Desde el Gobierno hablan de “alarmismo” innecesario, pero miles de ciudadanos no lo creen así y se están entrenando para poder actuar ante eventuales interferencias en las elecciones de medio mandato (midterms). Muchos de ellos han participado activamente para defender a los migrantes contra las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y ahora su objetivo es defender la democracia de posibles amenazas.
Miles de voluntarios participan en los entrenamientos para evitar la intimidación de los electores ante la ambigüedad de la postura del Gobierno sobre la presencia de los agentes federales en las urnas
Desde el Gobierno hablan de “alarmismo” innecesario, pero miles de ciudadanos no lo creen así y se están entrenando para poder actuar ante eventuales interferencias en las elecciones de medio mandato (midterms). Muchos de ellos han participado activamente para defender a los migrantes contra las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y ahora su objetivo es defender la democracia de posibles amenazas.
Una de ellas es que los agentes migratorios acudan a los centros de votación para hacer detenciones. Incluso si los arrestos no se producen, su sola presencia intimidará a otros votantes que optarán por no ejercer su derecho. Varias organizaciones civiles que los entrenaron para vigilar al ICE en las redadas han reciclado el entrenamiento para aplicarlo en las elecciones del 3 de noviembre.
“Nos preocupan diversas cuestiones. Una de ellas es la posible actividad del ICE; tal vez no directamente en el centro de votación, pero sí en sus alrededores. Asimismo, sabemos por denuncias de informantes que el DHS está buscando la manera de utilizar algún incidente concreto —o el caso de unas pocas personas que se hayan registrado incorrectamente— como pretexto para enviar agentes del ICE a los centros de votación”, explica Zach Mueller, estratega de la organización States at the Core (STAC).
“No sabemos si eso ocurrirá, pero existe una posibilidad real de que suceda, o bien que se intente interrogar a los trabajadores electorales el mismo día de la votación para sembrar miedo e intimidación”, agrega. Su organización surgió cuando Trump inició su segundo mandato. Desde entonces han entrenado a unas 55.000 personas para actuar ante las operaciones del ICE, según sus datos.
El miércoles pasado, Mueller daba claves a unas 150 personas que se conectaron por Zoom para recibir el entrenamiento de cómo afrontar las amenazas que pueden socavar la democracia en las midterms. Dos puntos destacaron de la charla de hora y media que compartió con otros colegas: se debe actuar en grupo, no individualmente, y es necesario conocer la legislación de cada sitio para no violar la ley.

“Sin interferir, mediante actividades no violentas y sin incurrir en conductas verbales o físicas agresivas, aun cuando lo que presencie pueda resultar verdaderamente espantoso. Si realiza esta labor de documentación en el exterior de los centros de votación, también debe cumplir normas adicionales sobre la distancia que debe mantener respecto al lugar de votación; por lo general, la norma establece una distancia de 100 pies (unos 30 metros)”, explicaba Jessica Acee, organizadora sénior de STAC. En algunos sitios, como en Tennessee, la distancia requerida es mayor.
La documentación sin interferir y la desescalada de la violencia, en el caso de que hubiera un altercado, son las máximas que guiaron la actividad de voluntarios contra las redadas del ICE y son las directrices que también rigen para las elecciones. Con algunas modificaciones, como el uso del silbato con el que los vecinos avisaban de la presencia de agentes. En los centros de votación podría asustar y ahuyentar a los electores.
Durante la sesión se explicó además cómo formar grupos de vecinos o amigos y qué rol debe ocupar cada uno. Algunos graban, otros lo comunican, otros lo difunden, otros son especialistas en pacificar situaciones violentas… También hay quienes deben conducir a los votantes hasta el lugar de votación y les aconsejan que no se bajen del coche y esperen a que terminen de votar para regresarlos a sus casas.
Son medidas de precaución en caso de que los agentes federales violen la legislación. Una ley federal que data de la Guerra Civil prohíbe el despliegue de “tropas u hombres armados” en lugares donde se celebran elecciones, “a menos que dicha fuerza sea necesaria para repeler a enemigos armados de Estados Unidos”.
Las declaraciones por parte de la Administración sobre la presencia de agentes en las urnas han sido ambiguas. En septiembre, el secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Markwayne Mullin, acusó a los demócratas de “sembrar el miedo” al expresar preocupación por la presencia de agentes del ICE en los centros de votación. Afirmó que los agentes no patrullarán ni vigilarán estos lugares de manera generalizada, aunque podrían acudir por motivos específicos, como efectuar un arresto si existe una orden judicial o para responder a una amenaza.
En una entrevista con la revista Time publicada el jueves, al ser consultado sobre si planeaba desplegar agentes del ICE en los centros de votación, Trump respondió: “No lo he pensado”.
“El DHS y el ICE han mentido repetidamente después de haber participado en actos de violencia mortal. Lo hemos visto a lo largo de este año, y por lo tanto, lamentablemente, creo que es responsabilidad de la gente pensar que el ICE podría aparecer” en las urnas, sostiene Mueller, aunque avisa que, además de la agencia migratoria, la intimidación puede provenir de otros actores, como la Guardia Nacional o el FBI.
Una de las diferencias entre el entrenamiento para vigilar las redadas del ICE y las elecciones es que en este caso las personas que se defienden son todas ciudadanas. Trump insiste en el discurso de que hay fraude electoral porque votan extranjeros que no son ciudadanos estadounidenses, pero lo cierto es que apenas existe.
Por el contrario, latinos, afroamericanos y asiáticos han padecido el acoso del ICE, siendo detenidos por su aspecto aun teniendo nacionalidad americana. Muchos han dejado de acudir a las iglesias, los hospitales, las escuelas y otros lugares denominados sensibles por temor a encontrarse con los agentes federales. Las organizaciones civiles temen que eso mismo ocurra en las elecciones.

“Seleccionamos ciertas ciudades y condados porque albergan comunidades muy dinámicas y poderosas de estadounidenses negros, latinos, asiáticos, inmigrantes y multilingües; consideramos que eran los lugares con mayor probabilidad de sentirse intimidados por este tipo de retórica, además de representar bloques electorales clave en las elecciones de mitad de mandato”, apunta Mary Corcoran, directora ejecutiva de Save American Movement (SAM).
Su organización desplegará los llamados grupos de confianza, formados por miembros del clero, veteranos, maestros y enfermeros, en los 20 distritos electorales clave en Georgia, Carolina del Norte, Michigan y Ohio, “para dar testimonio y brindar confianza y tranquilidad a la comunidad que acudirá a votar”. Esas comunidades son las que tradicionalmente votan a favor del Partido Demócrata.
Trump, que consiguió ganar las elecciones de 2024 gracias a un giro en el voto de los latinos, teme perder unas elecciones en las que se juega tanto. Los electores decidirán la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. La guerra en Irán, el alto coste de la vida y la agresividad de la política migratoria han hundido la popularidad del presidente y las encuestas vaticinan que el Partido Republicano perderá en menos de un mes el control del Congreso.
Corcoran fundó SAM cuando la Administración Trump lanzó masivas operaciones contra los migrantes en Los Ángeles el verano de 2025. SAM organizó grupos para que grabaran y documentaran las actividades de los agentes, registrando numerosos abusos y violaciones contra la población. Luego hicieron lo mismo en otras ciudades donde se produjeron las mayores redadas, como Chicago, Charlotte y Minneapolis. Para el 3 de noviembre la misión será la misma: documentar, grabando posibles intimidaciones y abusos por parte de las fuerzas del orden y otros actores que intenten intimidar a los votantes.
“Queríamos asegurarnos de hacer todo lo posible para ayudar a aquellos votantes elegibles que se sintieran intimidados, preocupados o temerosos de acudir a las urnas por los sucesos relacionados con el ICE en el último año y medio. Consideramos que podíamos aportar valor llevando nuestra Operación Libertad directamente a las urnas a través del programa Vote Safe (Vote Seguro), que es la iniciativa que estamos implementando para estos comicios”, explica Corcoran.
Para dar seguridad a los electores, los individuos de sus grupos de confianza serán fácilmente identificables portando pins visibles y otros carteles. Lo que pueda suceder es una incógnita, porque estas serán las primeras elecciones desde que Trump inició su agresiva campaña contra la inmigración. “El ICE como posible instrumento de intimidación a los votantes representa un nuevo factor desconocido que no existía anteriormente”, afirma Corcoran.
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