Una prueba que me realicé sola me permitió, por fin, detectar el cáncer de cuello uterino

La organización ahora autoriza el uso de una prueba de auto-toma para detectar el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual que causa casi todos los casos de cáncer de cuello uterino,

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Una prueba que me realicé sola me permitió, por fin, detectar el cáncer de cuello uterino

La ACS autoriza ahora el uso de una prueba de auto-toma para detectar el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual que causa casi todos los casos de cáncer de cuello uterino.

Buena Vida

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La organización ahora autoriza el uso de una prueba de auto-toma para detectar el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual que causa casi todos los casos de cáncer de cuello uterino,

Durante la última década, ha habido cambios importantes en la forma y el momento en que las mujeres se someten a pruebas de detección de cáncer de cuello uterino. (Foto Prensa Libre: Freepik)


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Si usted tiene cuello uterino, es posible que haya sentido alivio —incluso alegría— cuando la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer (ACS, por sus siglas en inglés) anunció en diciembre la actualización de sus guías para la detección del cáncer de cuello uterino. Yo, al menos, así lo sentí.

La organización ahora autoriza el uso de una prueba de auto-toma para detectar el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual que causa casi todos los casos de cáncer de cuello uterino, como alternativa a la prueba tradicional realizada por personal de salud. Para algunas mujeres —entre ellas yo— este aval significa que, finalmente, podemos acceder a una prueba de detección que salva vidas.

Durante la última década, ha habido cambios importantes en la forma y el momento en que las mujeres se someten a pruebas de detección de cáncer de cuello uterino. Antes, el método más común era la citología vaginal o prueba de Papanicolaou, que implica la inserción de un espéculo para que el proveedor de salud recolecte células del cuello uterino, la parte inferior del útero que conecta con la vagina. En 2020, la ACS comenzó a recomendar que todas las mujeres con riesgo promedio inicien el tamizaje a los 25 años mediante una prueba de VPH realizada por personal clínico.

Para las pacientes, la experiencia era la misma tanto en la prueba de Papanicolaou como en la de VPH: debía recostarse boca arriba, colocar los pies en estribos, permitir la inserción del espéculo y la toma de la muestra. En mi caso, padezco vaginismo —una condición que provoca la contracción involuntaria de los músculos vaginales—, lo que hacía prácticamente imposible realizarme estos exámenes.

En 2024, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó las pruebas de VPH con auto-toma para su uso en centros de salud, lo que permitió que mujeres con riesgo promedio pudieran optar por un hisopado vaginal menos invasivo, realizado por ellas mismas, con un proveedor presente. En 2025, la FDA autorizó el primer dispositivo para uso en casa, una varilla desarrollada por Teal Health, que permite recolectar la muestra y enviarla por correo a un laboratorio, sin necesidad de acudir al médico. (Las mujeres con antecedentes de cáncer de cuello uterino o con alto riesgo podrían no ser candidatas a este tipo de prueba).

A los 26 años, ya estaba atrasada para mi primera prueba de detección, por lo que mi médica me recomendó intentar la auto-toma en el consultorio.

Cómo fue la prueba de VPH con auto-toma

Antes de que esta opción existiera, me recostaba en la camilla del consultorio ginecológico, colocaba las piernas en los estribos y me tensaba involuntariamente ante cualquier contacto. Tenía expectativas, pero también dudas, sobre si la prueba funcionaría para mí.

Los hisopos de auto-toma eran manejables y me daban control: yo misma podía sostenerlos e introducirlos. El mango era delgado, similar al de un aplicador de rímel, y el cepillo estaba hecho de cerdas plásticas flexibles y suaves. Lo más importante es que no necesitaba tocar directamente el cuello uterino. Era menos invasivo y no generaba la presión interna que solía provocar tensión en mi cuerpo. Introduje el hisopo unos cinco centímetros en la vagina, lo giré durante 30 segundos y luego se lo entregué a mi médica, quien lo colocó en un frasco con solución líquida.

—¿Eso es todo? —le pregunté cuando cerró el frasco—. ¿Es tan preciso como una prueba de Papanicolaou?

“Sí”, respondió. Quedé asombrada. Hubo una época en la que mi vaginismo me hacía imposible incluso usar un tampón. No podía creer que hubiera completado una prueba de VPH.

La muestra fue enviada a un laboratorio y recibí los resultados en menos de dos semanas. El resultado fue normal, sin rastros de VPH. Además, no necesitaría repetir la prueba sino hasta dentro de cinco años.

Amy Banulis, ginecóloga y directora médica asociada de Salud de la Mujer y Maternoinfantil en Kaiser Permanente, en Virginia, señaló que la mayoría de las mujeres podrá realizar la prueba de auto-toma sin dificultad, incluso aquellas con vaginismo.

“Para quienes aún experimenten incomodidad, existen técnicas de relajación que pueden ayudar”, explicó Banulis, entre ellas la relajación muscular progresiva, la respiración profunda o la visualización. Si estas estrategias no funcionan, el ginecólogo puede referir a la paciente a terapia física de piso pélvico.

Qué tan efectiva es frente a una prueba tradicional

La experiencia fue tan sencilla que llegué a pensar que algo podía estar mal. ¿Y si no introduje el hisopo lo suficiente? ¿Y si no lo giré el tiempo indicado? Parecía demasiado fácil. Sin embargo, muchas mujeres comparten esas dudas sin que exista motivo de preocupación, afirmó Jasmin Tiro, profesora de ciencias de la salud pública en la Universidad de Chicago.

“Es muy difícil hacerlo mal”, aseguró Tiro, quien indicó que la mayoría de las mujeres considera la prueba fácil y sin dolor.

No obstante, aclaró que la prueba de auto-toma no es exactamente igual a la citología ni a la prueba de VPH realizada por personal clínico. Mientras estas últimas analizan células del cuello uterino, la auto-toma recoge células vaginales. Las muestras cervicales permiten detectar tanto VPH como células anormales, mientras que las vaginales solo identifican la presencia del virus.

Por ello, la prueba de auto-toma puede ser solo una parte del proceso de detección. Alrededor del 10 % de las mujeres dará positivo a VPH, explicó Tiro. En esos casos, el siguiente paso podría ser una prueba o procedimiento que implique un examen pélvico para descartar lesiones precancerosas o cáncer. Ese seguimiento es clave para que el tamizaje sea efectivo.

Además, el VPH no siempre progresa a cáncer de cuello uterino. En adolescentes y mujeres jóvenes, el virus suele desaparecer por sí solo, razón por la cual no se recomienda el tamizaje antes de los 25 años. Dependiendo de la edad, el médico podría optar por repetir la prueba años después antes de indicar estudios adicionales.

Reflexión final: la detección debe ser más accesible

Agradezco contar con una prueba menos invasiva y dolorosa, pero me pregunto por qué tomó tanto tiempo llegar a este punto. ¿Cuántas mujeres habrían estado protegidas si su dolor y preocupaciones no se hubieran minimizado durante años? En el pasado, algunos médicos me dijeron que, por haber tenido relaciones sexuales, el espéculo no debía resultarme intimidante. Me acostumbré a que se cuestionara la validez de mi dolor. Me sentía desmoralizada por no poder realizar una prueba esencial para prevenir una enfermedad que causa unas 4 mil muertes al año en Estados Unidos.

También me pregunto qué se puede hacer para garantizar que esta nueva prueba sea accesible para todas las mujeres que la necesiten. Según Tiro, recopilar más testimonios de pacientes, elaborar guías centradas en las usuarias y continuar investigando sobre estas pruebas son pasos importantes en los que médicos e investigadores ya están trabajando.

En lo personal, la prueba de VPH con auto-toma me dio una sensación de control que rara vez había experimentado en un consultorio ginecológico. Mi esperanza es que esta alternativa permita a más mujeres tomar decisiones informadas sobre su salud. La detección del cáncer de cuello uterino es un servicio preventivo esencial. Si tiene dificultades para realizarse una citología, pregunte por la opción de auto-toma. No hay vergüenza: defender su salud es un acto de fortaleza.

 La ACS autoriza ahora el uso de una prueba de auto-toma para detectar el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual que causa casi todos los casos de cáncer de cuello uterino.  

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Una prueba que me realicé sola me permitió, por fin, detectar el cáncer de cuello uterino

La ACS autoriza ahora el uso de una prueba de auto-toma para detectar el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual que causa casi todos los casos de cáncer de cuello uterino.

Buena Vida

Por Kami Rieck Colaboración especial para The Washington Post

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La organización ahora autoriza el uso de una prueba de auto-toma para detectar el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual que causa casi todos los casos de cáncer de cuello uterino,

Durante la última década, ha habido cambios importantes en la forma y el momento en que las mujeres se someten a pruebas de detección de cáncer de cuello uterino. (Foto Prensa Libre: Freepik)

Si usted tiene cuello uterino, es posible que haya sentido alivio —incluso alegría— cuando la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer (ACS, por sus siglas en inglés) anunció en diciembre la actualización de sus guías para la detección del cáncer de cuello uterino. Yo, al menos, así lo sentí.

La organización ahora autoriza el uso de una prueba de auto-toma para detectar el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual que causa casi todos los casos de cáncer de cuello uterino, como alternativa a la prueba tradicional realizada por personal de salud. Para algunas mujeres —entre ellas yo— este aval significa que, finalmente, podemos acceder a una prueba de detección que salva vidas.

Durante la última década, ha habido cambios importantes en la forma y el momento en que las mujeres se someten a pruebas de detección de cáncer de cuello uterino. Antes, el método más común era la citología vaginal o prueba de Papanicolaou, que implica la inserción de un espéculo para que el proveedor de salud recolecte células del cuello uterino, la parte inferior del útero que conecta con la vagina. En 2020, la ACS comenzó a recomendar que todas las mujeres con riesgo promedio inicien el tamizaje a los 25 años mediante una prueba de VPH realizada por personal clínico.

Para las pacientes, la experiencia era la misma tanto en la prueba de Papanicolaou como en la de VPH: debía recostarse boca arriba, colocar los pies en estribos, permitir la inserción del espéculo y la toma de la muestra. En mi caso, padezco vaginismo —una condición que provoca la contracción involuntaria de los músculos vaginales—, lo que hacía prácticamente imposible realizarme estos exámenes.

En 2024, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó las pruebas de VPH con auto-toma para su uso en centros de salud, lo que permitió que mujeres con riesgo promedio pudieran optar por un hisopado vaginal menos invasivo, realizado por ellas mismas, con un proveedor presente. En 2025, la FDA autorizó el primer dispositivo para uso en casa, una varilla desarrollada por Teal Health, que permite recolectar la muestra y enviarla por correo a un laboratorio, sin necesidad de acudir al médico. (Las mujeres con antecedentes de cáncer de cuello uterino o con alto riesgo podrían no ser candidatas a este tipo de prueba).

A los 26 años, ya estaba atrasada para mi primera prueba de detección, por lo que mi médica me recomendó intentar la auto-toma en el consultorio.

Cómo fue la prueba de VPH con auto-toma

Antes de que esta opción existiera, me recostaba en la camilla del consultorio ginecológico, colocaba las piernas en los estribos y me tensaba involuntariamente ante cualquier contacto. Tenía expectativas, pero también dudas, sobre si la prueba funcionaría para mí.

Los hisopos de auto-toma eran manejables y me daban control: yo misma podía sostenerlos e introducirlos. El mango era delgado, similar al de un aplicador de rímel, y el cepillo estaba hecho de cerdas plásticas flexibles y suaves. Lo más importante es que no necesitaba tocar directamente el cuello uterino. Era menos invasivo y no generaba la presión interna que solía provocar tensión en mi cuerpo. Introduje el hisopo unos cinco centímetros en la vagina, lo giré durante 30 segundos y luego se lo entregué a mi médica, quien lo colocó en un frasco con solución líquida.

—¿Eso es todo? —le pregunté cuando cerró el frasco—. ¿Es tan preciso como una prueba de Papanicolaou?

“Sí”, respondió. Quedé asombrada. Hubo una época en la que mi vaginismo me hacía imposible incluso usar un tampón. No podía creer que hubiera completado una prueba de VPH.

La muestra fue enviada a un laboratorio y recibí los resultados en menos de dos semanas. El resultado fue normal, sin rastros de VPH. Además, no necesitaría repetir la prueba sino hasta dentro de cinco años.

Amy Banulis, ginecóloga y directora médica asociada de Salud de la Mujer y Maternoinfantil en Kaiser Permanente, en Virginia, señaló que la mayoría de las mujeres podrá realizar la prueba de auto-toma sin dificultad, incluso aquellas con vaginismo.

“Para quienes aún experimenten incomodidad, existen técnicas de relajación que pueden ayudar”, explicó Banulis, entre ellas la relajación muscular progresiva, la respiración profunda o la visualización. Si estas estrategias no funcionan, el ginecólogo puede referir a la paciente a terapia física de piso pélvico.

Qué tan efectiva es frente a una prueba tradicional

La experiencia fue tan sencilla que llegué a pensar que algo podía estar mal. ¿Y si no introduje el hisopo lo suficiente? ¿Y si no lo giré el tiempo indicado? Parecía demasiado fácil. Sin embargo, muchas mujeres comparten esas dudas sin que exista motivo de preocupación, afirmó Jasmin Tiro, profesora de ciencias de la salud pública en la Universidad de Chicago.

“Es muy difícil hacerlo mal”, aseguró Tiro, quien indicó que la mayoría de las mujeres considera la prueba fácil y sin dolor.

No obstante, aclaró que la prueba de auto-toma no es exactamente igual a la citología ni a la prueba de VPH realizada por personal clínico. Mientras estas últimas analizan células del cuello uterino, la auto-toma recoge células vaginales. Las muestras cervicales permiten detectar tanto VPH como células anormales, mientras que las vaginales solo identifican la presencia del virus.

Por ello, la prueba de auto-toma puede ser solo una parte del proceso de detección. Alrededor del 10 % de las mujeres dará positivo a VPH, explicó Tiro. En esos casos, el siguiente paso podría ser una prueba o procedimiento que implique un examen pélvico para descartar lesiones precancerosas o cáncer. Ese seguimiento es clave para que el tamizaje sea efectivo.

Además, el VPH no siempre progresa a cáncer de cuello uterino. En adolescentes y mujeres jóvenes, el virus suele desaparecer por sí solo, razón por la cual no se recomienda el tamizaje antes de los 25 años. Dependiendo de la edad, el médico podría optar por repetir la prueba años después antes de indicar estudios adicionales.

Reflexión final: la detección debe ser más accesible

Agradezco contar con una prueba menos invasiva y dolorosa, pero me pregunto por qué tomó tanto tiempo llegar a este punto. ¿Cuántas mujeres habrían estado protegidas si su dolor y preocupaciones no se hubieran minimizado durante años? En el pasado, algunos médicos me dijeron que, por haber tenido relaciones sexuales, el espéculo no debía resultarme intimidante. Me acostumbré a que se cuestionara la validez de mi dolor. Me sentía desmoralizada por no poder realizar una prueba esencial para prevenir una enfermedad que causa unas 4 mil muertes al año en Estados Unidos.

También me pregunto qué se puede hacer para garantizar que esta nueva prueba sea accesible para todas las mujeres que la necesiten. Según Tiro, recopilar más testimonios de pacientes, elaborar guías centradas en las usuarias y continuar investigando sobre estas pruebas son pasos importantes en los que médicos e investigadores ya están trabajando.

En lo personal, la prueba de VPH con auto-toma me dio una sensación de control que rara vez había experimentado en un consultorio ginecológico. Mi esperanza es que esta alternativa permita a más mujeres tomar decisiones informadas sobre su salud. La detección del cáncer de cuello uterino es un servicio preventivo esencial. Si tiene dificultades para realizarse una citología, pregunte por la opción de auto-toma. No hay vergüenza: defender su salud es un acto de fortaleza.

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