Las ramificaciones del doble cierre del estrecho de Ormuz son infinitas, pero dos sectores están encajando un golpe particularmente fuerte: el transporte y la alimentación. El primero, por su enorme dependencia del petróleo y sus derivados, sobre todo el diésel. El segundo, porque a la intensidad energética une la dependencia de los fertilizantes, que escasean. Máximo Torero (Lima, Perú, 1967), economista jefe de la agencia de Naciones Unidas para la alimentación, la FAO, niega que el mundo esté ―como empiezan a decir los más agoreros― ante una gran hambruna. Pero avisa por videollamada de que vienen curvas, y no menores, si el golfo Pérsico no vuelve pronto a su ser.
El economista jefe de la agencia de la ONU advierte de una peligrosa confluencia de fertilizantes escasos y caros y una alta probabilidad del fenómeno de El Niño
Las ramificaciones del doble cierre del estrecho de Ormuz son infinitas, pero dos sectores están encajando un golpe particularmente fuerte: el transporte y la alimentación. El primero, por su enorme dependencia del petróleo y sus derivados, sobre todo el diésel. El segundo, porque a la intensidad energética une la dependencia de los fertilizantes, que escasean. Máximo Torero (Lima, Perú, 1967), economista jefe de la agencia de Naciones Unidas para la alimentación, la FAO, niega que el mundo esté ―como empiezan a decir los más agoreros― ante una gran hambruna. Pero avisa por videollamada de que vienen curvas, y no menores, si el golfo Pérsico no vuelve pronto a su ser.
Pregunta. ¿De qué forma se está dejando ya sentir el cierre del estrecho de Ormuz en la alimentación global?
Respuesta. El precio de la energía ha subido con fuerza y el de la urea [un fertilizante clave] se ha disparado. Hay países que ya están plantando con menos insumos, y eso va a llevar a que baje su productividad. Está en riesgo la producción de fertilizantes, especialmente de fosfatos, por el sulfuro, y de urea, por el nitrógeno y el gas natural. Y también se está viendo afectada la producción de semillas, que es otro problema importante.
P. ¿Qué escenarios se abren a partir de ahora?
R. Si esto [el cierre de Ormuz] dura de 10 a 20 días más, las opciones de que ya tengamos un impacto serio son bastante grandes. Hay, además, una gran probabilidad de que El Niño [un patrón natural que hace que las temperaturas de la superficie del agua en las áreas tropicales del océano Pacífico aumenten, lo que acaba teniendo efectos en el clima global] sea bastante fuerte, lo que va a llevar a sequías e inundaciones en grandes países exportadores [de alimentos]. La situación podría ser bastante crítica.
P. El impacto, entonces, es sobre la producción futura de alimentos. No sobre la actual.
R. Exacto. Hoy día, en esta primera mitad del año, tenemos suficientes alimentos. Por eso aún no hemos visto un gran incremento en nuestro índice de precios. Pero eso va a ir cambiando: el maíz todavía está estable y el arroz sigue bajo, pero ya vemos cómo el trigo y la soja están empezando a subir.
P. ¿Cuándo se notará?
R. Hay un componente de incertidumbre muy grande, porque no hay ninguna claridad de cuándo se va a solucionar esto [el cierre del estrecho]. Y cuando hay mucha incertidumbre, la gente sube más los precios de materias primas. Además, el impacto sobre el producto final es aún mayor: una barra de pan tiene un 15% de trigo, el resto es energía y trabajo. Como ya estamos empezando a ver, el costo de los alimentos en el mercado y el supermercado va a subir.
P. ¿Cuánto más puede estar cerrado Ormuz sin que se llegue al escenario de crisis alimentaria?
R. El calendario agrícola, que no podemos cambiar, nos dice que 90 días es el máximo que podemos aguantar. Pero el nivel de intensidad va a depender de cuánto más dure.
P. ¿Qué ocurre si se sobrepasa ese plazo?
R. La situación sería más extrema. Mayo es un mes crítico, porque empieza el periodo en que muchos países empiezan a plantar. Por eso me gusta usar el lema de “the clock is ticking” [el tiempo se agota]. De hecho, incluso si Ormuz reabriese mañana, el mercado aún se demoraría entre cuatro o cinco meses en absorber ese shock por la pérdida de productividad acumulada [en los cultivos, por la menor disponibilidad de fertilizantes]. Se evitaría, eso sí, una crisis alimentaria. Si supera los 90 días, ahí sí estaríamos hablando de una potencial crisis alimentaria. La variable de El Niño no podemos controlarla, pero el cierre de Ormuz sí. Si se juntan ambas cosas, estaremos fuera de control.
P. Hay quien llega a hablar de hambruna. ¿Es exagerado?
R. Si el estrecho no se ha abierto a finales de mayo, no puedo decir que vaya a haber hambruna global, pero sí que es muy probable que tengamos serios problemas de acceso y de capacidad de compra de alimentos. El sector agroalimentario ha sido muy resiliente, pero no creo que tenga mucha más capacidad para seguir siéndolo.
P. ¿Qué países están ya en fase de siembra y verán afectada su próxima cosecha?
R. Bangladés, Pakistán, Sri Lanka, India, Kenia, Sudán, Brasil, Tailandia, Vietnam…
P. Son economías emergentes, pero esto también va a acabar pegando a los países ricos.
R. Hay gente que cree que es un problema de Asia, pero no es cierto. Va a pasar del este al oeste, del sur al norte… Está claro que los países de la OCDE [el club de los países ricos] tienen más margen fiscal para proteger a sus consumidores, mientras que en África, en gran parte de Asia y en América Latina no tienen tanta capacidad para controlar precios, subsidiar o quitar impuestos. Pero afectará a todos.
P. ¿Hace cuántos años que el mercado alimentario no estaba en una coyuntura tan complicada?
R. Dependiendo de la intensidad de El Niño, quizá tendríamos que remontarnos a los años setenta. No me gusta ser alarmista: hoy día tenemos suficientes alimentos, pero la situación se ve bastante crítica para la segunda mitad del año y para 2027. Aún no estamos en una situación de crisis alimentaria, pero nos encaminamos a una si Ormuz no reabre pronto. De ahí la urgencia.
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