Exnegociador advierte que acuerdo con EE. UU. refleja la nueva realidad mundial y exige respuesta estratégica del país

El exnegociador Luis Pedro Cazali aconseja revisar con urgencia la política comercial de Guatemala ante presiones de EE. UU. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

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Exnegociador advierte que acuerdo con EE. UU. refleja la nueva realidad mundial y exige respuesta estratégica del país

El exnegociador de acuerdos comerciales Luis Pedro Cazali brindó una perspectiva sobre las nuevas reglas acordadas entre Guatemala y Estados Unidos, en la que destaca los resultados alcanzados este viernes 30 de enero de 2026.

El exnegociador Luis Pedro Cazali aconseja revisar con urgencia la política comercial de Guatemala ante presiones de EE. UU. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

El exnegociador Luis Pedro Cazali aconseja revisar con urgencia la política comercial de Guatemala ante presiones de EE. UU. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).


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El abogado Luis Pedro Cazali, asesor en comercio internacional y exnegociador por Guatemala, realizó un análisis de los resultados del acuerdo comercial suscrito con Estados Unidos, el cual refleja la nueva realidad mundial.

Cazali aconseja que Guatemala haga una revisión urgente de su política comercial, ante situaciones como las que se han presentado con EE. UU., específicamente con la actual administración de ese país.

¿Qué significa el nuevo acuerdo comercial entre Guatemala y Estados Unidos?

Debemos de considerar que el acuerdo se divide en dos: concesiones a Guatemala, que son únicamente de tipo arancelario, y a Estados Unidos, que comprenden una gran variedad de temas distintos a lo arancelario.

Tenemos la mala costumbre de enfocar estas negociaciones solamente en el tema arancelario. Esta clase de impuestos ya había sido dejada atrás como barrera al comercio, y el enfoque se cambió hacia otro tipo de limitaciones que menoscaban el intercambio.

Hasta que la administración del presidente Donald Trump infringió el DR-CAFTA (Tratado de Libre Comercio), eliminó el libre comercio del que ya gozábamos y que se había “pagado”; por eso, volvió a ser un tema de preocupación para los sectores nacionales.

Lo que se está logrando, en cierta medida, es volver a lo que ya teníamos, pero que la nueva realidad mundial nos hizo perder.

¿A qué se refiere sobre las concesiones?

Se está otorgando a Estados Unidos concesiones extremadamente valiosas.

Son eliminados requisitos regulatorios, hacemos equivalentes las normativas estadounidenses para ingreso a nuestro mercado, nos comprometemos a implementar barreras a terceros países si nuestro socio lo hace y conforme a criterios de él, renunciamos a la independencia fiscal en comercio electrónico y aceptamos que las condiciones puedan ser variadas y que los beneficios puedan ser retirados unilateralmente, entre otras dádivas.

Todo esto colocará a los productos y empresas estadounidenses en una situación totalmente privilegiada en el mercado.

Debemos reconocer que la situación es la que es, y que no daba la coyuntura para mucho más de lo alcanzado. Siendo positivos, es una oportunidad para revisar las regulaciones y hacer que el mercado sea más abierto, extendiendo estos privilegios a todos los países y productos que tengan condiciones similares.

Esto puede ser una vía de progreso para Guatemala.

Igualmente, hace que retomemos la necesidad de una nueva política comercial de manera urgente.

¿Cuál es su balance sobre el acuerdo?

Centrándonos en el aspecto comercial, el balance no es positivo. Llevo más de 25 años dedicado al tema y he participado en por lo menos 15 negociaciones con diferentes países o bloques, y nunca había visto un acuerdo tan desbalanceado.

Pero es la nueva realidad, donde hay una agenda de una economía mayor a la cual la menor debe plegarse. Esto no lo llamemos “acuerdo”, es un contrato de adhesión.

Lo que se está logrando, en cierta medida, es volver a lo que ya teníamos, pero que la nueva realidad mundial nos hizo perder.

Indudablemente, el beneficiado ha sido el sector textil, parte trascendental en nuestro sistema productivo. Ha recuperado casi en su totalidad la situación DR-CAFTA, lo que le permite sobrevivir y tratar de competir con superpotencias.

Aseguramos el mantenimiento, por el momento, de inversiones y cuantiosas fuentes de trabajo, así como la posible llegada de nuevas empresas del sector. Esto genera bienestar.

El resto de los sectores obtuvieron muy poco.

Muchos de ellos —café, aceite de palma y banano, por ejemplo— se encuentran dentro de los beneficiados. Sin embargo, debe recordarse que su eliminación de aranceles proviene de una decisión tomada por el presidente Trump en noviembre pasado y que se aplica a todo el mundo. En el caso de hortalizas y frutas, pesca, alimentos procesados y manufacturas, las concesiones específicas al país fueron extremadamente escasas.

Por otro lado, los beneficios regulatorios a Estados Unidos son enormes. Este pago fue muy grande para lo alcanzado. Insisto: hay que tomar en cuenta la coyuntura, los temas no comerciales que están en juego, para comprender la razón.

¿Qué viene para las relaciones comerciales con EE. UU.?

Del lado comercial, esto es lo que hay y no habrá más en corto plazo. Fuimos de los primeros en alcanzar esta etapa y no volverán con nosotros en mucho tiempo.

Han logrado una enorme proporción de lo que querían, por no decir todo, por lo que sus intereses están saciados y no tienen razón de nuevas discusiones. Nosotros —creo— sí deseásemos que hubiera nuevas etapas, para lograr eliminar los aranceles al resto de sectores y eliminar barreras que enfrentamos. Eso no sucederá pronto.

Lo que viene para Guatemala es replantearse su situación. Es aconsejable escuchar el discurso que pronunció en Davos la semana pasada el primer ministro Mark Carney, de Canadá. Puede enseñarnos hacia dónde ir.

 El exnegociador de acuerdos comerciales Luis Pedro Cazali brindó una perspectiva sobre las nuevas reglas acordadas entre Guatemala y Estados Unidos, en la que destaca los resultados alcanzados este viernes 30 de enero de 2026.  

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Exnegociador advierte que acuerdo con EE. UU. refleja la nueva realidad mundial y exige respuesta estratégica del país

El exnegociador de acuerdos comerciales Luis Pedro Cazali brindó una perspectiva sobre las nuevas reglas acordadas entre Guatemala y Estados Unidos, en la que destaca los resultados alcanzados este viernes 30 de enero de 2026.

El exnegociador Luis Pedro Cazali aconseja revisar con urgencia la política comercial de Guatemala ante presiones de EE. UU. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

El exnegociador Luis Pedro Cazali aconseja revisar con urgencia la política comercial de Guatemala ante presiones de EE. UU. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).

El abogado Luis Pedro Cazali, asesor en comercio internacional y exnegociador por Guatemala, realizó un análisis de los resultados del acuerdo comercial suscrito con Estados Unidos, el cual refleja la nueva realidad mundial.

Cazali aconseja que Guatemala haga una revisión urgente de su política comercial, ante situaciones como las que se han presentado con EE. UU., específicamente con la actual administración de ese país.

¿Qué significa el nuevo acuerdo comercial entre Guatemala y Estados Unidos?

Debemos de considerar que el acuerdo se divide en dos: concesiones a Guatemala, que son únicamente de tipo arancelario, y a Estados Unidos, que comprenden una gran variedad de temas distintos a lo arancelario.

Tenemos la mala costumbre de enfocar estas negociaciones solamente en el tema arancelario. Esta clase de impuestos ya había sido dejada atrás como barrera al comercio, y el enfoque se cambió hacia otro tipo de limitaciones que menoscaban el intercambio.

Hasta que la administración del presidente Donald Trump infringió el DR-CAFTA (Tratado de Libre Comercio), eliminó el libre comercio del que ya gozábamos y que se había “pagado”; por eso, volvió a ser un tema de preocupación para los sectores nacionales.

Lo que se está logrando, en cierta medida, es volver a lo que ya teníamos, pero que la nueva realidad mundial nos hizo perder.

¿A qué se refiere sobre las concesiones?

Se está otorgando a Estados Unidos concesiones extremadamente valiosas.

Son eliminados requisitos regulatorios, hacemos equivalentes las normativas estadounidenses para ingreso a nuestro mercado, nos comprometemos a implementar barreras a terceros países si nuestro socio lo hace y conforme a criterios de él, renunciamos a la independencia fiscal en comercio electrónico y aceptamos que las condiciones puedan ser variadas y que los beneficios puedan ser retirados unilateralmente, entre otras dádivas.

Todo esto colocará a los productos y empresas estadounidenses en una situación totalmente privilegiada en el mercado.

Debemos reconocer que la situación es la que es, y que no daba la coyuntura para mucho más de lo alcanzado. Siendo positivos, es una oportunidad para revisar las regulaciones y hacer que el mercado sea más abierto, extendiendo estos privilegios a todos los países y productos que tengan condiciones similares.

Esto puede ser una vía de progreso para Guatemala.

Igualmente, hace que retomemos la necesidad de una nueva política comercial de manera urgente.

¿Cuál es su balance sobre el acuerdo?

Centrándonos en el aspecto comercial, el balance no es positivo. Llevo más de 25 años dedicado al tema y he participado en por lo menos 15 negociaciones con diferentes países o bloques, y nunca había visto un acuerdo tan desbalanceado.

Pero es la nueva realidad, donde hay una agenda de una economía mayor a la cual la menor debe plegarse. Esto no lo llamemos “acuerdo”, es un contrato de adhesión.

Lo que se está logrando, en cierta medida, es volver a lo que ya teníamos, pero que la nueva realidad mundial nos hizo perder.

Indudablemente, el beneficiado ha sido el sector textil, parte trascendental en nuestro sistema productivo. Ha recuperado casi en su totalidad la situación DR-CAFTA, lo que le permite sobrevivir y tratar de competir con superpotencias.

Aseguramos el mantenimiento, por el momento, de inversiones y cuantiosas fuentes de trabajo, así como la posible llegada de nuevas empresas del sector. Esto genera bienestar.

El resto de los sectores obtuvieron muy poco.

Muchos de ellos —café, aceite de palma y banano, por ejemplo— se encuentran dentro de los beneficiados. Sin embargo, debe recordarse que su eliminación de aranceles proviene de una decisión tomada por el presidente Trump en noviembre pasado y que se aplica a todo el mundo. En el caso de hortalizas y frutas, pesca, alimentos procesados y manufacturas, las concesiones específicas al país fueron extremadamente escasas.

Por otro lado, los beneficios regulatorios a Estados Unidos son enormes. Este pago fue muy grande para lo alcanzado. Insisto: hay que tomar en cuenta la coyuntura, los temas no comerciales que están en juego, para comprender la razón.

¿Qué viene para las relaciones comerciales con EE. UU.?

Del lado comercial, esto es lo que hay y no habrá más en corto plazo. Fuimos de los primeros en alcanzar esta etapa y no volverán con nosotros en mucho tiempo.

Han logrado una enorme proporción de lo que querían, por no decir todo, por lo que sus intereses están saciados y no tienen razón de nuevas discusiones. Nosotros —creo— sí deseásemos que hubiera nuevas etapas, para lograr eliminar los aranceles al resto de sectores y eliminar barreras que enfrentamos. Eso no sucederá pronto.

Lo que viene para Guatemala es replantearse su situación. Es aconsejable escuchar el discurso que pronunció en Davos la semana pasada el primer ministro Mark Carney, de Canadá. Puede enseñarnos hacia dónde ir.

ESCRITO POR:

Urias Gamarro

Periodista especializado en macroeconomía, finanzas públicas e infraestructura, con 20 años de experiencia en medios radiales, impresos y digitales.

 Prensa Libre | Economía

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