Ya no se trata solo de recolectar zapatos. “Queremos enseñarle a la población que, a través del movimiento, se puede transformar la vida”, afirma Sánchez, quien, además de maestra, es entrenadora personal, culturista, estudiante universitaria y ahora instructora de natación.
Su rutina diaria comienza a las 4 horas. Entrena en bicicleta o corriendo, prepara el desayuno para su hijo, de 14 años, imparte clases en la escuela, trabaja en el gimnasio y da clases de natación en la piscina municipal de Ciudad Vieja. “Es algo bien difícil”, admite sobre el manejo del tiempo.
“Ahora ya puedo correr más rápido”, le dicen los más pequeños. “Las niñas sienten que pueden jugar futbol como Ronaldinho en el recreo”, comparte entre risas.
El Consejo Nacional de Educación Física, Deporte y Recreación (Conader) distinguió la iniciativa por su impacto comunitario, un respaldo que la formadora planea aprovechar para ampliar el alcance en el 2026.
Para el próximo año, el equipo proyecta llevar a cabo dos campañas de recolección en lugar de una.
Lo que sí tiene claro es que la necesidad crece. Los niños que reciben zapatos hoy necesitarán otros en dos o tres meses. Y mientras haya menores que los necesiten, Tenis con Amor seguirá funcionando.
Tenis con Amor nació como una ayuda escolar y se convirtió en un proyecto que transforma infancias.
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Bien hecho 2025: Tenis con Amor, la iniciativa de Luisa Sánchez que entregó cientos de zapatos a estudiantes de escasos recursos
Tenis con Amor nació como una ayuda escolar y se convirtió en un proyecto que transforma infancias.
La solidaridad ciudadana permitió que un proyecto local llegara hasta comunidades a más de 200 kilómetros de distancia. (Foto Prensa Libre: Annia Juárez)
Son las 7 horas en el parque central de Antigua Guatemala. Luisa Ivón Sánchez Juárez llega apresurada a una de las bancas, con una sonrisa que no desaparece mientras habla de su iniciativa, Tenis con Amor.
“Nunca pensé que esto iba a llegar tan rápido”, reconoce la maestra de Educación Física, de 37 años, quien en abril de este año lanzó una campaña para conseguir zapatos deportivos para sus alumnos de la Escuela Oficial Rural Mixta José Ignacio Ortiz Vides, en la aldea El Hato, Antigua Guatemala, Sacatepéquez.
Lo que comenzó como un esfuerzo para calzar a 300 estudiantes se transformó en un movimiento que ya ha entregado casi 800 pares de zapatos en ocho meses.
Efecto viral
La primera campaña, en abril, superó todas las expectativas. En 15 días, Luisa recolectó cerca de 500 pares de tenis. El video que publicó en TikTok se viralizó, y personas desconocidas comenzaron a buscarla. Un hombre llegó en motocicleta hasta la puerta de la escuela con dos costales llenos de tenis. Una señora, cuyo negocio dejó de funcionar, le ofreció el inventario que le quedaba.
Después de la publicación de la primera nota en Prensa Libre, el impacto creció. “Muchas personas me dijeron: ‘Vi esto en la Prensa, ahora ya sé y quiero ayudar’”, relata Luisa. El movimiento no se detuvo.
En junio organizó una segunda jornada de recolección en el atrio de la iglesia de La Merced, en Antigua Guatemala. El templo le permitió instalar un punto de acopio desde las 8 horas cada domingo, cuando la afluencia de fieles es mayor. El gimnasio La Fábrica se convirtió en la sede permanente para recibir donaciones durante todo el año.

Más allá de la escuela
Lo que cambió desde abril es el alcance. “Ya no solamente abarcamos a los niños de la escuela”, explica la docente. Ahora, el proyecto atiende a menores fuera del sistema educativo, adolescentes de jornadas vespertinas y equipos de atletismo y futbol en comunidades de Antigua y Jocotenango.
El caso más reciente llevó a Sánchez hasta Pajapita, San Marcos, a más de 200 kilómetros de distancia. Un maestro de Educación Física vio el proyecto en redes sociales y pidió ayuda. Sus alumnos llegaban a clase con “huaraches y sandalias de plástico”, cuenta. Luisa y su equipo recolectaron 39 pares de zapatos y los enviaron junto con galletas e incaparina que otras personas donaron.
“Sorprendida”, así se define la maestra deportiva al ver cómo su iniciativa cruzó fronteras departamentales. “Yo sí soñaba con poder ayudar a más niños, pero nunca imaginé que llegara tan rápido”, cuenta.

Un equipo que crece
El proyecto ya no es solo suyo. Cuatro personas se sumaron al equipo inicial, integrado por Sánchez, su madre y una amiga. Ahora son siete. “Ellos han estado tratando de apoyarme desde el inicio”, relata. Cuando les extendió la invitación formal, le respondieron: “Eso estábamos esperando que nos dijera”.
Las donaciones llegan por WhatsApp, Facebook, Instagram y directamente a la escuela. Dos semanas antes de la entrevista, recibió una caja anónima en el gimnasio La Fábrica. La oenegé De Familia en Familia también se sumó con un donativo. La Universidad del Valle, campus sur, hizo lo mismo.
El equipo trabaja ahora en formalizar Tenis con Amor como una organización no lucrativa. “Necesitamos esa base legal”, explica la educadora. La razón es simple: muchas personas quieren donar dinero para refacciones o alimentos, pero es difícil generar confiabilidad sin una estructura formal. El proceso con las instituciones gubernamentales avanza, aunque con lentitud.

El movimiento que transforma
La visión se amplió. Ya no se trata solo de recolectar zapatos. “Queremos enseñarle a la población que, a través del movimiento, se puede transformar la vida”, afirma Sánchez, quien, además de maestra, es entrenadora personal, culturista, estudiante universitaria y ahora instructora de natación.
Su rutina diaria comienza a las 4 horas. Entrena en bicicleta o corriendo, prepara el desayuno para su hijo, de 14 años, imparte clases en la escuela, trabaja en el gimnasio y da clases de natación en la piscina municipal de Ciudad Vieja. “Es algo bien difícil”, admite sobre el manejo del tiempo.
“Ahora ya puedo correr más rápido”, le dicen los más pequeños. “Las niñas sienten que pueden jugar futbol como Ronaldinho en el recreo”, comparte entre risas.
El Consejo Nacional de Educación Física, Deporte y Recreación (Conader) distinguió la iniciativa por su impacto comunitario, un respaldo que la formadora planea aprovechar para ampliar el alcance en el 2026.
Para el próximo año, el equipo proyecta llevar a cabo dos campañas de recolección en lugar de una.
Lo que sí tiene claro es que la necesidad crece. Los niños que reciben zapatos hoy necesitarán otros en dos o tres meses. Y mientras haya menores que los necesiten, Tenis con Amor seguirá funcionando.
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