
El mundo se ha vuelto más hostil e impredecible, y Europa, que ha tomado nota, se está rearmando. Pero aún no está preparada. Es una de las advertencias que lanza André Denk, director ejecutivo de la Agencia Europea de Defensa (EDA, en sus siglas en inglés), convencido de que el continente debe actuar con más rapidez para cerrar “brechas de capacidad significativas”, reducir su dependencia de Estados Unidos y reforzar la industria militar para que sea capaz de producir “a la escala y con la calidad necesarias”.
El general sostiene que la UE tiene que ser capaz de hacer más por sí misma, aunque descarta la creación de un ejército europeo
El mundo se ha vuelto más hostil e impredecible, y Europa, que ha tomado nota, se está rearmando. Pero aún no está preparada. Es una de las advertencias que lanza André Denk, director ejecutivo de la Agencia Europea de Defensa (EDA, en sus siglas en inglés), convencido de que el continente debe actuar con más rapidez para cerrar “brechas de capacidad significativas”, reducir su dependencia de Estados Unidos y reforzar la industria militar para que sea capaz de producir “a la escala y con la calidad necesarias”.
El general Denk (Rotthalmünster, Alemania, 58 años) es el primer militar de alto rango que dirige la agencia, creada en 2004 para potenciar las capacidades militares conjuntas de los miembros de la UE. Hoy son 27 socios, cada uno con sus intereses nacionales y sus prioridades. “Como tener a 27 niños una tarde en casa decidiendo qué película de Netflix ver”, bromeaba el pasado jueves en un encuentro organizado por el CIDOB, el centro de estudios sobre relaciones internacionales con sede en Barcelona. Unos niños que, al final, se ponen de acuerdo, “aunque probablemente no elijan la mejor película”.
La agencia que dirige Denk, esa a la que alguna vez se había referido el exjefe de la diplomacia europea Josep Borrell como “la bella durmiente”, despertó de golpe con la invasión rusa de Ucrania en 2022. De no ser apenas necesaria en dos décadas ha pasado a doblar su personal en los últimos años. Europa, advierte el general, está gastando más, pero no necesariamente mejor.
“Hace falta más coordinación”, reconoce Denk en una entrevista con EL PAÍS el jueves pasado. La UE encara la mayor transformación de su política de seguridad en décadas. Con una guerra en su frontera oriental, incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos y debates reabiertos sobre el servicio militar, Denk insiste en que “Europa tiene que hacer más por sí misma”.
“La industria de defensa europea ha hecho esfuerzos significativos y ya ha mejorado para producir a la escala y con la calidad necesarias, pero aún no estamos ahí: queda mucho por hacer”, dice. La modernización no puede limitarse a “equipos tradicionales”, añade; Europa necesita “drones, sistemas antidrones, defensa aérea integrada, de última generación y con capacidad de evolución constante”.
El debate europeo sobre el retorno del servicio militar ha vuelto con fuerza por la guerra en Ucrania. Países como Alemania, que había acabado con él hace 15 años, ha vuelto a imponerlo en formato voluntario. “El Ejército tiene que ser atractivo como empleador”, remarca. En su país, “las cifras [de nuevos reclutas] están aumentando y eso es muy prometedor”, afirma sobre las medidas adoptadas por la Bundeswehr, las fuerzas armadas alemanas, que incluyen una mejora sustancial del sueldo, la formación gratuita y compromisos más cortos en el tiempo.
Pero, si no hay suficientes voluntarios para ese servicio militar, las cosas cambiarán: “El servicio obligatorio podría ser necesario de nuevo dependiendo de cómo evolucionen los acontecimientos a nuestro alrededor”, admite Denk.
Por la mañana, en el acto en el que también participó Borrell, presidente del CIDOB, el general Denk había hablado de su hija, de 17 años, que está a punto de ingresar en la escuela de oficiales de la Bundeswehr. “Quiere servir a su país, pero ese no es el caso de todos los jóvenes. Tenemos un problema de recursos humanos y una de las maneras de solucionarlo va a ser el servicio militar obligatorio”. Su predicción, al menos para Alemania, es que acabará imponiéndolo.
Un ejército europeo
En la discusión sobre la coordinación en materia de defensa, la idea resurge cada cierto tiempo, pero Denk, que estuvo desplegado en los Balcanes y Afganistán, es tajante: “Siendo realistas, no creo que en un futuro cercano vaya a haber un ejército europeo”.
El uso de la fuerza, recuerda, es una competencia nacional: “Las fuerzas armadas pertenecen a los Estados y ellos deciden”. Un ejército europeo en el que su empleo sea decidido en Bruselas “no es imaginable”. A su juicio, lo esencial es que los países dispongan de unidades “bien entrenadas y bien equipadas que sean capaces de actuar conjuntamente para disuadir a un potencial adversario y, si fuera necesario, defender el territorio europeo y a sus ciudadanos”.
El problema, subraya, es que todavía no lo están, y el límite teórico de 2030 —establecido en función de previsiones de servicios de inteligencia que creen que es alrededor de esa fecha cuando Rusia podría atacar a un miembro de la UE— está a la vuelta de la esquina. Si se pregunta a Denk qué pasaría si Europa tuviera que defenderse sola, reflexiona: “Para mí, la cuestión no es si con o sin la OTAN, porque la defensa colectiva se organiza dentro de la OTAN. La pregunta es si los Estados miembro de la UE —o los 23 miembros de la Unión que también lo son de la OTAN— son capaces de cumplir las obligaciones en materia de capacidades que se les han asignado. Y ahí seguimos viendo carencias significativas en algunas áreas“, lamenta.
La “buena noticia” es que “muchos Estados miembros están trabajando intensamente para cerrar esas brechas”. “Están invirtiendo cada vez más, y ese es exactamente el camino correcto”, en su opinión.
España, que ha sido amenazada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por su supuesta falta de compromiso, está colaborando, sostiene Denk. “El Gobierno español, y en particular la ministra [de Defensa, Margarita] Robles, es muy partidario, no solo de la agencia, sino también de los esfuerzos de la UE para reforzar nuestras capacidades militares. España es muy activa en este ámbito y eso se aprecia mucho”, apunta.
La defensa colectiva europea, por tanto, seguirá dependiendo de la OTAN, esa organización que Trump amenaza con abandonar. Preguntado directamente por la fiabilidad de Estados Unidos como socio, Denk piensa un segundo: “Bueno, si uno escucha lo que dice Donald Trump, entonces ya no suena como un socio fiable. Y eso significa que Europa tiene que hacer más por sí misma”.
Comprar en Europa
Si las fuerzas armadas europeas necesitan mayor autonomía, lo mismo ocurre con la industria europea de defensa, y Denk opina que la solución es “comprar en Europa”. “Si no, nunca seremos independientes”, subraya. Cada país decide dónde proveerse de armamento, pero el general recuerda qué es lo que necesita la industria: “Pedidos firmes y a largo plazo, fiables, sobre los que las empresas puedan ampliar su capacidad de producción”.
“Hay una dependencia significativa, no solo de Estados Unidos. También, como en el caso de las materias primas, de China”, explica el general, que no ofrece cifras de esa dependencia para evitar ser impreciso. La UE trabaja para identificar y reforzar los puntos débiles de la cadena de suministro, pero Denk advierte de que “llevará tiempo”.
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